Res Pública

Entre Podemos y la Guardia Civil

Así veo estos finales del Régimen del 78 de los que empiezan a hablar hasta sus propios sostenedores. Políticamente, el movimiento Podemos se vislumbra como el instrumento más destacado para dar el papirotazo a los decrépitos partidos gobernantes y fuera de la política, la Guardia Civil, con la profesionalidad característica del Cuerpo, sigue sacando el lodo acumulado en las cañerías del poder público, coadyuvando así a la tarea de restaurar el crédito del Estado, tan maltrecho por los abusos y por los desprecios a los servidores profesionales del mismo. El denominador común es que tanto Podemos como la Guardia Civil, cada uno en su ámbito, están cercanos a la realidad, los unos haciéndose eco de los sinsabores de la sociedad y proponiendo sus remedios, y los otros, conocedores de las mil y una corrupciones, deseosos de poner en manos de la Justicia a cuantos más corruptos mejor. Si, a causa de ese celo profesional, resultan dañados los partidos gobernantes, será en el terreno de la política y del sufragio donde se determinará el alcance de los daños. Por lo que vamos observando, pueden ser cuantiosos, y no es para menos.

Sin respuesta de los partidos gobernantes

Desde que emergió Podemos he venido sosteniendo que todos los actores políticos, empezando por el Gobierno, debían haberse aplicado a analizar las causas del nacimiento de esa fuerza política y, en consecuencia, decidir cómo enfrentarlas, buscando respuestas satisfactorias para los millones de españoles disconformes con su situación y la de la nación en general. Han pasado varios meses y nada de eso ha sucedido: el desempolvamiento de clichés viejos y de discursos vacíos es lo que escuchamos a diario hasta el punto de provocar vergüenza ajena sobre el nivel de la controversia política.

Ya se ve que el disfrute omnímodo y continuado del poder, casi cuarenta años, por parte de los dos grandes partidos hegemónicos los ha sumido en una molicie que les impide palpar la realidad hasta el punto de creer que los ciudadanos están al servicio de las instituciones, por muy ineficaces que sean éstas, y no al revés, que es lo propio de las sociedades abiertas y democráticas. Cuando conviene se echa mano de los reglamentos o de la Constitución, como si fueran la Ley de las XII Tablas de Roma, ejemplo sin par de rigidez que, eso sí, el genio romano atemperó con las doctrinas contenidas en los abundantes edictos del Pretor Peregrino. Aquí no hay atemperamiento que valga, si acaso incumplimientos, también cuando conviene.

A lo más que llegan es a entonar las cantinelas de la juventud o de lo femenino de los dirigentes para cifrar en ello las esperanzas de su redención política. De paso, cuando la corrupción aprieta, se sueltan los latiguillos de que el Estado de Derecho funciona y que hay que dejar actuar a los Tribunales. Y sigan las firmas. Lógicamente, al contrastar todo esto con la realidad, no hace falta ser un sociólogo experimentado para vaticinar la expresión electoral de los españoles cuando les convoquen a urnas. Si encima, la Guardia Civil continúa su trabajo y empieza a llenar los juzgados, el espectáculo puede ser de los que hacen época. Ya es significativo que ni el ministro del ramo ni el director general del Cuerpo se hayan pavoneado de la operación Púnica. La impresión es que los investigadores han  hecho uso de su autonomía para llevar a término sus trabajos, soportados por las pruebas que hayan obtenido.

Desde mi punto de vista, lo más lacerante de la trama descubierta es que ha crecido en pleno mandato de éste Gobierno, con la eclosión de las subidas de impuestos y la extensión de los recortes sociales. Cuando se lo comentaba a un politólogo amigo, su reflexión demoledora fue ¿por qué iban a parar? Ya se ve que el desánimo y la desconfianza echan raíces.

La confianza en la Guardia Civil

La Guardia Civil tiene una historia de más de siglo y medio y además de reconocer su profesionalidad no se le puede negar su conocimiento de la realidad de España: están en las calles, en las carreteras, en los campos, en los puertos y en el mundo más sofisticado de la cibernética. Por tanto, conocen cuál es el pulso de la nación y cuanta es la indignación por las corrupciones crecidas en los aledaños del poder público con la complicidad de algunos servidores del mismo y la inhibición de otros. Y es lógico que su interés investigador se estimule, desde la frialdad analítica y la neutralidad política, en beneficio del saneamiento tan proclamado y tan poco practicado. En resumen, procuran poner letra a la música de la transparencia y de la regeneración, que nunca termina de concretarse. Los descendientes del Duque de Ahumada ya lo hacen y habrá que seguir sus actuaciones futuras.

En fin, los asuntos de España van como van, todos somos conscientes de que esto no marcha y que se requiere tener unas cuantas ideas, pocas y claras, así como ambición de llevarlas a término suscitando el concurso de los españoles. Esa será la tarea de los que consigan la victoria en las elecciones, Podemos u otros, que para su tranquilidad y la de todos nosotros sabrán que la Guardia Civil, institución benemérita del Estado, está al servicio de la salud pública.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba