Res Pública

Podemos y la vieja política

Se ha escrito mucho sobre Podemos, que parece ser el fenómeno más interesante del caduco escenario político español. La inteligencia de los líderes de esa nueva fuerza ha sido la de resaltar la caducidad de lo existente ante los ojos de millones de españoles que, abatidos y descreídos, pensaban que la vieja política, con sus vicios y sus corrupciones, no desaparecería de nuestro país. Tenían motivos para ello, al contemplar la inmunidad y la impunidad con la que se desenvuelven personajes y responsables públicos que, en otros lugares democráticos, haría largo tiempo que hubieran desaparecido de la escena. Los ejemplos son desbordantes, sólo con echar una mirada a los procedimientos judiciales significados – Gürtel, Bárcenas, ERES etc., etc.- se comprenderá el pesimismo del cuerpo social que suele concluir con el “aquí no hay nada que hacer”, tan español y demasiadas veces tan verdadero.

Por eso, en éstos días agosteños cabría reflexionar sobre si estamos asistiendo al agostamiento de la vieja política, que tantos males ha causado y sigue causando al país, o si simplemente la aparición de Podemos es el epílogo de una historia, malamente contada durante años, que se acerca a su final. Final de una política, pero ¿principio de algo mejor? Eso es lo que está por escribir, pero, como se hace camino al andar, los primeros pasos han despertado la ilusión de muchas gentes y sería mezquino no reconocer el mérito de esos jóvenes ilustrados que desean hacer algo por sus compatriotas.

La reacción de los damnificados de la vieja política

La convicción de que no estamos bien gobernados y de que vamos dando tumbos sin saber hacia dónde es uno de los pocos consensos que se extraen de las encuestas sociológicas. Cuando se torció la economía, en otro agosto de hace siete años, se fue descubriendo amargamente la impostura de los años del oropel financiero y de la democracia española. Primero incredulidad, luego sorpresa y después, a falta de otros resortes, la política nacional, la vieja política, se atrincheró en el poder y en el engaño para mantenerse. Y a fe que lo han conseguido hasta ahora, pero el precio ha sido tan exorbitante que la inmensa legión de pobres creada, parados, jóvenes y clases medias, en vez de llenar las calles con sus protestas, que era lo esperado y puede que lo deseado por el poder para buscar coartadas a su permanencia, ha optado por utilizar sus votos, casi lo único que les queda, para provocar el fin de la vieja política.

De momento, el objetivo fundamental es encauzar el río del descontento cuando se abran las compuertas del inmenso embalse de la insatisfacción

De momento, el objetivo fundamental es encauzar el río del descontento cuando se abran las compuertas del inmenso embalse de la insatisfacción. El cómo se gestionará el después habrá de responderse con el esfuerzo y el concurso de voluntades de todos aquellos que no van a permitir que se malogre una empresa que, a día de hoy, nos parece a muchos un reto titánico. Porque cambiar España siempre lo ha sido, más de doscientos años de zozobra constitucional nos contemplan, pero alguna vez deberá conseguirse. La audacia de la pretensión merece respeto, porque parecía impensable su nacimiento en una sociedad tan desvalida y desvertebrada. Como todo lo nuevo, suscita aprensión y rechazo, pero también adhesiones de quienes ya no creen en lo existente. La bandera levantada por Podemos acumula seguidores en todas las regiones españolas desde Barcelona hasta Cádiz, porque su discurso es nacional. Tendría gracia que ese discurso sea el que desbarate los alarmantes signos de desintegración territorial de nuestro Estado. Piénsese en ello, porque, sin duda, la controversia está servida.

La utopía del Estado social y democrático de derecho

Los poderosos detractores de la nueva fuerza emergente no se paran en analizar el porqué de su nacimiento y pasan directamente a descalificarla por utópica y populista. Sin negar que tenga ingredientes de ambas cosas habrá que preguntarse en relación con qué son utópicos o populistas, porque pedir el cambio de modelo político y económico, cuyos “éxitos” son conocidos, y la mejora de las condiciones sociales con los instrumentos de la democracia es lo que marca la diferencia con las propuestas febles de los instalados, que comulgan a diario con los dogmas que nos han conducido a la desolación. En cualquier caso,resulta vano pretender juzgar los propósitos de Podemos con los estereotipos de la vieja política: ellos quieren abrogarla y crear un modelo cercano a los intereses de los más para cumplir con el precepto constitucional del Estado social y democrático de derecho. Puede que sea utópico, como lo demuestra el hecho de que ese precepto se está incumpliendo descaradamente, pero el intento vale la pena.

Conforme Podemos vaya madurando al calor de las realidades fatídicas con las que nos seguirán obsequiando los gobernantes, tendremos ocasión de opinar sobre sus propósitos. Ahora es el tiempo de resaltar su arrojo y su conexión con los damnificados por la crisis española y el fracaso de la vieja política. Las imágenes de los portavoces de ésta, sus ruedas de prensa, sus controversias de salón, los despachos veraniegos de Marivent, las regatas de Palma etc., etc., van adquiriendo los tonos sepia de las fotografías antiguas que esperan su turno para ir al desván familiar o, en su caso, a la Biblioteca Nacional. Nos gobierna un universo de muertos políticos vivientes, que no son conscientes de su condición y que piensan en mejores amaneceres, gracias a los juegos malabares con las estadísticas. Sin embargo, la nación únicamente espera celebrar sus exequias cuando tengan a bien consultarla.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba