Res Pública

La deuda sí importa

Acostumbrados a vivir de prestado, los políticos españoles hacen caso omiso del volumen de la deuda y dan por sentado que el endeudamiento público y privado de España no es un tema prioritario de su agenda inmediata. Es lo que deduzco de la última comparecencia del jefe del Gobierno y de las declaraciones de su nuevo partenaire opositor, Pedro Sánchez. Ninguno de los dos se refiere a éste problema, ni siquiera marginalmente. Se ve que, en su mundo, la previsión no alcanza más allá de unos meses, los que les separan de la próxima consulta electoral, sin caer en la cuenta de que la losa del dinero prestado engorda día tras día, impidiendo que el conjunto del país recobre el aliento necesario para evitar que el paro y la pobreza se conviertan en las divisas insoportables del modelo económico español. Pero como no debemos resignarnos a esa visión alicorta y conformista del futuro de España, hay que reiterar lo que desde hace tiempo vienen sosteniendo reputados especialistas y otros que no lo somos, pero que tratamos de analizar los fenómenos o problemas que influyen en el desenvolvimiento del país, gravemente dañado por fallos sistémicos, políticos y económicos, que no son fáciles de superar, aun haciendo las cosas bien.

No es la prima de riesgo, es el volumen lo que importa

En las circunstancias que vivimos, cuyos orígenes se remontan a mucho tiempo atrás, no se puede pedir a los gobernantes que hagan milagros, aunque algunos de ellos prometieran cosas parecidas en sus campañas electorales, pero sí se les debe exigir que estudien los males que nos afligen y que prevean cómo corregirlos, más allá de hacer frente a las tareas diarias que, con ser importantes, no son las únicas que les competen. Por eso llama la atención que cuando hablan de la deuda, si es que lo hacen, sólo contemplan la famosa prima de riesgo, variable voluble y un tanto arbitraria que no depende de nosotros, y no se fijen en cómo crecen los volúmenes de aquella que, según las cifras oficiales, ya representa el 100% del PIB. A partir de ahí se pueden sacar muchas conclusiones, pero, desde mi punto de vista, la primera y principal es que cualquier gobierno al que le preocupe el futuro de sus compatriotas tiene la obligación de preparar un plan de viabilidad de esa empresa llamada España para someterlo a nuestros acreedores y, con la ayuda necesaria de la Unión Monetaria, aunar los deseos de cobro de los prestamistas y el funcionamiento regular del Estado y de sus servicios públicos. Me gustaría conocer alternativas a lo sugerido, que no sean las del socorrido dicho de que “el que venga detrás que arree”, que es en lo que parecen instalados muchos de nuestros responsables políticos.

La iniciativa privada carece de estímulos y de orientaciones para invertir, porque España no ofrece la transparencia y la seguridad jurídica deseables

El jefe del Gobierno se ha felicitado porque, según él, la economía española evoluciona positivamente y confía que irá a más. Ojalá sea verdad, porque hay tantos matices, tantas cautelas y tanta estadística variopinta, que forman una arboleda que impide ver el bosque de nuestros problemas: un tejido productivo incapaz de generar empleo suficiente y digno y unas estructuras públicas sobredimensionadas, que succionan recursos fiscales y demandan deuda de forma exponencial. La iniciativa privada carece de estímulos y de orientaciones para invertir, porque España no ofrece la transparencia y la seguridad jurídica deseables, a lo que contribuye la selva normativa que se extiende a lo largo y a lo ancho del país. Es ese un marco apropiado para la especulación, que florece cuando el poder público, además de disperso y fragmentado, no está controlado, como acredita la escandalosa corrupción que vamos conociendo.

Romper el círculo vicioso de la deuda insostenible

Ha sido la economía especulativa, trufada de corrupciones mil, la que nos ha hundido en la pobreza y para que no vuelva a resurgir, y no duden de que sus beneficiarios lo intentarán, conviene cambiar muchas cosas, algunas de las cuales, como la higiene pública y la educación, tardan en dar frutos positivos. Y tardarán más si no se siembran las semillas adecuadas y se cortan las hojarascas doctrinales con las que se ha embaucado durante años y años.

Cierto que todo lleva su tiempo, pero tampoco hablamos de veinte o treinta años, que han sido los precedentes de la catástrofe actual, porque la fuerza de una nación se crece en la adversidad, si dispone de un proyecto serio que ofrezca un porvenir distinto al de la mera cuadratura contable de unas cifras o estadísticas, que casi nada significan para millones de españoles angustiados e inquietos. Cada encuesta del CIS lo atestigua y da la impresión de que los que deben estudiarlas no las estudian y luego pasa lo que pasa cuando se producen las sorpresas electorales. Pues habrá más sorpresas, sobre todo para los que siguen elucubrando con sus cosas y se olvidan de lo que les preocupa a las familias y a las empresas. No han caído en la cuenta de que están viviendo en tiempo de descuento, porque a la sociedad no le interesan los discursos y la jerga tecnocrática de la economía financiera, producto de ese capitalismo de casino que tanto daño ha causado y que ahora se refugia en el intercambio de cromos de la deuda soberana.

Los adalides del capitalismo financiero son muy suyos de seguir con sus prédicas macroeconómicas, pero gobiernos como el nuestro no pueden ni deben compartir sus propuestas que provocan directamente el enriquecimiento de los menos y el empobrecimiento de los más. Las cifras están ahí a disposición del que quiera consultarlas, desde los boletines del Banco de España hasta los informes del Instituto Nacional de Estadística. Por eso a los Rajoy y Sánchez de turno hay que urgirles a romper con el discurso tecnocrático y cansino que para millones de españoles es el viaje a ninguna parte. Y deberían empezar por reconocer el problema de la deuda para buscar soluciones al mismo. Si ellos no lo hacen, lo harán otros, porque la realidad es que estamos en el círculo vicioso de la insostenibilidad. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba