Res Pública

Provisiones bancarias, rescate... y dos huevos duros

La saga de la reestructuración bancaria de España, rescate incluido, se va convirtiendo en una comedia de los Hermanos Marx, de ahí el título. La diarrea legislativa sobre la materia, con el añadido de las condiciones del rescate, amenaza con deshidratar al sector bancario al que, con una economía deprimida, no le quedará otra alternativa que ponerse en manos del Estado o vaya usted a saber: los anuncios ininterrumpidos de más provisiones, unidos a las opiniones del FMI y a las que pueden resultar de los famosos evaluadores extranjeros, está aumentando el caos en las finanzas españolas y distrayendo a muchos de sus gestores de las tareas de un negocio que requiere toda la atención, por encima de otra clase de experimentos. El caso Bankia y su tratamiento, epicentro del terremoto, es, a mi juicio, el paradigma de los errores acumulados y de la falta de proyectos para resolverlos. El espasmo del rescate, cuyas condiciones se desconocen cuando esto se escribe, es una buena muestra. Entretanto llega el momento para comentarlo y plantear las consecuencias políticas y parlamentarias del mismo, convendría extraer lecciones de la suma de despropósitos, pensar, aunque sea cinco minutos, y dejar ya de improvisar, si no queremos hundirnos irreversiblemente en el descrédito y la desconfianza.

Los errores y el rescate

La penosa historia de estos años parece no tener fin, antes se decía que en el semestre siguiente se vería la luz, ahora ya hemos pasado a que dentro de dos años y, mientras tanto, más madera o más Europa, otro señuelo que se pone en circulación para ocultar la vaciedad de nuestro proyecto doméstico. Y ese pastel se va adornando con medidas variopintas y poco realistas que tienen confundidas a las aficiones propias y ajenas. Cualquier observador lejano del ruedo ibérico nos diría que no hagamos caso; ya querríamos, pero no es posible, porque son nuestras vidas y haciendas las que están en juego y puestas a merced de unos señores que parecen no dar pie con bola. Y no es un chiste, aunque lo parezca, tampoco creo que sea exageración, a los hechos me remito. Como decía El Padrino, han recibido una oferta que no podían rechazar: el rescate.

Sobre el asunto de las nuevas provisiones bancarias y de los propósitos de construir un oligopolio bancario privado en detrimento de nuestro tejido económico y al servicio de la exclusión financiera, qué más se puede decir, salvo no perder la esperanza de que por la fuerza se alumbre una banca pública capaz de ejercer de contrapeso para aliviar la larga travesía del desierto de la economía española. El préstamo europeo, del que responderá toda la nación, debería obligar a ello y a convencerse de que las sucesivas entregas de carnaza legislativa para restaurar un mínimo de confianza han resultado baldías. Por eso, del papel mojado de las medidas anteriores que nos han conducido al fracaso, habrá de surgir un proyecto, más prudente y realista, que parta del conocimiento de los medios con que contamos, sin seguir sobreactuando en la materia, para no poner en almoneda a nuestro sistema crediticio. Después del pecado de los errores, que tan caros nos van a costar a los españoles, el propósito de enmienda.

Cambiar el rumbo

Como se dice coloquialmente hay que cambiar el chip, analizar entidad por entidad como empresa en funcionamiento, comprobar los diferentes modelos de negocio, qué recursos se generan para ir amortizando las pérdidas ciertas que habrá que separar de las esperadas etc., todo ello con el fin de preservar aquellas empresas bancarias que cumplan unas condiciones mínimas de desenvolvimiento para asegurar el crédito de su clientela. Ese debería ser el objetivo en términos de país que, probablemente, podrá encajar con facilidad en un escenario previsible de medidas proteccionistas que reaparecerán en Europa. La UE está sufriendo como nadie las consecuencias nefastas de la globalización dirigida por el capitalismo financiero. Sólo algunas potencias centrales europeas, con larga tradición de capitalismo industrial, han podido resistir el vendaval. Nosotros no y ahora, por nuestras carencias, estamos en la lista negra. Seamos conscientes de ello y no sigamos trabajando para el enemigo. Hay que abrir un horizonte distinto y esperanzado sin nuevos subterfugios y huidas hacia adelante.

La dignidad del Banco de España

El nombramiento del nuevo gobernador, Luis Linde, persona capaz y con criterio, que conoce perfectamente la institución, supone un hálito de esperanza en medio de la turbamulta que nos tiene sobrecogidos. Me imagino que, entre sus actuaciones inmediatas, esté recuperar para el Banco de España su papel central en el tratamiento de la crisis bancaria en estrecha colaboración con el FROB, para hacer el mejor uso y gestión de los recursos públicos que se empeñen en ella. Serán años difíciles, que nadie piense en plazos cortos, en los que la gestión pública deberá reivindicar el papel perdido, que ningún otro agente ha sido capaz de cubrir durante esta larga crisis financiera. El rescate europeo disipara las dudas de aquellos a los que se les llenaba la boca con la apelación al sector privado. Ni está ni se les espera. El Estado es el mayor responsable del sistema crediticio y tiene que asumir las consecuencias.

Si a todo lo anterior se suma una actuación reglamentaria realista en materia de provisiones por parte del Banco de España, distanciada del atropellamiento normativo imperante, nuestro sistema bancario podrá dedicarse a trabajar, sin estar pendiente cada día de las políticas zigzagueantes y apresuradas, también inconsistentes, que nos han conducido al estropicio actual. Ya hemos cruzado el Rubicón.


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