Res Pública

Retirada a los cuarteles de invierno de Andalucía y Madrid

Vaya por delante que no me creo ninguna de las estimaciones de voto de las encuestas, porque hay que reconocer que, ante las contradicciones entre las opiniones de los encuestados sobre la situación general y las intenciones de voto, los sociólogos tienen que hacer malabarismos para presentar el cuadro final. Es lo que hicieron con motivo de las elecciones europeas de mayo pasado y la realidad fue la que fue. De todas maneras, sí parece que los dos partidos principales, PP y PSOE, van a continuar su declive y da la impresión de que sus mentores principales así lo van asumiendo hasta el punto de que sus objetivos se centran en lograr un refugio confortable en los cuarteles de invierno hasta que pasen los malos tiempos y las aguas vuelvan a su cauceEl PSOE lo va a intentar en Andalucía y el PP procurará hacer lo propio en Madrid. Eso no supone que se desatiendan las restantes regiones sino que la prioridad máxima pasa por las dos citadas que son las que garantizan poder e influencia, teniendo en cuenta que Cataluña y el País Vasco están perdidos definitivamente para la causa bipartidista.

Para el PSOE Andalucía es su refugio natural, ya que en esa región lleva más de tres décadas de dominio casi absoluto y ha modelado una sociedad maleable y proclive al continuismo

Mantener deslucido el bipartidismo en Andalucía

Para el PSOE Andalucía es su refugio natural, ya que en esa región lleva más de tres décadas de dominio casi absoluto y ha modelado una sociedad maleable y proclive al continuismo. Es verdad que se trata de una característica más arraigada en las zonas rurales, que son importantes y pobladas en la región, y menos sólida en los ámbitos urbanos, pero el conjunto final es lo que importa y, con la ayuda inestimable de la provincia de Sevilla, resulta posible pensar que la capitana socialista mantendrá el cetro, aunque sin la fortaleza de sus predecesores. Si es así, esa señora abandonará sus veleidades nacionales y se dedicará a pactar con su gente, como va proclamando a diario. Se supone que esa gente empezará por sus conmilitones de allí y los que puedan llegar de fuera, emigrados desde otros lares menos hospitalarios. El resto de la gente seguirá con su tran tran, edulcorado con el viejo escepticismo de no esperar demasiado de los que mandan. Ahora esa actitud se verá estimulada por los discursos oficiales sobre lo arriesgado que resultaría cambiar a los capataces del cortijo. En este contexto, la noticia es que no fuera así, en cuyo caso se entraría en un escenario que no sólo no aparece en las encuestas, sino que ni siquiera figura en los guiones de los dirigentes políticos y de los medios de comunicación

El PP se conformará en Andalucía con no sufrir una humillación demasiado severa, lo que podría permitirle un pasar discreto allí para centrarse en su querido Madrid, verdadera joya de poder y riqueza con predicamento en el resto de la España no nacionalista. Ellos saben que, si les falla Madrid, nada ni nadie podrá cubrir ese agujero, porque quedarían reducidos al ámbito de la derecha tradicional que, en su día, representó la vieja Alianza Popular. Lo que sucede es que la preocupación por la capital y su provincia es tan intensa que parece obnubilar a los dirigentes populares hasta el punto de promover un escenario entre el sainete y el drama que debe tener asombrados incluso a sus más fieles seguidores. No digamos a los tibios o a los que sean un poco exigentes. Al fin y al cabo, Madrid es una gran conurbación en la que los burgos podridos son prácticamente inexistentes.

Algunos pensarán que España es más que Madrid y Andalucía: claro que lo es, pero, a efectos electorales y para estos viejos caimanes de la política española, los únicos ríos que cuentan ahora son esas dos regiones

Recluirse en ciudadelas es la confesión anticipada de la derrota

Algunos pensarán que España es más que Madrid y Andalucía: claro que lo es, pero, a efectos electorales y para estos viejos caimanes de la política española, los únicos ríos que cuentan ahora son esas dos regiones, una vez que han fracasado en mantener su implantación en Cataluña y País Vasco y andan apesadumbrados en Valencia. Del resto ya se sabe lo que puede dar de sí, incluso con una ley electoral como la existente, porque, con independencia de valorar los comportamientos electorales de siempre y su conservadurismo, no se debe olvidar que la insatisfacción es generalizada, sin ir más lejos ahí tienen las manifestaciones de las víctimas de las riadas del Ebro y de tantas y tantas otras que lo expresan a su manera. Hasta los de siempre podrían dar sorpresas.

En fin, es cierto que a Julio César y a otros caudillos militares la retirada a los cuarteles de invierno les suponía una pausa que, aprovechada inteligentemente, les podría reportar beneficios y victorias. Sin embargo, en política suele ser el prólogo de futuras derrotas, porque recluirse en ciudadelas o cuarteles de invierno, dejando el campo libre a otras fuerzas presuntamente más dinámicas y renovadoras a ojos de la opinión pública, se estaría reconociendo lo que sí se trasluce de las encuestas: que los dos partidos que han gobernado España están perdiendo a chorros el aprecio de los ciudadanos. Y eso es un asunto crucial cuando existe el sufragio universal, ya que no siempre resistir es vencer.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba