Res Pública

Cinco años de agonía bancaria: el manto de Penélope

El quinto aniversario del comienzo de los problemas, en agosto de 2007, parece una fecha obligada para reflexionar sobre el estado agónico de nuestro sistema crediticio. Alguien dirá que por qué el sector crediticio iba a estar en situación diferente a la del resto del país. Y es verdad, pero solo en parte, porque si se hubieran puesto un poco de energía y de clarividencia en ordenar los problemas de las cajas y bancos españoles, el conjunto de la economía nacional no se habría desangrado hasta casi un punto de no retorno. El sabor amargo del tiempo perdido se acentúa al comprobar que seguimos instalados en las políticas dèja vu que pensábamos arrumbadas visto su fracaso. El cuadro actual viene definido por la continuación de la diarrea legislativa, amenazan con otro Decreto-Ley, sobre un sector en el que una parte de sus componentes dedican los esfuerzos y las reservas que les quedan a disimular sus males y otra parte, significativa, tiene un dueño, el Estado, que hace una utilización vergonzante de su propiedad sin decir ni media palabra sobre cómo la va a gestionar. Los unos y los otros, Estado incluido, engordan las cuentas de resultados de auditores, bancos de inversión, consultores, bufetes etc., que son los únicos que van consiguiendo un buen pasar. Todo menos preocuparse del negocio.

La hojarasca del fracaso y mirar al futuro

Hay que repetir, por si quedaran dudas, que el conjunto de acciones de estos años se resume en un gigantesco fracaso, del que por supuesto nadie es responsable, ¡hasta ahí podíamos llegar! El lector que tenga interés que repase las hemerotecas y vea en qué han parado las concentraciones y fusiones, los SIP, las aplaudidas salidas a Bolsa… Todo era el no va más y efectivamente lo era, pero del desvarío. Lo digo no porque se haya llegado al rescate, que más parece secuestro, sino porque éste se presenta como un suma y sigue para ahondar el marasmo del sistema bancario. A los famosos y alabados test de estrés de la EBA, que en gloria estén, les suceden ahora las evaluaciones de los nuevos agentes incorporados al pingüe negocio de la crisis bancaria española, en un constante tejer y destejer. Hasta lo más avisados en la materia se pierden con tanta hojarasca legal y tanta sofisticación para encubrir la carencia de ideas para ordenar el sistema crediticio.

Ahora el nuevo señuelo, de tiempo en tiempo surge uno, es el montaje del banco malo, que también necesita asesores mil. En los años 80, con la anterior crisis bancaria, algo parecido a eso lo hicieron unos cuantos profesionales del Fondo de Garantía de Depósitos con el apoyo férreo y resolutivo del Banco de España del Gobernador Mariano Rubio. Eran personas eficientes, conocedoras del negocio bancario. Ahora lo que se lleva es rodearse de asesores de campanillas, bien pagados y, a ser posible, de empresas multinacionales que conozcan poco nuestra realidad para aumentar el morbo y facilitar titulares de prensa.

El problema no es el capital es el negocio

Después de las experiencias recientes, da miedo pensar en la empanada que puede salir de todo esto con los dineros, de momento virtuales, del rescate. Por cierto, debo confesar que no sé cuándo y quién lo ha firmado y qué norma, en su caso, soporta sus términos, los del famoso y no traducido MOU. A lo mejor será ese Decreto-Ley que se anuncia para breves fechas. Ya nos enteraremos. Lo que sí sabemos es que todo el sector bancario español sigue expectante y, en cuanto a la vivificación del negocio que es lo que importa, ni está ni se le espera. La famosa capitalización, que no deja de ser un problema contable en tiempos de normalidad, tiene embebidos a los legisladores a los que parece preocuparles poco lo fundamental, que es, desde mi punto de vista, el funcionamiento de los modelos de negocio. No es de extrañar por eso, que el Estado no diga qué pretende hacer con las entidades a su cargo.

Precisamente, la situación que estamos viviendo no es de normalidad, los activos dañados son ingentes, la liquidez se estrecha y el negocio bancario esta al ralentí. Por ello, discutir sobre si el capital debe ser el 5, el 8 o el 10, me parece que es poco relevante; lo que importa es determinar qué entidades tienen un negocio que genere recursos y actividad, una vez aligeradas, en su caso, de los activos que lastran su balance, de forma que, progresivamente, vayan fortaleciendo sus recursos propios. Ese, a mi juicio, debería ser el objetivo principal. Lo que siempre se ha hecho en las crisis bancarias y que aquí no se ha querido hacer. Si ese objetivo se consiguiera, y el Estado es el que puede hacerlo por su posición preeminente en el sistema, dispondríamos de entidades, grandes, medianas o pequeñas, da igual, de las que desaparecerían los gestores malos o mediocres, para evitar la ruina del modesto tejido productivo que nos quedará después del diluvio.

Por ese diluvio, el Estado será el principal banquero de la nación, partícipe de numerosas empresas, también será el mayor propietario de inmuebles y suelo, y no sé de cuántos sectores más, al paso que vamos. Hacerse los suecos ante esa realidad y pensar que es solo un fenómeno coyuntural es no haber entendido la dimensión del problema, o haberlo entendido y preparar grandes negocios a costa de la menguante riqueza de la nación. Me niego a creer esto último y espero, como decía en otro comentario, que el Banco de España, en la parte que le toca, intente evitarlo. Es nuestra última reserva de esperanza.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba