Res Pública

Ojalá fuera verdad

Que se acaba la depresión, que llega el dinero a espuertas y que podemos mirar hacia adelante, sabiendo que estamos en buenas manos para lograr la llegada al oasis de la recuperación. Nada haría más felices a los millones de familias castigadas por los sinsabores del paro, por la amenaza de exclusión social y por la degradación de los servicios públicos; y nada agradecerían más las nuevas generaciones, deseosas de incorporarse al mercado de trabajo en condiciones de dignidad y de estabilidad. Porque supongo que es a ellos a quienes se dirige el mensaje de la esperanza y del olvido de los males que ahora sufren, para que su paciencia no se agote, especialmente ahora que se acerca un tiempo en el que habrá que ejercer uno de los pocos derechos, el sufragio universal, que todavía no ha sido sometido a revisión. Pero todo se andará si la gente se empeñase en desalojar del poder a los principales causantes de sus males, eligiendo a otros protagonistas que pretendan cambiar los dogmas y estereotipos que han configurado las políticas europeas y españolas de las últimas décadas.

Vuelta a las andadas de la economía financiera

La macroeconomía financiera vuelve a adueñarse de todos los mensajes sobre el estado de la economía, es decir, volvemos a las andadas, como demostración de que las tesis del capitalismo financiero, incorporadas a la cultura europea continental desde principios de los años 90 del siglo pasado, recuperan el lustre perdido a raíz de la quiebra de Lehman Brothers en el otoño de 2008. En estos cinco años, los adalides del capitalismo financiero se retiraron a sus cuarteles de invierno, encargando a los estados y a los bancos centrales la tarea de suministrar oxígeno público a los sistemas bancarios, garantizando su liquidez para estimular el negocio con la deuda emitida por los propios estados. Los campeones del mercado y de lo privado han logrado mantener sus cuentas de resultados, gracias a la magnanimidad, rayana en la connivencia, de las instituciones públicas, convertidas en instrumentos al servicio de aquellos. El que tenga dudas, que se tome la molestia de analizar los rescates, la conversión de deuda privada en pública y el crecimiento de los balances de la Reserva Federal, del BCE y, recientemente, del Banco de Japón.

Gracias a todo eso y a las dudas sobre la solidez de los países emergentes, el dinero caliente vuelve a poner el foco en las regiones tradicionales, USA, UE y Japón, iniciando un ciclo expansivo, de carácter estrictamente financiero que, contra lo que algunos piensan, no generará riqueza, sólo beneficios para las minorías que controlan los sacrosantos mercados y por ende a la mayoría de los Gobiernos. La pregunta que cabe hacerse es si la estafa colará de nuevo, con unas opiniones públicas encolerizadas por el maltrato de que son objeto y aparentemente dispuestas a romper la baraja de lo políticamente correcto. En este caso, la mirada cercana se centra en Europa por la inmediatez de las elecciones al Parlamento Europeo y por haber sido la UE el banco de pruebas de todos los recortes habidos y por haber, sin que éstos hayan logrado parar la desindustrialización ni la competencia de otras regiones, por causa de un entendimiento falaz del libre comercio. Para entendernos, globalización financiera descontrolada e ignorancia culpable del mantenimiento y regeneración, en su caso, de los tejidos productivos nacionales. De esto, ya sabemos en España, donde la desertización industrial avanza de forma exponencial: los emblemas industriales van cayendo uno detrás de otro, con todo lo que arrastran tras de sí.

La recuperación de las personas tendrá que esperar

Creo que es conveniente analizar lo que está sucediendo, o a punto de suceder, para no dejarnos envolver en la propaganda viciada que persigue poner puertas al campo del malestar o lo que es peor en el caso de España, dar por perdidos millones de puestos de trabajo y confiar en que las familias y Cáritas o la Cruz Roja cubran la creciente dimisión del Estado en la materia. De hecho, los presupuestos públicos que se discuten estos días así lo señalan: disminuyen las dotaciones del paro aún previendo que éste seguirá creciendo. A partir de ahí, que cada cual saque sus conclusiones, teniendo presente que hablamos de personas que aspiran a la dignidad y al trabajo. Si se les niegan ambos, es lógico que intenten utilizar su voto, que es lo poco que les queda, para conseguirlos. Será complicado, pero esa hipótesis de rechazo al status quo sí está en la agenda de los que mandan y, por eso, la propaganda va a ser atronadora. Al tiempo.

En fin, el debate presupuestario ha tratado de salidas de túneles, de luces en el horizonte, de que los sacrificios no han sido en vano etc., etc. Pero nadie ha hablado de las familias españolas, la única red de seguridad que queda después de las clamorosas renuncias del Estado. Entre unos y otros lo han transformado en algo parecido a una res nullius, objeto de desprecio, incluso por los que estarían más obligados a respetarlo; me refiero a los gobernantes que han hecho almoneda de él, a mayor gloria de los que se las prometen nuevamente felices, aunque nunca dejaron de hacerlo. Lo cierto es que las volanderas masas de dinero especulativo aletean al olor de las gangas de la privatización de los servicios públicos o de las sobreendeudadas compañías privadas españolas, algunas de mucha solera y campanillas, prestas a conseguir la refinanciación de sus deudas o a encontrar algún caballero blanco que las libere de sus autocarteras. Me temo que la recuperación de las personas tendrá que esperar.


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