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Mientras interese a Alemania habrá euro

Foto G3ONLINE

A estas alturas no creo que nadie ponga en duda que Alemania es la potencia hegemónica en Europa Occidental con serias aspiraciones a influir también en la parte Oriental del continente. A partir de ese reconocimiento será más fácil analizar lo que viene sucediendo en la política europea con la idea de prever qué puede ocurrir en el medio plazo, porque parece claro que en Europa se vive un tiempo convulso en lo político y social, que alimenta las dudas sobre la capacidad de las instituciones comunitarias para ordenarlo. De ahí que resulte inexcusable referirse a Alemania, que es el guardián y sostenedor principal de dichas instituciones, para tratar de averiguar cuánto interés tiene en su sostenimiento. Por el momento, no creo que haya motivos para pensar que Alemania vaya a adoptar resoluciones drásticas, más bien irá templando gaitas con los problemas que vayan planteando algunos miembros de la Unión Monetaria, como es el caso de Grecia, decididos a revisar determinadas políticas practicadas hasta la fecha. Ahora bien, si se siguieran sumando socios díscolos con tales políticas, especialmente España y Francia, el asunto pasaría a mayores. En año y medio se sabrá. 

Alemania es mucho más que un primus inter pares

La llegada de Syriza al gobierno de Grecia representa sin duda un contratiempo para el proyecto imperante en eurolandia, pero debemos suponer que los responsables del mismo esperarían algo así y se aplicarán a minimizar los daños. En este sentido, Alemania, que no es un primus inter pares en la Unión Monetaria, sino que es, junto con sus satélites Austria y el Benelux, la encarnación del verdadero poder, irá dictando las pautas para el tiempo nuevo en materias que forman parte del núcleo de los problemas actuales en los países del sur. Lógicamente ello supondrá entrar a valorar dos cuestiones desatendidas durante la crisis financiera, deuda y reconstrucción económica, que no se pueden seguir aplazando indefinidamente, so pena que se busque adrede una coartada para desmantelar la construcción monetaria, demostrando que ésta ha dejado de ser rentable para su arquitecto principal. Para ser precisos, no habrá que hacer demasiado caso de los mensajes rutinarios que provengan de la tecnoestructura de Bruselas o Frankfurt y sí en cambio vigilar atentamente lo que se piense en Berlín que, a la vez, estará condicionado por su opinión pública y los intereses del conglomerado industrial y financiero germano.

En los últimos ciento cincuenta años de la historia europea Alemania ha disputado la hegemonía con Francia, a la que ha vencido militarmente en tres ocasiones y que hoy parece domeñada, mañana no sabemos

Lo que se está jugando en el continente es la estabilidad del mismo bajo la batuta de la potencia hegemónica. Es la geopolítica, demasiado olvidada estos años, que ahora reaparece para recordarnos lo que nunca se debió olvidar. En los últimos ciento cincuenta años de la historia europea Alemania ha disputado la hegemonía con Francia, a la que ha vencido militarmente en tres ocasiones y que hoy parece domeñada, mañana no sabemos; también con Inglaterra, que ahora está en posición de observador distante y vigilante, y, en otro grado, con Rusia a la que Berlín no desea incomodar por los errores cometidos en Ucrania con motivo de su intento de asociación a la UE. Con esos antecedentes y con los inquietantes resultados de las políticas ejecutadas después de Maastricht, el mosaico continental está asistiendo al reverdecer de movimientos, nacionalistas para unos o populistas para otros, que se creían desaparecidos de la política europea.

Esos movimientos, tachados de heterodoxos, son simples consecuencias del mal gobierno o de la mala administración. En cualquier caso, resultan evidencias inocultables que mueven a preguntarse por los responsables de ello que, a mi juicio, son esencialmente los partidos tradicionales que han prestado su concurso, sin la menor crítica, a unas políticas poco realistas y claramente descompensadas en favor de lo meramente financiero. Por supuesto que hay que cumplir los compromisos, como recuerdan los miembros del Eurogrupo y del FMI. Están en su papel al recordarlo, pero conviene recordar otra cláusula que también forma parte de la tradición contractual, la de rebus sic stantibus que, con toda legitimidad, puede ser esgrimida por las víctimas de la devastación sobrevenida en determinados países. De todas maneras, las primeras declaraciones oficiales sobre Grecia responden a lo esperado antes de entrar en una negociación que probablemente alumbrará fórmulas de ingeniería financiera para eludir el tabú de la quita y obtener el acuerdo de las partes implicadas. Esas ingenierías ya fueron eficaces para crear el euro y deberán serlo para mantenerlo vigente.

Lo sucedido en Grecia debería aprehenderse no para lamentarse o criticar al pueblo griego, sino para calibrar el alcance del descontento y ver la manera de ordenarlo o encauzarlo en bien del proyecto común

Después de Grecia, hacer de la necesidad virtud

Las semillas del mal han sido sembradas abundantemente durante años y ahora empiezan a sorprender los primeros frutos de ellas. Pues bien, no hay mal que por bien no venga y lo sucedido en Grecia debería aprehenderse no para lamentarse o criticar al pueblo griego, sino para calibrar el alcance del descontento y ver la manera de ordenarlo o encauzarlo en bien del proyecto común, si es que en verdad éste existe. Una vez pasados los primeros momentos de la sorpresa, tendremos ocasión de constatar hasta dónde llega el interés de Alemania y cómo va a jugar sus cartas de dueña y señora para intentar salvar la cara en la renegociación griega y anticiparse a lo que venga detrás procedente de España o Francia, porque es indudable que llegará, vista la imposibilidad de superar los daños con el mantenimiento las políticas actuales.

La rapidez en la formación del nuevo gobierno griego, en contraste con lo que ocurre aquí donde se suelen tomar casi dos meses para hacerlo, indica la existencia de un guion, probablemente esbozado con los responsables de la Unión Monetaria desde mayo a ahora, que servirá de base para una negociación de mucho interés para todos, españoles incluidos. Si en ese guion, además de corregir la asfixia financiera, aparecieran los mimbres de un proyecto de reconstrucción económica de Grecia, estaríamos de verdad iniciando el camino hacia un escenario de estabilidad no solo en aquel país, sino en todo el Sur. Y da igual de la mano de quien venga, lo importante es que venga.

En la Europa dominada por lo financiero y por las mareas de recursos del BCE para alimentar los mercados, se necesitan noticias sobre su reconstrucción, con énfasis especial en la industrialización y en la revisión de algunas disfunciones de la globalización, para que los primeros años del siglo XXI se recuerden como los que dieron paso a una etapa de prosperidad y no como los que llevaron a los europeos a otro infierno. De todos los socios de la UE depende el cambio, pero sin el concurso decidido de Alemania no habrá fumata blanca. Atentos, pues a Berlín.


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