Res Pública

De las encuestas a los votos

Ya ha caído el primer velo electoral del año en Andalucía y, con todas las reservas y singularidades que se quiera, los votos van señalando un camino, cuya primera piedra miliar fueron las europeas de mayo de 2014, que conduce a un cambio en la estructura y comportamientos del sistema de partidos imperantes. Se trata de un movimiento pausado, no demasiado estridente, pero constante, lo que obliga a los propios partidos a analizarlo y actuar en consecuencia y también obliga a hacer algo de prospectiva a los que analizamos el devenir de la política y la economía españolas. Y lo primero que cabe destacar es que, a pesar de las encuestas y de las tendencias que en ellas se dibujaban, las máquinas partidarias parecen sorprendidas, unas para bien y otras para mal, por los resultados electorales. De momento, es pronto para conocer si la sorpresa dará paso a otras actitudes o, simplemente, se diluirá en las tertulias internas o las disputas por las listas de las inminentes elecciones locales. Lo que desde luego no va a variar es el deseo de mudanza que cada vez agrupa a más electores y que deberá tener su traducción en la composición del futuro Gobierno español que elijan las nuevas Cortes, partiendo de la hipótesis fundada de la desaparición de las mayorías absolutas.

España ha sufrido cambios traumáticos durante los años de la crisis que están alumbrando una sociedad diferente y más exigente que la anterior a 2007

El paréntesis abierto en mayo pasado se irá llenando de novedades

El paréntesis que se abrió en mayo de 2014 se irá llenando de novedades a lo largo del año: los llamados partidos viejos tratan con displicencia y algo de arrogancia a los pequeños competidores que surgen a izquierda y derecha, sin pararse a pensar que sus bases electorales continúan siendo importantes, como se ha visto en Andalucía, pero que necesitan propuestas y mensajes para conservar su fidelidad. Porque España ha sufrido cambios traumáticos durante los años de la crisis que están alumbrando una sociedad diferente y más exigente que la anterior a 2007. Los nuevos grupos políticos intentan lograr adeptos entre los ciudadanos resueltos al cambio, por eso su margen de crecimiento es notable; sin embargo, los partidos instalados parecen confiados en el conservadurismo electoral y siguen dispuestos a asumir un cierto grado de descapitalización siempre que no llegue a amenazar su preeminencia. De ahí que los portavoces oficiales y los medios afines insistan en que la bolsa de votos en sus manos todavía se sitúa entre el 50% y el 60% del electorado, despreciando el hecho de que hace menos de un año era del 80% y, circunstancialmente, bajó del 50% en las europeas.

Cuando tienes un negocio y desprecias a los pequeños competidores, creyendo que tu producto es imprescindible y que tu cuota de mercado no se encogerá demasiado, por lo que no vale la pena hacer cambios significativos, estás labrando tu ruina a medio o largo plazo. Pero si ese negocio es la política democrática, que se fundamenta en el sufragio universal, las posibilidades de que tus clientes te abandonen, bien de repente o en número importante, aumentan si unos competidores, por pequeños que sean, ofrecen productos atractivos. No digamos si ignoras los deseos de los clientes o les haces la pascua administrando mal sus dineros o ejecutando políticas que dañan su estabilidad económica y social. Porque eso es lo ha venido ocurriendo y lo que ha provocado que la clientela se altere y ande a la búsqueda del primero que le ofrezca algún bálsamo, aunque sea un placebo. La demostración de ello la hemos vivido en Andalucía con el caso de Ciudadanos y, en menor medida, con Podemos: como si de unas rebajas se tratara, la gente se ha volcado con ellos y esperan sus ofertas futuras.

Los consumidores parecen que se escoran hacia la izquierda o el centro-izquierda, lo que no es nuevo en España y es explicable, dadas las circunstancias

Hay mucha volatilidad en el mercado del voto

El mercado de los sufragios está alterado y creo que promete más emociones, conforme vayan cayendo los velos que quedan. Los consumidores parecen que se escoran hacia la izquierda o el centro-izquierda, lo que no es nuevo en España y es explicable, dadas las circunstancias. Se trata de una percepción que, si se confirma a lo largo del ejercicio, obligará a preguntarse qué partido o partidos la capitanearán, dando por sentado que el tiempo de las mayorías absolutas está periclitado, como acaba de verse en Andalucía y hace tiempo que ocurre en Cataluña. En teoría, podría considerarse que correspondería al PSOE la empresa de dirigir ese escenario político, siempre que logre mantener la preeminencia actual en el ámbito de la izquierda que no parece claramente amenazada. Pero esa hipótesis quedaría desvanecida bien porque el PSOE no cambie su discurso y/o busque el entendimiento confortable con su viejo compañero de los años del bipartidismo, en cuyo caso el escenario sería aparentemente más estable, pero ruinoso para una marca que sólo conserva presencia significativa en Andalucía. Precisamente es en esa región, donde el PSOE tiene que negociar con las restantes minorías del parlamento andaluz gobierno y programa, se va a comprobar su disposición al cambio y su respeto a los usos parlamentarios. A tenor de sus primeras declaraciones, Susana Díaz, no parece tener clara cuál es su verdadera posición en el nuevo parlamento. Me imagino que se irá enterando y lo que allí ocurra será una prueba interesante para todos los actores del tiempo nuevo sin mayorías absolutas.

También podría ocurrir que alguna de las marcas nuevas creciera hasta el punto de sobrepasar a las viejas. No es descartable, visto lo sucedido en Andalucía con partidos que en un mes han logrado adhesiones cuantiosas. Sin embargo, creo que no habrá movimientos tan drásticos y el reparto será equilibrado, conservando los viejos partidos masas electorales dignas de consideración, si logran remover ideas, personas y comportamientos. Para ello tendrán que superar la esclerosis que les tiene atenazados a un pasado que no va a volver y a la imagen de una sociedad que tampoco volverá a ser la de la ciudad alegre y confiada de las décadas de la riqueza virtual. Lo dicho, todo es muy abierto, menos el deseo de cambio que seguirá creciendo en la medida en la que la vieja política no de su brazo a torcer.


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