Res Pública

UPyD y el agujero del centro izquierda

El partido fundado hace ocho años con el propósito de regenerar la democracia española ha relevado este fin de semana a la fundadora del mismo y parece dispuesto a vitalizar su posición autónoma como opción de centro izquierda donde, desde mi punto de vista, tiene bazas que jugar dado el abandono que existe en ese territorio desde que el PSOE lo dejó a mayor gloria de nadie. Ninguno de los productos o subproductos surgidos como consecuencia del vacío creado han demostrado capacidad para cubrirlo, antes al contrario han acentuado la sensación de orfandad de millones de electores que observan con desasosiego el diletantismo de los diferentes agentes que pugnan por hacerse con el espacio político del centro izquierda español. Y en ello reside la oportunidad de UPyD, partido que dispone de un bagaje de acciones meritorias en los planos judicial y parlamentario, junto con proyectos serios tanto sobre la configuración del Estado como sobre el laicismo y la igualdad que podrían servir de referencia para encender una llama de esperanza en el incierto panorama político nacional.

La candidatura que ha prevalecido en UPyD apuesta por la autonomía en contra de la otra corriente más inclinada al entendimiento con Ciudadanos

Dos candidaturas coincidentes en lo programático

De lo que hemos conocido de la consulta celebrada en UPyD para elegir nuevo directorio, con dos candidaturas muy similares en apoyos, se puede concluir que ambas defendían los contenidos programáticos de la formación y que la discrepancia se situaba en la estrategia electoral a corto plazo, teniendo en cuenta la cercanía de las elecciones generales. La candidatura que ha prevalecido apuesta por la autonomía en contra de la otra corriente más inclinada al entendimiento con Ciudadanos. Visto desde fuera, que es mi caso como analista, poner el énfasis en la negociación con Ciudadanos podría sugerir una suerte de abandono de los postulados en los que tanto han trabajado los militantes de UPyD, dando por sentado que el electorado ya sólo bebe los vientos por la fuerza emergente del centro derecha. No niego que pueda ser así, dada la liviandad aparente de los estados de opinión, pero la evolución de la realidad durante los meses que quedan hasta las legislativas podría provocar de nuevo el interés por una fuerza política que cuente en su haber con un proyecto progresista despojado de las proclamas vanidosas y efectistas que tanto abundan a diestro y siniestro.

Después del nacimiento de formaciones y movimientos políticos nuevos, como consecuencia de la quiebra del bipartidismo, existe coincidencia en que aumentará el pluralismo electoral, que no necesariamente supone el enriquecimiento del pluralismo político. De hecho, lo que se observa es que en el centro derecha la parte tradicional o más conservadora de la sociedad continúa apoyando al PP y aquellos que buscan aires distintos con formas suaves se inclinan por Ciudadanos, por lo que en ese terreno las expectativas de una oferta de progreso y de transformación social del estilo de UPyD, tiene poco que ganar. En cambio, en el ámbito del centro izquierda y de la izquierda en general es donde, desde mi punto de vista, existe más terreno abonado para obtener apoyos, sobre todo de parte de las clases medias urbanas, muy castigadas por la crisis, que dudan fundadamente tanto del PSOE actual, hijo del zapaterismo y prisionero de sus compromisos con la decadente socialdemocracia europea fagocitada por Maastricht, como de los restantes movimientos a los que no resulta fácil calificar ideológicamente, pero que sí son fáciles de analizar desde el punto de vista de la eficacia y de los proyectos de transformación, constatando que ni la una ni los otros forman parte de su background.

La crisis del PSOE y de Izquierda Unida mantienen a la izquierda en ebullición, sometiendo a sus posibles electores a la catarata de mensajes sobre unidades populares y zarandajas por el estilo

La derecha expectante y la izquierda en confusión

Excepto en la derecha, donde todo aparece ahormado y sólo existe curiosidad ante los cambios de formas y maneras de la mano de Ciudadanos, la crisis del PSOE y de Izquierda Unida mantienen a la izquierda en ebullición, sometiendo a sus posibles electores a la catarata de mensajes sobre unidades populares y zarandajas por el estilo para enmascarar las viejas siglas al servicio de operaciones lampedusianas que únicamente pueden conducir a la frustración o a la melancolía. Es verdad que ahí hay un partido, Podemos, que pretende zafarse de todo eso y que lucha por su autonomía para conseguir la preeminencia en la izquierda. Puede que lo consiga o no, aunque, en mi opinión, para penetrar en el terreno fronterizo con el centro le falta lo que sí tienen en UPyD, propuestas concretas para transformar el Estado, sin hacer ascos a planteamientos constituyentes, en el seno de un programa radical liberal inspirado en los valores republicanos tradicionales de la educación y de la igualdad del pueblo español.

En la sociedad mediática en la que vivimos, muy influenciable por los mensajes y por la imagen, el auge y caída de UPyD, fundamentalmente por obra de los mass media, ha supuesto una lección de la que sus nuevos dirigentes deberán extraer las enseñanzas oportunas. De momento, han relevado a su dirección y se proponen salir a campo abierto con su riqueza de programas y objetivos nacionales. Pero, a mi juicio, eso no es suficiente: tendrán que confirmar su proclamación de unidad utilizando todos los activos personales de que disponen, y ahí incluyo a quienes lealmente han disputado por la dirección, dando el ejemplo de seriedad y de rigor que tanto se echan en falta en el magma preelectoral español. Si además hicieran pronunciamientos concretos sobre las políticas europeas, tan actuales por la crisis griega, que están en el epicentro de la situación que vivimos, no me cabe duda de que podrían renacer de las cenizas en las que sus errores y los medios de comunicación los han enterrado. Hacen falta.


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