Res Pública

Dos entrevistas finales

Las entrevistas del jefe del Ejecutivo con el nuevo Secretario del PSOE, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalidad, Artur Mas, se han desarrollado según las previsiones, es decir, ninguna novedad significativa sobre lo conocido. El nuevo capitán del socialismo oficial ha manifestado sus discrepancias, dentro de un orden, con las políticas del Gobierno, y el responsable catalán mantiene sus tesis sobre el proceso independentista, alegando que tiene para ello el mandato del Parlamento y del pueblo de Cataluña. Para algunos, dichas entrevistas son un mero trámite para cerrar el curso político; sin embargo, para otros significan la constatación del agotamiento del ciclo iniciado en 1978 con el inconveniente de que se desconoce por qué será sustituido, aunque sin duda lo será. En cuanto al presidente del Gobierno, si le cabía alguna duda sobre la soledad de él y de su partido para administrar éste colapso a cámara lenta, ya la habrá despejado después de conversar con los citados. Es verdad que ha hablado con más gente, los denominados agentes sociales y la patronal, pero, dada la menguante influencia de ambos, no merecen atención, salvo certificar sus reducidas aportaciones para cambiar en positivo la situación de España.

Diálogos de sordos sobre la consulta catalana

El jefe del PSOE ha comentado que sólo coincide con el presidente del Consejo de Ministros en que la consulta catalana no se puede celebrar. Lo que no ha dicho es hasta dónde llega su apoyo al Gobierno para evitarla, con lo cual seguimos in albis y me imagino que el señor Rajoy también sobre el grado de compromiso de la organización socialista con las decisiones que, en su caso, adopte el Gabinete. No sabemos si es ambigüedad calculada, si es el no saber qué hacer o, simplemente, si es estar a verlas venir, teniendo en cuenta la confusión imperante en el seno de un partido que, para millones de votantes de centroizquierda, ha dejado de ser la referencia unívoca de las políticas de progreso y de cohesión social. Precisamente sobre esto ha sido muy parco el señor Sánchez, se ha limitado a expresar sus discrepancias con el gobierno y a pedir una ayuda, con tintes benéficos, para los padres de familia en paro, sin entrar en las causas, políticas europeas y desertización del tejido productivo, que nos conducen, a paso ligero, hacia la marginalidad.

El presidente de la Generalidad, aunque profundamente herido por el asunto Pujol, ha mantenido su discurso sobre el 9 de noviembre, porque carece de margen de maniobra para adoptar otro y porque el impasible Rajoy no le ha lanzado el cable de distracción para ganar un poco de tiempo y alargar la llegada a esa estación término de noviembre, refrendada por el Parlamento de Cataluña. Por tanto, continuará el suspense sobre el desenlace de un proceso que, aunque ribeteado de aspectos de ópera bufa, contiene una gran dosis de drama político y social con repercusiones impredecibles sobre el conjunto de España. Lo que está pasando o pueda pasar en Cataluña trasciende a las cuitas de Mas o a las confesiones de Pujol. Ambos contribuyeron a crear un proyecto de Estado propio, con la ayuda inestimable de los gobiernos de Madrid, y las penurias económicas y sociales se han encargado de catapultarlo a la cima de las aspiraciones de muchos catalanes a los que ha dejado de interesar lo que se decida en el resto de España. Para ellos su futuro está en lo que se resuelva en Cataluña, mejor dicho, en Barcelona. Así son las cosas y sería vanidoso ignorarlas. Este es uno más de los estragos que ha causado la crisis en el cuerpo de la nación española.

Eso sí, el responsable del Gobierno catalán ha puesto énfasis en llenar de contenidos su entrevista con el presidente del Consejo de Ministros, para transmitir la idea de que hay muchos asuntos, sanidad, educación, finanzas e infraestructuras, que requieren decisiones gubernamentales para que aquella región no vea limitada su capacidad de recuperación económica y el cumplimiento en materia de déficit presupuestario. Con ello, creo que ha procurado dar oportunidades al diálogo sobre los asuntos que conciernen, de verdad, a la gobernación de la comunidad autónoma.

El Gobierno mientras anuncia nuevos paquetes legislativos

En el ambiente enrarecido y hueco de la política española se agradece que, de vez en cuando, alguien plantee temas alejados del morbo o de la propaganda, y hay que reconocer que el señor Mas lo ha hecho, presentando propuestas concretas sobre las que espera la respuesta del gobierno de la nación. Si cada responsable público se dedicara a cumplir sus obligaciones, huyendo de la superficialidad o de la propaganda vana, otro gallo nos cantaría a todos. Por eso, sería muy saludable que el gobierno se explique sobre esas materias que nada tienen que ver con la independencia ni con la consulta, aunque sean prosaicas y poco llamativas.

Al parecer, el señor Rajoy se ha comprometido a responder a todo aquello ajeno a la famosa consulta, pero, en honor a la verdad, se debe reconocer que esa espada de Damocles, que está a la vuelta de la esquina, pende sobre las decisiones que pudieran adoptarse en Madrid o en Barcelona. Ojalá no fuera así, pero es, y el Ejecutivo lo sabe, pero hace como si no, y anuncia grandes paquetes de cosas para septiembre. Por lo menos, a diferencia del recordado Rodríguez Zapatero, no nos castigará con Consejos de Ministros extraordinarios en agosto para aprobar proyectos y grandes planes de inversión para los próximos veinte años. Ya sabemos en qué paró todo aquello, pero es inevitable recaer en tales prácticas cuando los problemas del enfermo se alargan y los médicos no dan abasto con sus recetas. A lo mejor resulta que los médicos y las recetas no son los adecuados, pero, si no aparecen galenos serios, corremos el peligro de caer en manos de los curanderos. Y eso sí será el acabose, con consulta o sin ella.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba