Res Pública

Sostiene Rajoy

Que el año que viene por estas fechas anunciará una bajada de impuestos y que nada ni nadie le va a apartar del objetivo de superar la crisis económica. A estas alturas, y conociendo el paño, me parece una mera proclama electoral, sustentada en la idea de que los españoles siguen siendo una masa crédula que le devolverá la confianza perdida por sus promesas incumplidas y por el conocimiento de los tejemanejes financieros de su partido. Puede que el jefe del Ejecutivo piense, visto el panorama opositor, que en el país de los ciegos el tuerto es rey y que esa realidad, más o menos adornada, hará posible un nuevo trágala cuando lleguen las elecciones. No creo que esa especie de sortilegio surta efecto, porque nada indica que la enfermedad política e institucional de España vaya a remitir, sino al contrario, lo que coartará el despegue serio de nuestra castigada economía. El Presidente del Consejo de Ministros ya ha demostrado por activa y por pasiva que para él no existe la crisis española, sólo sufrimos una perturbación económico-financiera análoga a la que sufren otros países europeos, y que, por tanto, no procede ningún cambio que afecte a las estructuras jurídico-constitucionales de 1978. Creo que yerra, y todos pagaremos por ello.

Propaganda contra la desconfianza

El oxígeno veraniego de un país turístico, que se ha convertido en referencia pacífica del Mediterráneo convulso, suscita toda clase de conjeturas y especulaciones sobre la pronta salida de la depresión, sin caer en la cuenta, o haciendo oídos sordos, a la evidencia del paro y del aumento de los desequilibrios sociales. Se manejan estadísticas macroeconómicas que dicen muy poco a una sociedad doliente y desconfiada que, además, está siendo maltratada por culpa de las decisiones y errores de unos pocos, algunos de los cuales presumen de que ellos están en posesión del bálsamo de Fierabrás que provocará el renacimiento de 2015, casualmente cuando los españoles sean convocados a las urnas para dar otro cheque en blanco a los que resulten elegidos. Nada nuevo bajo el sol de éste orden político que ha succionado hasta las heces el poco bienestar logrado trabajosamente por sucesivas generaciones de españoles. Unos españoles que fueron generosos, o demasiado confiados, y delegaron todo en quienes han demostrado no ser dignos de esa confianza.

Los que mandan en España, que son los de siempre y que han sido los grandes beneficiarios de las políticas especulativas, practican la abstención en el esfuerzo fiscal y se sienten cómodos con los gobiernos PP o PSOE, verdaderos vicarios suyos, que, salvo alguna proclamación retórica, han recurrido sin pudor a las carteras de empleados públicos, pensionistas y clases medias, intentándoles convencer de que sus nietos se lo agradecerán, versión laica del Dios se lo pagará de los cristianos. Eso sí, la exigencia de justicia para los responsables del desaguisado es un asunto de mal gusto, que no se lleva. La cuerda se seguirá estirando; mientras, los patrimonios importantes continuarán a buen recaudo en otras latitudes sin mover un dedo para la recuperación de España.

La arrogancia del poder con los ciudadanos pacíficos

La nación, con un Estado decrépito y mal administrado, asiste, no se si perpleja o asqueada, a la sobreactuación de los diputados, aplaudiéndose a si mismos o, mejor dicho, a quienes hacen posible sus prebendas. El último debate de principios de agosto fue un ejemplo bochornoso de ello. Lo normal de nuestra historia reciente, aunque es lamentable y descorazonador comprobar la fortaleza del sentimiento oligárquico ya en la política ya en la economía y las finanzas patrias. El pulso parece tan débil que ni siquiera se teme la ira de los justos. La impavidez del jefe del Gobierno expresa meridianamente lo que le importan los ciudadanos y sus pacíficas manifestaciones o críticas.

El Gobierno sigue dispuesto a hacer lo que le mandan, los de dentro y los de fuera, sin molestar a los mandantes, esos que han conseguido que Grecia vaya hacia el tercer rescate y que autorice la venta de alimentos caducados ¡que gran logro! A trancas y barrancas, se siente cómodo con la lealtad casi granítica de los que componen su mayoría absoluta. Además, las cosas de los jueces van para largo y se diluirán en los procelosos mares de la Justicia. Cuando lleguen los procesos, si llegan, nada dará razón de su origen. Por su parte, la leal oposición denuncia algunos males, pero no utiliza los instrumentos parlamentarios, en este caso la moción de censura, porque, según una perversión que ha tomado estado de naturaleza en esta democracia singular, la censura solo se presenta cuando se puede ganar. En resumen, indolencia, mistificación democrática y a verlas venir. Mal para España y tranquilidad añadida para el Gobierno.

Así se enfila, a mi juicio, el nuevo curso, en un escenario parecido al del anterior, con algunas variantes: en política interior se confirmará el anuncio multitudinario del adiós de nuestra querida Cataluña al que me referí recientemente, y en lo internacional las amenazas bélicas en Oriente Medio, sobre las que la UE, como siempre, no tiene arte ni parte, a pesar de saber que cualquier conflicto, por lejano que parezca, no se puede despachar con la vieja expresión de “agua, sol y guerra en Sebastopol”, porque lo que suceda en Siria o Egipto nos afectará de lleno. No digamos lo que suceda en Alemania, donde la probable reelección de la CDU supondrá más leña al mono hasta que hable inglés. En realidad, vivimos la cuenta atrás de no sabemos qué, aunque sospechamos que no bueno. Por eso, abrochémonos los cinturones y defendámonos de la estulticia.


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