Res Pública

Preparar las elecciones constituyentes

Las elecciones del 25 de mayo han sido las primeras nacionales desde noviembre de 2011 y todo el establishment político y mediático las ha planteado como una toma de pulso del ánimo de la nación. En realidad, la pretensión última del Gobierno era la de considerarlas un referéndum encubierto, dada la dimensión nacional de la convocatoria, para validar las políticas practicadas y dar vigor al mantenimiento del statu quo. Desde el punto de vista político, los resultados han sido absolutamente contrarios a lo pretendido por quienes vienen disfrutando, y no pocas veces abusando, del poder. Por supuesto, habrá lecturas variadas sobre lo sucedido en España, pero hay una que no se debe escamotear a la opinión pública: la composición de las Cortes Generales no responde a lo expresado por la nación en las urnas y en democracia la única opción para superar la crisis representativa es convocar elecciones generales. Ya sé que eso no va a suceder inmediatamente, pero sí parece que deba iniciarse el recorrido constituyente en el que desde la derecha a la izquierda habría que elaborar las propuestas de cambios a debatir en las próximas Cortes. Y cuanto antes se haga, mejor, porque alargar el desbarajuste político e institucional, que son evidentes después de conocer la opinión de la soberanía popular, añadirá más dramatismo e incertidumbre a la política española de los meses próximos. Para huir de la entropía hay que ponerse manos a la obra y evitar males mayores.

El paro y la pobreza tienen consecuencias políticas

Desde que empezaron los males económicos hace siete años, que para millones de españoles suman una eternidad de privaciones y de disgustos, se ha ido desmoronando el tinglado de la farsa que ha dominado el modelo de la España de la Transición. Los dirigentes del país han desdeñado una y otra vez los avisos de la opinión pública y, a falta de planes propios, se han venido refugiando en que había que hacer lo que se señalaba desde Bruselas sin discusión alguna. El entreguismo de los gobiernos españoles con esas directrices, acentuado desde mayo de 2010, junto con elevados grados de desidia, corrupción e incompetencia, está en el origen de los estragos sociales y políticos que se manifiestan en el mapa electoral del país. Se han creado millones de parados y la pobreza se ha extendido entre la población. El INE acaba de publicar que el 27% de españoles está en riesgo de pobreza y el Papa Francisco se ha referido a la tragedia del paro juvenil, citando expresamente a España. Los que tradicionalmente eran abstencionistas, sobre todo los jóvenes, han decidido votar y lo han hecho con gran estruendo.

El éxito de Podemos ha producido un desasosiego general, incluso en la propia izquierda, pero, si se observa con objetividad cuál es la realidad social de España, qué tipo de voto se podía esperar de las gentes más débiles y castigadas. Son las cosas del sufragio universal. Además de todo eso, no hay que olvidar el agujero negro producido por la inanidad del PSOE que ya ha dejado de ser la referencia de la izquierda y que, probablemente, entrará en barrena sin norte ni guía. Su porvenir es el de la falsa moneda, así que no vale la pena perder el tiempo en sus primarias y sus congresos.

De momento, en la izquierda se observa el nacimiento de opciones nuevas que intentan responder a las angustias de colectivos importantes con mensajes de ruptura del statu quo. Son los objetivos de los nuevos descamisados de la crisis que, lógicamente, deberán confrontarse con aquellos otros que surjan de zonas políticas más templadas del país, me refiero al centro izquierda y a la derecha democrática, aceptando todos ellos la necesidad del cambio del modelo político y económico que nos ha llevado a una crisis sistémica aparentemente sin salida. En eso hay que poner el foco para estimular el nacimiento de alternativas creíbles en vez de dedicarse a lamentarse y a asustar con el demonio del joven Pablo Iglesias. Este atiende a sus colectivos, cada vez más numerosos, los demás tienen que hacer lo propio con los suyos, que les han dado la espalda.

Necesidad de proponer cambios en vez de lamentarse 

Precisamente, lo que debe preocupar es que el conformismo y la dejadez de los tirios y troyanos del régimen pueda dejar el terreno de juego sólo en manos de quienes sí tienen una apuesta política legítima desde la izquierda, sin contrapeso alguno por parte del centro y de la derecha. Y ése es el escenario desequilibrado que puede abrirse en los meses venideros si se mantienen las políticas fracasadas y se ignoran las demandas de regeneración y transparencia, reclamadas insistentemente por las castigadas clases medias urbanas que van perdiendo sus referentes en la política nacional. Si a ello se suma la subida de atmósferas de la cuestión catalana, que es la versión de la ruptura desde el nacionalismo, el cuadro del país no es muy halagüeño que digamos.

Yo no sé qué pasará por la cabeza de los que están al frente de las instituciones, empezando por la Jefatura del Estado y el Gobierno y terminando por el último presidente de Audiencia Provincial. Tampoco sé qué se piensa en los grupos del poder económico y financiero. Me temo que unos y otros están con las décimas del PIB, atendiendo las insensateces del FMI y felicitándose de lo bien que se coloca la deuda creciente a precios baratos, mientras la nueva burbuja financiera alegra los mercados de valores sin apenas repercusión en la economía productiva. Mientras tanto, el país sigue decayendo y las gentes de toda condición dicen con su voto modesto o su abstención consciente que no y que no.

Si estuviera en el lugar de los mandamases estaría promoviendo la constitución de un Gobierno, integrado por 10 o 12 personas honorables y expertas, para elaborar un plan de restauración económica y de reestructuración de la deuda para llevarlo a las descalabradas instituciones europeas en petición de su ayuda. Y en paralelo, proponer las bases de un nuevo orden constitucional y electoral que intente recuperar al Estado y a la democracia en beneficio de los ciudadanos. La convocatoria de elecciones constituyentes en unos meses sería la conclusión de la primera fase que debería culminar con lo que las Cortes decidan finalmente. Puede que sea hablar por hablar, pero el autismo o simple inmovilismo de los que están al mando ya sabemos adónde nos conducirá.


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