Res Pública

La encuesta del 25 de mayo

Aunque se trata de elecciones al Parlamento Europeo, prefiero referirme a la vertiente de sociología electoral más que a la hipotética composición de esa Cámara, que ya sabemos lo que es y su irrelevancia en las decisiones sobre las políticas europeas. Sus propios defensores, el establishment partidario, lo han convertido en un aparcamiento lujoso para políticos amortizados a los que van a conceder el “honor” de opinar sobre el presidente de la Comisión Europea y poco más. Con ese europeismo de perfil bajo no es extraño que las elecciones del próximo domingo se planteen en clave nacional en la mayoría de los países, incluida España. Y vamos a ver cuál es el estado de opinión de la gente en una consulta que tiene más de encuesta que otra cosa. Como tal habrá que considerarla, y los gobiernos nacionales harán bien en tomar nota del estado de opinión de sus ciudadanos para promover en el Consejo de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, que es donde se decide, las rectificaciones necesarias. Aparte de eso, cada gobierno sabrá cómo enfocar sus políticas nacionales, según el apoyo o rechazo que reciban de los electores. Por eso, además de los resultados, habrá que tener en cuenta los niveles de participación para determinar el grado de consenso político y social. Esa es la democracia y a sus reglas, bastante olvidadas en la gestión de la crisis, habrá que atenerse. No es seguro que sea así, pero hay que reivindicarlo.

La gestión antidemocrática e insolidaria de la crisis

Desde que empezó la crisis, y sobre todo a partir del rescate de Grecia en la primavera de 2010, allí donde se han producido elecciones nacionales han ido cayendo gobiernos, si bien es cierto que, en la mayoría de los casos, sus sustitutos han hecho caso omiso de los mandatos o mensajes de los electores. Los ejemplos son abundantes, van desde la propia Grecia hasta Francia, pasando por Portugal y España. En todos los casos ha habido una práctica consistente en asumir que, por encima de los deseos de los electores, existe el catecismo de Bruselas que es de obligado cumplimiento. La democracia esta muy bien, pero, según ese catecismo, es más segura sin elecciones. Como estas todavía no se pueden quitar, se opta por ignorar sus resultados apelando a causas de fuerza mayor. Hasta ahora les ha ido bien, a ellos, no a los ciudadanos, y pretenden continuar con esa práctica, sin calibrar que, en la medida en que no mejoren las cosas, el cántaro del civismo y de la paciencia se terminará rompiendo causando más estropicios de los ya producidos.

Desde mi punto de vista, lo importante del día 25 será lo que suceda en algunos países importantes de la UE, excluida Alemania a la que le tocará ser el gallo del corral, más de lo que ya lo es. Francia, el Reino Unido, Italia y por qué no, también España, nos indicarán el grado de conformidad con la gestión realizada y el nivel de fervor para con las instituciones europeas. Supongo que todo va a ser perfectamente descriptible y que el establishment utilizará sus mejores galas y artimañas para afirmar, como en la canción de Julio Iglesias, que “la vida sigue igual”: Juncker o Schulz, uno de los dos, será nombrado presidente de la Comisión Europea y los restantes premios o pedreas, comisarías y otros cargos, se repartirán como es tradición, pero, a grosso modo, el bipartidismo europeo quedará debilitado y aumentarán las voces discordantes en el Parlamento de Luxemburgo. Además, la bolsa de la abstención cotizará al alza, como aventuran las predicciones publicadas.

La vida no va a seguir igual, por mucho que se empeñen, que se empeñarán; y como el estancamiento económico y el retroceso democrático se mantendrán, el porvenir de éste proyecto europeo se seguirá oscureciendo hasta su final poco feliz no sabemos cuándo y a qué coste. La geopolítica europea iniciará un período muy tentador para el análisis del devenir de nuestro continente.

España hacia la concentración defensiva PP-PSOE

Bajando a España, con sus graves problemas a cuestas, la consulta europea nos deparará una abstención llamativa, igual o superior al 60% del censo, junto con la retirada significativa de apoyos explícitos a los dos partidos dinásticos, el PP y el PSOE. En Cataluña, que es el principal problema político de nuestra nación, ambos partidos podrían ser relegados a la irrelevancia, quedando muy mermadas sus capacidades para influir en la deriva independentista de aquella parte del país. Entre eso y todo lo demás, se producirá la llamada a filas para defender la fortaleza y se anunciará, con gran estruendo mediático, que el PP y el PSOE han entendido el mensaje a su manera y que se van a esforzar por defender las esencias del sistema para que los españoles se mantengan en el redil de lo correcto sin protestar demasiado. En el caso de que el clima económico y social no mejore y se altere el gallinero más de lo permisible, se echará mano del viejo axioma, tranquilidad viene de tranca, para resistir. Entraremos así en la fase ya conocida de las concentraciones gubernamentales y de las proclamas grandilocuentes, para encubrir las responsabilidades de los que han conducido a España a la postración. Una película parecida a la de hace un siglo.

La consulta del día 25 es una oportunidad para que cada cual exprese su opinión bien absteniéndose o votando, porque ambas son fórmulas legítimas para ejercer la democracia. De la lectura de ambas, saldrá la fotografía de ésta Europa que se debate entre el ser o no ser de la estabilidad, de la democracia y de la solidaridad. Y también constataremos si en España va madurando la idea del cambio pacífico y ordenado como alternativa al estado de cosas actual.


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