Res Pública

Fuera de la Unión Europea también hay vida

La campaña independentista de Cataluña está produciendo diversas controversias; una de ellas es la referida a la pertenencia a la UE de un hipotético estado catalán. Sorprende el énfasis que tanto unos como otros han puesto en una hipótesis que, a mi juicio, es muy prematura y que, en última instancia, dependerá de la evolución de la Unión Europea que atraviesa momentos críticos, cuya superación puede dar lugar a nuevas formas de entendimiento y cooperación entre los estados del continente europeo. En Europa estamos viviendo una fase política y económica que ha puesto en tela de juicio muchos de los proyectos y creencias asentados después de los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Las causas van desde la caída del Muro de Berlín en 1989 hasta la crisis financiera desencadenada en el verano de 2007 adobada con el totalitarismo de los mercados. Y es posible que, contra lo que parece, el neo europeísmo insolidario, alejado de los viejos ideales europeos, provoque una renacionalización progresiva de las políticas de los Estados para controlar los daños del huracán que padecemos. Lo existente no resistirá.

La UE un proyecto desnaturalizado

Hay que recordar que la Unión Europea tiene su origen en el primitivo Mercado Común, nacido en 1957, cuyo propósito principal era el establecimiento de un área de cooperación económica y de librecambio entre los países firmantes, para fortalecer su desarrollo y estabilizar la democracia. Esto último era especialmente importante para pasar la página de los enfrentamientos europeos, especialmente los de Alemania y Francia, y para estimular los valores democráticos allí donde todavía no existían. Todo ello se basaba en el entendimiento de quienes, desde diferentes opciones ideológicas, se habían enfrentado al fascismo y al nazismo: socialistas, democristianos y liberales conformaban el núcleo principal de los sostenedores de aquel proyecto. Esa Europa se convirtió en un paradigma de libertad y de bienestar. Durante años fue consiguiendo la adhesión de nuevos países, entre ellos España, acelerada después del desmoronamiento del bloque soviético hasta los 27 actuales; demasiados para consolidar el objetivo de los fundadores como prueba el guirigay actual. El europeísmo inicial está descoyuntado.

El ejemplo de libertad y de bienestar social empezó a enturbiarse hace aproximadamente dos décadas. Una poderosa burocracia se fue adueñando del proyecto europeo, que se puso al servicio de dos objetivos principales: el primero, desterrar el valor de lo público como instrumento para el desarrollo ordenado de la economía y el bienestar de los ciudadanos y el segundo, atender los deseos expansionistas de la nueva Alemania reunificada. Poco a poco, los grandes espacios de entendimiento han ido desapareciendo en beneficio de un discurso único, de carácter utilitarista y mercantilista, que, aparte de provocar el desapego y la irritación de los ciudadanos, ha supuesto la decadencia aguda de los partidos políticos tradicionales, especialmente de los socialdemócratas. La situación sobrevenida se define, en mi opinión, por la ausencia de referencias políticas templadas y la turbamulta de mensajes tecnocráticos que se proponen desnaturalizar lo que resta del proyecto de cooperación europeo. Frente al equilibrio social se estimula el conflicto y frente al acuerdo político sólo hay vacío y restricciones de derechos.

El fortalecimiento de los Estados nacionales

¿Significa eso que la UE no es un objetivo deseable? No necesariamente: lo que no es deseable es el modelo que se pretende conformar. Por eso, resulta extraño que en nuestro país se le dé un protagonismo exacerbado con motivo de un problema interno de carácter doméstico. Una muestra más del vacío doctrinal de la política española. La sinrazón de ello aumenta cuando se trata de vender la idea de que fuera de las instituciones europeas solo está el “mar tenebroso”. De momento, aunque las tinieblas y las dificultades abundan, las de la UE son motivo de preocupación mundial. Los Estados nacionales y quienes aspiren a serlo se verán obligados a analizar la crisis actual del modelo de globalización económica y financiera. Precisamente una de sus víctimas más sobresalientes es la propia comunidad europea que representa el 25% del PIB mundial, lo que obligará a cada Estado a buscar salidas y probablemente nuevas alianzas con las que alumbrar y sostener otras políticas en vista del fracaso de las actuales. El bronco panorama europeo no parece ahora un objeto especial de deseo ni para españoles ni para catalanes. Es un asunto de élites desconcertadas. Desde luego, no creo que la proclama de éste europeísmo contribuya a solucionar los problemas que tenemos, incluido el del independentismo.

No es fácil aventurar en qué parará la crisis de la Europa continental y cuál será el modelo de cooperación futura entre los Estados, pero sí podemos deducir que el objetivo de la unión política tiene cada vez menos opciones y, por tanto, los esfuerzos deberán encaminarse a recuperar las políticas de cooperación económica que velen por el desarrollo de los integrantes de la UE y los defiendan de los errores de la globalización. Insistir en los errores, a sabiendas de lo que suponen de amenaza para la estabilidad política y social del continente, es la mejor manera de acabar con el proyecto europeo y de que cada Estado intente buscar la vida que sin duda existe fuera de él.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba