Res Pública

El inicio del inicio o el empezóse del acabóse

Después de una larga espera, la montaña parió un ratón: el gobierno ha presentado su plan de actuación que tiene poco o casi nada que ver con las expectativas que había creado, en flagrante contradicción con los propósitos expuestos al país en el interminable debate electoral. No existe el menor atisbo de regeneración política y democrática y si una amplia panoplia de medidas fiscales, meramente recaudatorias, para seguir castigando los bolsillos de asalariados y pensionistas, con el único objetivo de sostener la estructura de un Estado hipertrófico que chapotea sin rumbo en el mar de la crisis que nos asola. No se piensa en el porvenir, solo en el horizonte inmediato de las políticas depresivas impuestas y consentidas, cuyos hipotéticos beneficios se desconocen. Es lástima que éste gobierno se haya hermanado tan pronto con las prácticas taimadas del gobierno precedente, que han merecido el repudio clamoroso de los españoles.

La presentación del plan ha ido precedida de una declaración grandilocuente acerca de la magnitud del agujero financiero, imprevisto según la portavoz del gobierno, y la necesidad de achicarlo cuanto antes. Lo del agujero, de imprevisto poco, era el secreto de Polichinela; por eso, utilizarlo como excusa para olvidar los compromisos incide en la idea que tienen algunos gobernantes del modo de ser de los españoles, que ya definió Ortega y Gasset en artículo memorable:“piensan, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea”. Porque si fuese verdad que para el Gobierno ha sido imprevista la cifra del déficit público el problema sería aun mayor, al tratarse de un partido con amplias responsabilidades de gobierno en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde parece situarse el epicentro del problema.

La pregunta que cabe hacerse es qué estudios o hipótesis se han barajado a lo largo de los meses en que se ha preparado, es un decir a la vista del resultado, el desembarco en el gobierno de la nación y, sobre todo, qué planes se han debatido en el casi mes y medio transcurrido desde las elecciones de noviembre. La respuesta es que la balanza se ha inclinado, como siempre, por lo fácil y cómodo, sin entrar en los problemas estructurales que están en el origen de los males que repetimos de nuevo: estructura y ordenación de los poderes del Estado, reestructuración de la deuda y recuperación del sistema financiero.

A todos ellos me he referido en anteriores comentarios sin que aparezcan razones para alterar los juicios ya emitidos. Tampoco se trata de repetir cifras conocidas de todos, que inundan las informaciones sobre los acuerdos del Consejo de Ministros. Pero sí convendría resaltar que dichas cifras, en lo que a la deuda se refiere, nos indican el peso decisivo que ésta tiene en las cuentas públicas y la imposibilidad cierta de atenderla en el futuro inmediato con una economía deprimida y estrangulada. Por si fuera poco, la aguda crisis de la deuda europea alimentará que el Saturno de los mercados devore en pocas fechas el producto de los nuevos sacrificios exigidos a los contribuyentes. El camino debiera ser prever y proponer donde corresponda la reestructuración, solicitando el apoyo de la Unión Monetaria o, en su caso, del Fondo Monetario Internacional. Todo antes que continuar con la dinámica emprendida que sabemos poco realista y eficaz.

De la recuperación del sistema financiero qué decir: el gobierno no ha hecho públicos sus planes, aunque parece insistir en la cantinela de la concentración bancaria que hasta el momento ha sido una mera agregación de entidades en mal estado con resultados de sobra conocidos. Nuestro sistema es un queso gruyere y la resolución o atenuación de sus problemas requiere, en mi opinión, actuaciones prácticas y realistas sin proclamas efectistas, ya fracasadas, que se podrían resumir en el reconocimiento de las pérdidas embalsadas y la asunción de las mismas, por parte de cada una de las entidades, en un plazo no inferior a 10 años. Solo aquellas que no estuvieran en condiciones de cumplir ese programa serían objeto de tratamiento por parte del poder público, sin perjuicio de que la gestión de todas fuera supervisado y ordenado desde el Estado. Todas las opciones que pasen por allegar más recursos públicos o privados no dejan de ser una quimera dada la situación de España y el desbarajuste de la Unión Monetaria Europea. Ya veremos.

En fin, empieza el año y el nuevo gobierno apunta maneras. Ojala se corrija el rumbo. De momento, la noticia más gratificante del Consejo de Ministros es el nombramiento de Eduardo Torres-Dulce como fiscal general del Estado. Los que somos cinéfilos conocemos su bonhomía, su sentido de la justicia y su admiración por John Ford. Confiemos en que consiga inocular ese conjunto de principios y cualidades en la Justicia y fuera de ella y que el sol siempre brille en Kentucky. En nuestro caso, en España. Buen año para todos.


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