Res Pública

Reflexión de los primeros días

La constitución de los Ayuntamientos es un buen motivo para reflexionar sobre la primera cosecha electoral de éste ciclo político de España que, según muchos analistas, puede ser determinante de nuestro porvenir nacional. Y no les falta razón, porque, después de décadas de alternancia, el cuadro conocido se ha transformado en un calidoscopio difícil de desentrañar, ya que la sociedad modelada durante décadas en la levedad educativa y civil se ha convertido, por mor de una crisis sistémica, en un magma compuesto de ira y de exigencias variopintas que, si no se ordenan, podrían amenazar la eficacia de la gestión pública en un momento en el que, a pesar de los daños infligidos, los poderes públicos son casi el único soporte para transitar por el campo de minas sembrado en el país por los abusos y el mal gobierno. Es mucho lo que está en juego: la situación de España, después de los gobiernos de PP y PSOE, es dramática y la savia nueva que aparece en los ayuntamientos y comunidades autónomas debe tomar conciencia de que no estamos en un concurso de improvisaciones y de majaderías. La seriedad y la autoridad son más necesarios que nunca porque ya no hay margen para el fracaso.

Debe preocupar lo sucedido con el concejal de Madrid como botón de muestra de la ligereza en la selección de elegibles

Por eso, debe preocupar lo sucedido con el concejal de Madrid, cuyas bromas son condenables sin paliativos, como botón de muestra de la ligereza en la selección de elegibles y de la falta de energía de la alcaldesa para resolver el problema creado. En mi opinión, las diferencias con las prácticas viciosas conocidas y detestadas tendrían que subrayarse de forma radical por parte de quienes pretenden restaurar la dignidad del poder público y mejorar las condiciones de los ciudadanos. Conviene, pues, que a ese tropiezo no se sumen otros que puedan crear la decepción entre los electores propios y dar bazas a los adversarios para promover un ambiente de polarización aguda en las elecciones generales.

El fenómeno de las plataformas sociales irá más

La imagen de los nuevos ayuntamientos demuestra que una parte de la sociedad, que por razones diversas permanecía alejada de la política, ha decidido participar utilizando una vía distinta a la habitual: las plataformas ciudadanas o agrupaciones electorales, que gozaban de cierta tradición en municipios pequeños y medianos, han aparecido con una fuerza inusitada en las grandes capitales españolas. Por supuesto, en todas esas plataformas existe un núcleo director, pero el fenómeno es probable que vaya a más con motivo de las elecciones generales inmediatas. Y eso me lleva a decir que los núcleos directores o vertebradores de tales plataformas deberán esforzarse en gestionar tanto los perfiles de los elegibles como los proyectos que se ofrezcan, pasándolos por el cedazo del realismo que no significa sumisión a las prácticas, dogmas y comportamientos que han conducido a la crisis nacional. En realidad, me refiero al planteamiento de alternativas fundadas y con actores serios frente a las tentaciones anarquizantes o meramente frívolas tan conocidas en nuestra historia. Aunque sea de Perogrullo, conviene insistir cuando todavía es tiempo de hacerlo.

No trato de apelar a la afirmación de los españoles justos y benéficos que proclamaba la Constitución de Cádiz, porque la condición humana es la que es y sabemos de dónde venimos y cuál es la realidad española, pero en algún momento habrá que empezar a corregir los males; y lo primero pasaría por establecer la exigencia allí donde no la ha habido, desterrando de paso la frivolidad y la improvisación que abundan tanto entre nosotros. Sin esos principios directores, todos los caminos, aunque algunos parezcan distintos, terminan confluyendo en lo mismo y conocido.

La endogamia practicada por las organizaciones partidaria, ha provocado que los mejores se fueran alejando de la política

Durante años hemos comprobado cómo se ha agostado el pluralismo real en aras de lo políticamente correcto, lo que, unido la endogamia practicada por las organizaciones partidarias, ha provocado que los mejores se fueran alejando de la política y del servicio público hasta conseguir que ambos estén en los peldaños más bajos de la valoración social. Desde los primeros escarceos democráticos de los finales de los 70 y principios de los 80, la descapitalización de la política ha seguido un crescendo ininterrumpido, convirtiéndola en el paraíso de los mediocres. Un déficit que se nota en las épocas críticas.

Conseguir que vuelvan los mejores a la política

Ninguna generalización es rigurosa, por eso no hay que dejar de reconocer que, a pesar de los pesares, han permanecido en la política partidaria gentes valiosas, aunque pocas y con capacidad de influencia cada vez más limitada. Esa es la razón de que cuando uno se tropieza con personas así, lo primero que se produce es la sorpresa. Son tan escasas como los urogallos. El otro día me ocurrió al ver en un programa de TV a varios de los nuevos alcaldes y uno de ellos, el reelegido alcalde de Santander, me pareció, por las cualidades que mostró, a años luz de sus nuevos colegas y no digamos de los dirigentes de su propio partido. Otro ejemplo que nos indica que la tarea debe consistir en que lo que ahora es excepcional llegue a ser lo normal o casi, si hablamos de cambiar España.

Se impone la necesidad de que los que pretenden restaurar la dignidad del poder público y atender las demandas sociales sepan con qué recursos cuentan y cómo administrarlos

Hay muchas necesidades y problemas que no pueden enfrentarse a la vez. Nuestros déficits no se cubrirán de la noche a la mañana, pero de las elecciones, de sus resultados y de los ayuntamientos recién constituidos hay que extraer consecuencias y aprender la lección de los primeros errores. Las prisas por participar en las elecciones y los aluviones de gentes nuevas incorporadas pueden justificar errores comprensibles, aunque alguno como el del concejal de Madrid no pueden aspirar a la comprensión, pero sobre la base de la comprensión y de la tolerancia de las que el pueblo español ha dado ejemplos abundantes con los dirigentes que ha tenido, se impone la necesidad de que los que pretenden restaurar la dignidad del poder público y atender las demandas sociales sepan con qué recursos cuentan y cómo administrarlos, porque lo que se ventila en la consulta electoral de otoño es el porvenir del Estado democrático en España.


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