Res Pública

Una banca pública al servicio del país

Como apuntaba en artículos anteriores- Nacionalización y gestión del crédito, El Estado ya es el primer banquero de España -, la crisis de Bankia ha alterado significativamente las pautas seguidas hasta el momento en la llamada reestructuración bancaria y resultaba necesario que se asumiera la gestión de todas las entidades de crédito nacionalizadas que, incluida la incorporación de Bankia, forman el primer grupo crediticio de España, sin descartar la suma de otras, dadas las circunstancias y las crecientes exigencias de provisiones. Por fin, en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados del pasado miércoles el Ministro de Economía, en un ejercicio de realismo que le honra, ha abierto la puerta a la banca pública, añadiendo que algún día será objeto de venta si ello beneficiara a su propietario, el Estado. En mi opinión, el horizonte de esa hipótesis será largo, no creo que menos de diez años, por lo que lo que ahora importa es poner en ejecución un proyecto ambicioso de gestión del crédito, que cubra las carencias existentes en beneficio de los que pueden mover la economía, familias, autónomos y pequeñas y medianas empresas. No existen ahora agentes privados capaces de ello y los gobernantes tienen que usar todos los instrumentos de que disponen al servicio del país. Ese es su mayor compromiso.

Administradores públicos no políticos

Entiendo que la posición testimonial del Estado en términos de gestión, a través del FROB, ya es el pasado. De momento, en Bankia existe un presidente con amplia experiencia en el negocio bancario que, sin duda, tendrá mucho que decir y que aportar para hacer eficaz el esfuerzo de los contribuyentes españoles. Y al hilo de eso, se especula con quiénes formarán parte de su Consejo de Administración, dando por sentado que los perfiles de los nuevos consejeros habrán de ser distintos a los habidos hasta ahora: se habla de expertos con prestigio, de personas independientes etc., y es lógico que así sea porque se trata de velar por el interés público. El propio Ministro, en su comparecencia, lo ha apuntado, sin mayores concreciones, como es lógico, teniendo en cuenta el cambio tan repentino y tan dramático que se ha producido.

Pues bien, en ésta materia, me parece que se abre la posibilidad de reivindicar el servicio público y al mismo Estado, tan maltratados por unos y por otros, procurando que los Consejos de Administración de las entidades nacionalizadas estén mayoritariamente formados por funcionarios de los altos cuerpos de la administración. Dichos funcionarios, con formación indudable y con sentido de lo público, pueden convertirse en los mejores acompañantes y consejeros del primer ejecutivo, presidente o consejero delegado, de las entidades nacionalizadas que sí puede ser reclutado entre los muchos y buenos gestores bancarios que existen en España. El ejemplo, vuelvo a repetir, es el nuevo presidente de Bankia. Con ésta fórmula, que no es ninguna novedad y que siempre ha funcionado en las empresas estatales, tendríamos la garantía de independencia y de buen gobierno y de la no repetición de los desmanes habidos. También se alejaría el peligro de que, con la excusa de los expertos, los Consejos de Administración se llenaran de consejeros procedentes de la competencia bancaria. Con ello además, se acallarían las voces hostiles a los banqueros y a los políticos. Para el Estado, como ocurre en otros países, sería una salida poco onerosa y bastante aceptable para resistir las presiones de todo orden que se producirán para influir en la ejecución del proyecto de banca pública.

La excelencia de la banca minorista española

Es oportuno recordar que estas empresas nacionalizadas no son muertos vivientes, como se dice de forma frívola y vanidosa. Sus activos y su estructura material y humana son de primer orden, una vez hechos los saneamientos que procedan y, lo que es más importante, contando con un proyecto estratégico y de negocio que favorezca su actividad en toda España. Tienen potentes equipos de distribución minorista que, con programas serios y estabilidad, pueden hacer grandes cosas. Los españoles necesitamos una inyección de esperanza, fundada y realista, y no proclamas propagandistas que a poco conducen. Ahora aparece la oportunidad, es verdad que a la fuerza y de manera tormentosa y apresurada, y hay que aprovecharla. Del poco tejido industrial que nos queda, la industria de la banca minorista es la que cuenta con las mayores posibilidades de ser un instrumento eficaz para ayudar a la restauración económica del país. No dejemos perderlo y hagámoslo con seriedad y sentido del Estado.

Ya conocemos la ingente petición de ayudas públicas de Bankia y cuando se publique este comentario, estaremos en vísperas del debate de convalidación del último Decreto-Ley sobre la reestructuración financiera. Valdría la pena no perderse en el memorial de agravios de las políticas fracasadas, sin renunciar a las responsabilidades exigibles, y hacer un esfuerzo para sentar las bases de la actuación del Estado al servicio de un país que ya no sabe a qué clavo agarrarse. Lo necesitamos. Si el Estado no nos sirve ¿qué nos queda?


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