Res Pública

Nada cambiará sin los abstencionistas

Si nos atenemos a la versión oficial de la campaña electoral, encuestas y medios de comunicación, no parece que las cosas vayan a mejorar en España: participarán los votantes habituales y los votos se repartirán un poco más que antes sin que los nuevos invitados sean determinantes, lo que iráen beneficio de quienes sostienen que no hay alternativas al modelo vigente. Un modelo que se siente seguro con la no participación de alrededor de diez millones de electores con derecho a voto que, si lo ejercieran, tendrían la llave para mover las ruedas de cualquier cambio. Y da la impresión de que eso no va a ocurrir, porque ningún discurso ni propuesta se plantea seducir a esa inmensa bolsa de votantes entre los que se encuentran cientos de miles de damnificados por la política y que no esperan nada de ella. Salvando las distancias, son como aquellos que se dan de baja de las listas del paro porque no confían en el INEM. Si no hay sorpresas, la noria política seguirá girando con cangilones parecidos, aunque algunos estén menos relucientes.

Debajo del pluralismo aparente que predicen los voceros oficiales, el núcleo duro del poder doméstico y europeo podrá mantener sus posiciones, dejando pocos pelos en la gatera

El poder no cambiará de manos

Debajo del pluralismo aparente que predicen los voceros oficiales, el núcleo duro del poder doméstico y europeo podrá mantener sus posiciones, dejando pocos pelos en la gatera. De esta manera, una vez que pasen los fuegos fatuos electorales, continuará la adaptación al modelo de país low cost, que se permite prescindir de sus mejores hijos que buscan el porvenir en otras tierras y que aspira a mantener sus estructuras jurídico-políticas sin revisar el coste de las mismas. Todo ello contando con el manto “generoso” de los prestamistas y de las políticas monetarias del Banco Central Europeo. Este acaba de decidir dar un nuevo impulso a las compras de bonos, por si acaso. Al fin y al cabo, España es demasiado grande y complicada para que la Unión Monetaria haga con ella experimentos a la griega que ya se ve los quebraderos de cabeza que producen y las dificultades que plantean para continuar con el paripé de los rescates y de las reformas estructurales. Son el cuento de la buena pipa que entretiene al Eurogrupo y a la parafernalia mediática que lo acompaña.

Por la cuenta que les trae, la bicicleta española tiene que seguir pedaleando, lo que garantiza que habrá hilo para la cometa a mayor gloria de la ingeniería financiera y de la burbuja de deuda soberana. En teoría, esa constante huida hacia adelante del endeudamiento debería preocupar a quienes les interese el futuro a medio y largo plazo del pueblo español. No dudo de que haya muchos españoles a los que eso preocupe, sin embargo tengo grandes dudas de que suscite la atención de los que quieren repartirse la administración y disfrute de los presupuestos públicos. 

Se podrá argumentar que las preocupaciones expresadas son más propias de unas elecciones generales y no de las locales y regionales del domingo próximo en las que se ventilan cuestiones de otro orden. No lo creo, porque, dada la situación de España, los contendientes las han convertido en la primera vuelta de las generales de otoño, como ya hicieron con las europeas de hace un año. Por otra parte, el voto autonómico despoja a la convocatoria de su carácter administrativo para incluirla de lleno en una consulta claramente política, puesto que las Comunidades Autónomas tienen una capacidad decisiva en el desarrollo de las políticas y servicios públicos. En todo caso, es digno de subrayar que los proyectos nacionales brillan por su ausencia y en lo demás se mantienen las inercias despreocupadas por los importantes déficits educativos y cívicos que tanto influyen en la calidad democrática de la nación.

Ya es posible constatar que el inventario de daños de la catástrofe sufrida por España ha quedado para mejor ocasión y se ha desvanecido la idea de analizar sus causas para corregir el rumbo

La actitud de los abstencionistas resolverá el arcano

Ya es posible constatar que el inventario de daños de la catástrofe sufrida por España ha quedado para mejor ocasión y se ha desvanecido la idea de analizar sus causas para corregir el rumbo. Aunque sea triste reconocerlo, no hay más cera que la que arde y, como muestra paradigmática de esa apreciación, se acepta que el paro estructural que hasta en los mejores tiempos de las burbujas era de dos millones de personas pasará a ser de cuatro millones, con las consecuencias que ello tiene en términos de equilibrio social y de coste para las arcas públicas. Arcas de las que, según algunos, seguirá manando leche y miel para atender los gastos de siempre y otros añadidos, sin que se explique cómo una economía tan débil y endeudada podrá subvenir a los mismos, porque subir impuestos sin ordenar los gastos es sencillamente echar dinero bueno sobre el malo que es lo que en España se lleva haciendo durante décadas. Cualquier balance así lo acredita.

Nuestra historia electoral desde los años 30 del siglo XX indica que los cambios, para bien o para mal, se producen cuando se mueve la bolsa de la abstención. En estos días se dice en las encuestas que los indecisos alcanzan porcentajes muy elevados y que el abstencionismo sigue entre el 30/35 por 100 del censo electoral. Por otra parte, como ocurrió hace un año, desconocemos qué está pasando en la campaña que se desarrolla fuera de los cauces tradicionales, me refiero a las redes sociales y cosas por el estilo, cuyos efectos nos sorprendieron a todos en las europeas. Lo único que se puede aventurar es que, si votan entre 2 y 3 millones de abstencionistas, cambiará el cuadro político.

Estamos en la mitad del ciclo electoral abierto hace un año y los problemas españoles siguen ahí, aunque ahora sean preteridos con demasiada ligereza por tirios y troyanos. Debe ser la astenia primaveral. En fin, al freír será el reír y que la Providencia ilumine al maduro pueblo español.


Imagen: La adoración del becerro de oro, de Nicolas Poussin (1633-1634)


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