Res Pública

¿El acierto de Rajoy?

Me refiero a su decisión de facultar a la vicepresidenta del Gobierno para coordinar el área económica del mismo, dando todo el sentido al papel de la Vicepresidencia, que hasta ahora parecía limitado en el sector que centra la mayoría de los afanes y de las preocupaciones de la política gubernamental. De esta manera, el jefe del Gobierno convierte a la vicepresidenta en su alter ego en el Ejecutivo y da respuesta medida y concreta a los que venían clamando contra una presunta descoordinación de los ministerios económicos, fundamentalmente Hacienda y Economía: el primero dedicado a las tareas domésticas de ordenación de las cuentas públicas y el segundo poco interesado en los intereses nacionales, como corresponde a su papel de procónsul de Bruselas.

Casualmente, muchas de las voces que claman a favor de una vicepresidencia económica son parecidas a aquellas otras de meses atrás que promovían la urgencia y la necesidad del rescate total de nuestro país, a la vista del 'éxito' del MoU, negociado por Economía. Pero Rajoy no cayó en esa trampa y resistió, y ahora parece decidido a eludir los nuevos cantos de sirena, depositando su confianza en una persona cercana para encarar el tiempo que reste de legislatura en el que todo o casi todo puede suceder, a la vista de los magros resultados obtenidos hasta ahora en términos políticos y económicos. Desde el punto de vista formal, fortalecer la coordinación del Gobierno es un acierto; lo que no sabemos es si se hace como preludio de otras iniciativas o si es simplemente un intento de mantener el orden en el seno del Consejo de Ministros.

Los intereses electorales y la autonomía de los Estados

Conociendo el sistema español, es fácil pensar que los intereses electorales de los partidos van ocupando el primer plano, una vez consumida la primera parte de una legislatura que había suscitado grandes expectativas, que se han ido agostando por la conjunción de las políticas erróneas y la intensidad de la devastación económico-financiera de España. El oleaje irá creciendo en el seno del PP, como es lógico en una empresa cuyos intereses peligran, ya que, por mucho voluntarismo que se derroche, no hay ningún indicador significativo que haya mejorado. Al contrario, el empeoramiento es visible y debería ser motivo de reflexión y de examen de conciencia por parte de quienes tienen la responsabilidad de conducir el país.

Aunque no lo exprese o diga lo contrario, creo que el jefe del Gobierno sabe que el tiempo les va devorando a él y a su partido y también sabe que su confianza en las iniciativas foráneas o en las mejoras de las economías centrales de la Unión Europea carecía de fundamento: la depresión y la inestabilidad se van adueñando de la UE y los diferentes países que la componen empiezan a plantearse iniciativas propias, desoyendo las directrices y llamamientos de ese monumento a la tecnocracia insolidaria que es la Comisión Europea. Hasta Alemania, a la que han servido con esmero y sumisión, parece darles de lado. Se intuyen cambios o revueltas, el campo está abonado.

Rajoy atrapado en la tela de araña

Los informes sobre España, desde la Comisión Europea al Fondo Monetario Internacional, pasando por la troika, ponen de manifiesto la extrema debilidad del país. Nada nuevo para los que vivimos en él, pero no aportan la más mínima iniciativa para salir del círculo vicioso en el que estamos instalados. Insisten en seguir recomendando medicinas equivocadas, cuyos efectos nocivos son reconocidos por los propios autores de dichos informes. Algo verdaderamente kafkiano, que confunde a cualquiera, y Rajoy no va a ser menos. Le dicen que su Gobierno es aplicado, pero se desentienden de las consecuencias sociales y económicas de sus recetas, desigualdad y paro. Y son esas consecuencias las que sí van preocupando, y con razón, al jefe del Gobierno, al que progresivamente se le va colocando en el dilema de seguir haciendo caso a los tecnócratas insolidarios o mirar la angustia y la desesperanza de las gentes españolas. No me cabe duda de que sus reuniones en las instituciones europeas le irán abriendo los ojos sobre lo que se puede esperar de las mismas. Desde mi punto de vista, nada bueno: la crisis de la eurozona y las dudas sobre el futuro del euro son el secreto de Polichinela.

No sé si los soliloquios del presidente del Consejo de Ministros tendrán contenidos parecidos a los expresados. El clima político y la situación social de España me inclinan a pensar que sí; el problema es que se encuentra atrapado en una red de la que es complicado salir, aunque no es imposible. Por eso, vuelvo al principio y creo que su decisión sobre la vicepresidenta no es una mera cuestión de orden administrativo. Puede que sea la búsqueda del apoyo leal y eficiente para afrontar el dilema y los problemas en su propio partido con un Gobierno disciplinado cuyo objetivo sea salvar lo que pueda del naufragio anunciado en el Continente. El verano frío que vaticinan los meteorólogos franceses puede ayudar a pensar sin agobios sobre el futuro inmediato de España. Si Rajoy consigue salir a tiempo de la red, el título de este comentario dejará de ser una pregunta irónica. ¡Suerte!


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