Res Pública

S.O.S: Draghi, Bankia y el desplome de Iberia

Son tres asuntos, sin aparente conexión directa, que tienen un denominador común: demostrar la decrepitud de nuestro poder público y la necesidad apremiante de restaurar algo de vigor en el mismo para que el Estado español no termine reducido a ser mera máquina recaudatoria para sostener una administración desvertebrada e incapaz de atender los intereses de los españoles. La visita secreta de Draghi al Congreso de los Diputados es el penúltimo remate a un Parlamento disminuido desde que en mayo de 2010 se empezó a gobernar por Decreto-Ley; en cuanto a Bankia, volcán que estalló en mayo de 2012, sigue arrojando lava y cenizas en medio de un proceso judicial, que va descubriendo las miserias de la crisis bancaria española, para oprobio de sus protagonistas. Y de Iberia, donde el Estado, a través de Bankia, tiene una participación significativa ¿qué decir?, cuando observamos cómo una compañía estratégica para el país se apresta a ser desmantelada ¿Cuánto quedará esperar para que llegue la razón a la gobernación de España?

El BCE dice que somos aplicados y que lo sigamos siendo

El presidente del BCE, Mario Draghi, ha tenido a bien visitarnos, rodeado de una parafernalia de secreto, que causa sonrojo, para repetir el cansino discurso oficial de los ajustes, de la pena por el daño que infligen a la gente y de que no hay más remedio que perseverar, para concluir diciendo que estamos siendo muy aplicados, aunque se le ha olvidado añadir que Dios nos lo pagará. Es lo que correspondía a una perorata, muy al estilo eclesial, en la que el representante del BCE, institución con bastantes responsabilidades en la burbuja financiera, nos ha hablado de cómo se está haciendo frente a los males creados previamente con su colaboración y cómo está ayudando a nuestro sistema crediticio, otorgándole liquidez ilimitada para evitar su colapso. Y, en éste punto, sí se ha permitido recordar al gobierno español que, una vez capitalizados los bancos, le corresponden las decisiones sobre las políticas y estímulos crediticios, algo de lo que se habla, pero de lo que nada se hace.

Esas últimas reflexiones de Draghi son, a mi juicio, lo más aprovechable de su visita y, que sepamos, cayeron sobre nuestros parlamentarios como quien oye llover. Debe ser la falta de costumbre, aunque dicen de un parlamentario que tuvo la osadía de criticar no el discurso, sino el propio papel de Draghi, olvidando que ese señor representa unos intereses que no son los nuestros: desempeña su cometido y responde ante los que le mandan, entre los que, desde luego, no está el gobierno español. Es a éste, en su caso, al que hay que dirigir los reproches y no al señor de Frankfurt. De todas maneras, el gobernador del BCE ha dicho algo de puro sentido común, al referirse a la carencia de crédito. ¿De qué sirven bancos capitalizados y engrasados de liquidez en el secarral económico y crediticio español? Y así, volvemos a lo de siempre, que es preguntarse por el proyecto del gobierno para utilizar los mecanismos que tiene en su poder, empezando por ese inmenso ICO que son las entidades total o parcialmente nacionalizadas.

Bankia y la causa general de la crisis bancaria

Nada se sabe sobre el particular, lo único que se oye es achatarramiento y restricción del negocio, y de la más emblemática, Bankia, los aconteceres del proceso judicial, que promete ser la Barcelona Traction del siglo XXI: el anterior gobernador del Banco de España hace responsable al ministro de economía de la erupción descontrolada de mayo de 2012, y el aludido responde desde Moscú, en uno de esos foros donde se fantasea sobre la crisis, que tuvo que hacer todo muy deprisa, dejando al Banco de España a los pies de los caballos, y que ahora el ambiente es mucho mejor para crecer, pero no dice cómo ni qué planes tiene para ello. En el segundo semestre se descubrirá el arcano y, si no, en el primer semestre de 2014. Lo que pasa es que nadie se cree ya nada y la confianza sigue brillando por su ausencia: los mercados interbancarios continúan prácticamente cerrados y seguimos con la respiración asistida que nos facilita ese señor tan serio del BCE. Mientras el gobierno español no se decida a ejercer como tal para programar y planificar políticas serias en favor del crecimiento, no vale la pena seguir elucubrando vanamente con los panes y los peces de los semestres siguientes.

Dimisión del Estado en Iberia

Y es el ejercicio del poder público el que también se echa en falta en el caso de Iberia al que ya me refería hace poco- El ERE de Iberia y Bankia-, compañía estratégica por antonomasia, más en un país turístico de primer orden. Tras meses de dimes y diretes, nadie le pone el cascabel al gato y todo parece indicar que Iberia, como si fuera una res nullius va a ser depredada por su socio extranjero. El daño no solo puede ser inmenso para la propia compañía, sus empleados y sus clientes, sino también para todas las infraestructuras aeroportuarias españolas. Un despropósito, se mire como se mire. Y el gobierno, ante ese reto, se limita a responder con el establecimiento de servicios mínimos por las huelgas convocadas ¡Menuda visión estratégica! En mi opinión, no es lo que puede esperarse del gobierno en un caso así: debería dejarse de templar gaitas y expropiar la compañía, cuyo control nunca se debió dejar de perder. Total, un Decreto-Ley más no importa, y luego se hace lo que haya que hacer para defender los intereses de nuestro país. Es lo que hacen los ingleses con su City de Londres o cualquier país que cuide su patrimonio. Rendirse y entregar una pieza capital del tejido empresarial y estratégico español por temor al qué dirán es lo peor de lo peor.

En fin, la semana entrante se producirá el debate de política general, me niego a utilizar la denominación paleta del estado de la nación, en el que el gobierno nos contará sus planes, si es que tiene algunos distintos al de procurar su supervivencia en el mar de la podredumbre. Oiremos y estaremos atentos a lo que digan los grupos parlamentarios. Confiemos en que no se regodeen en sus miserias, de las que estamos hartos, y haya alguno que levante bandera en favor del cambio real, sin perder el tiempo con los que ofrecen más de lo mismo y promesas vanas de recuperaciones fantasiosas.


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