Res Pública

El camino de Grecia

En octubre de 2009 llegó a Grecia un nuevo gobierno con mayoría absoluta, presidido por Papandreu, y lo primero que hizo fue poner de manifiesto el estado calamitoso de las cuentas públicas que, a su juicio, habían sido falsificadas por el gobierno conservador anterior. Tal iniciativa, honrada y arriesgada, se tomaba con la esperanza de que los proyectos del gobierno griego para arreglar el desaguisado encontraran la comprensión y la ayuda de la Unión Monetaria Europea, que haría valer su presunta fortaleza ante los mercados para evitar mayores males al socio heleno. Pero no fue así. Grecia quedó convertida en carne de cañón de una gigantesca especulación financiera contra la eurozona y su gobierno abandonado a merced de los embates políticos y sociales internos, teniendo que soportar, además, la estulticia y la indecisión de sus socios de la UE. Han pasado dos años y medio y el pequeño país mediterráneo está en manos de un denominado gobierno técnico y sumido en una profunda depresión económica. En la zona euro, también deprimida y desacreditada, se empieza a hablar de un nuevo rescate. Grotesco. Es el mejor ejemplo del camino que no hay que seguir y que, desde luego, no deseamos para España.

Días atrás vi un noticiario de televisión que justifica el título de éste comentario: dejando aparte los deportes, los dos tercios del noticiario estuvieron dedicados a enumerar innumerables casos de corrupción, desde la familia real hasta un cargo medio de la Junta de Andalucía, pasando por los juicios a dos presidentes autonómicos, de Valencia y de Baleares, todo ello salpicado con detalles bochornosos de las idas y venidas de unos y de otros. También se incluía en el paquete noticioso el cierre progresivo de aeropuertos, que habían requerido cuantiosas inversiones públicas y privadas en tiempos recientes y que pasaban a engrosar el enorme cementerio inmobiliario que se extiende a lo largo de la geografía nacional. De propina, las acusaciones de falseamiento y engaño a los anteriores gobernantes. Un baño de podredumbre, sin una brizna constructiva o positiva, presentando una España digna de un cuadro de Valdés Leal. Demoledor para quienes cada día se esfuerzan en cumplir sus obligaciones y hacer posible que nuestro menguado tejido productivo siga funcionando con dignidad.

En otro apartado de ese noticiario aparecía una breve entrevista oficial con el jefe del gobierno en la que intentaba justificar sus primeras iniciativas fiscales, insistiendo en el engaño de que había sido objeto por parte del gobierno saliente. Sea o no cierto, su crédito ha resultado dañado, esperemos que no de forma irreparable, a los ojos de muchos ciudadanos, sobre todo de las clases medias urbanas, que por instinto de conservación, y no tanto por razones ideológicas, se habían agarrado al clavo ardiendo de quien es, o era, el casi único activo del partido popular. También el jefe del gobierno hablaba en la entrevista de sus propósitos, y la impresión que podía deducirse de sus palabras es que se abre un tiempo de espera hasta la presentación de los presupuestos y, aunque no se dice, hasta que pasen las elecciones de Andalucía. Una tranquilidad que no parece corresponderse con la envergadura de los problemas y con el manejo de algunos de ellos que dependen de terceros, los mercados y la crisis del euro. El sabrá.

Por su parte, el ministro de economía, que había adelantado dos propuestas que ya comenté la pasada semana, se ha encontrado con la primera de ellas, la del control de las comunidades autónomas, desbaratada. Ya decíamos que era posibilista y muy voluntarista, aunque cargada de buen sentido. Su abandono revela que la reordenación del Estado ni está ni se la espera. Otra cosa es que la estructura financiera aguante. Se estirará lo que se pueda, aunque sea a costa de degradar los servicios públicos; y ni aún así.

La otra propuesta del ministro era la del sistema crediticio. Todavía se desconocen sus términos; a mediados de febrero se descubrirá el arcano. Pero no hay más cera que la que arde, dinero poco o ninguno y daños y agujeros múltiples. Bases muy frágiles para aplicar como única medicina la concentración bancaria indiscriminada y en tropel, sin ayudas y en perjuicio de la competencia y del mercado minorista de familias y de empresas pequeñas. Bueno, no adelantemos acontecimientos y confiemos que el ministro tenga mejor fortuna en éste caso. Mientras tanto, convendría que los políticos actuantes y algunos medios de comunicación trataran de equilibrar las paletadas diarias de lodo con alguna mirada a los afanes de la colmena española que trabaja y ahorra, los que pueden, para que no recorramos el camino de Grecia.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba