Res Pública

Objetivo 2015: ignorar el sufragio universal

Es lo que se deduce de la colección de soflamas producidas por el adelanto electoral en Grecia, aumentando de grados el proyecto del dogmatismo financiero dominante en la UE desde los años 90. En realidad es la locura del pensamiento totalitario, envuelto en el celofán de los mercados, que tiene a la Europa continental como laboratorio gigantesco de sus propuestas y que va a ir in crescendo en la medida en que germinen reacciones políticas frente a la ola de devastación que se ha abatido sobre el modelo social y político europeo. Un modelo basado en el pluralismo y el sufragio universal que se viene encogiendo como la piel de zapa a base de políticas dictadas por la codicia financiera de unos pocos y ejercidas por gobernantes sumisos que han abdicado de sus responsabilidades para con sus electores y naciones hasta el punto de poner contra las cuerdas la propia existencia de la democracia. Como en crisis anteriores, la cuerda de la resistencia social termina rompiéndose y normalmente suele hacerlo en perjuicio de todos; por eso hay que preguntarse si es prudente aceptar acríticamente los mensajes de quienes, después de haber desencadenado el incendio de la inestabilidad social, pretenden invalidar de facto el ejercicio del sufragio universal, que es probablemente lo único que les queda a los pueblos europeos más débiles.

El olvidado primer ministro Papandreu, que se hizo cargo del gobierno griego en otoño de 2009, tuvo la gallardía de poner sobre la mesa los problemas de su país, sin ocultar los engaños estadísticos de sus predecesores

Un poco de memoria de los hechos acontecidos

El problema de las finanzas griegas, nunca resuelto en estos duros años, es la consecuencia clara de querer imponer el proyecto de la Unión Monetaria, pensado por y para los países centrales del Continente, a un país del sur de economía débil y de gestión pública deficiente o viciada. El olvidado primer ministro Papandreu, que se hizo cargo del gobierno griego en otoño de 2009, tuvo la gallardía de poner sobre la mesa los problemas de su país, sin ocultar los engaños estadísticos de sus predecesores, que habían sido asesorados por los golden boys de las finanzas, para pedir la ayuda y comprensión de sus socios europeos. Pues bien, recibió estopa y, cuando se atrevió a plantear la consulta a su pueblo sobre las propuestas de Bruselas, lo descabalgaron del poder y pusieron a Papademos, un tecnócrata del gusto de los mercados. Algo parecido se hizo en Italia, sustituyendo a Berlusconi por el antiguo comisario europeo Mario Monti. A partir de esas actuaciones, la democracia sufrió un hachazo que, ante la falta de mejoras para la mayoría, ha encrespado las aguas políticas con el nacimiento de opciones que traen de cabeza a los aprendices de brujo de las instituciones europeas.

Como la experiencia de los gobiernos tecnocráticos impuestos en Grecia e Italia resultó fallida, desde el verano de 2012 el BCE impulsó una tregua financiera que inyectó oxígeno en los mercados de deuda soberana esperando que los gobiernos del sur de Europa consiguieran enderezar el rumbo de sus países. Pero los destrozos han sido tan grandes y la confianza en los gobernantes es tan poca que el laboratorio europeo se nos aparece hoy falto de recursos para promover el crecimiento económico y dar satisfacción a los millones de damnificados creados. Una verdadera papeleta cuando las legislaturas de varios países tocan a su fin y, aunque disguste a algunos, se acerca el momento de votar.

Habría que definir quiénes son los verdaderos extremistas que, parafraseando a Lenin, afirman ¿votar para qué? En realidad se está jugando con el fuego de un incendio que ya dura demasiado

Los peligros de la arrogancia totalitaria

Por eso, con motivo del adelanto electoral griego, ha salido a la luz el sentimiento totalitario con expresiones como las del ministro de finanzas alemán, Schaüble, diciendo que  “las elecciones no deben cambiar nada” o las del presidente de la Comisión Europea, Juncker, afirmando que quiere caras conocidas y no extremistas. Habría que definir quiénes son los verdaderos extremistas que, parafraseando a Lenin, afirman ¿votar para qué? En realidad se está jugando con el fuego de un incendio que ya dura demasiado.

Con este ambiente, exento de autocrítica y ahíto de la arrogancia del poder, nos adentramos en 2015 temiendo que las cloacas ideológicas europeas van a reverdecer con lo más granado del pensamiento totalitario. Y no lo digo por los débiles airados que pretenden defenderse de tantos atropellos, sino por los que habiendo causado los males se empeñan en mantener las políticas erróneas y en negar el pan y la sal, utilizando el miedo y las amenazas, a las alternativas democráticas que se van enhebrando, porque, con sus defectos e inconcreciones, siempre serán un expediente mejor que las puras y duras  revueltas de las que tenemos una memoria amarga en Europa.

Dar pábulo a mensajes totalitarios que niegan la democracia y las consecuencias de los votos es aceptar la vieja diplomacia de la cañonera, en versión financiera, que degradará aún más los sistemas democráticos europeos ya de por sí debilitados con la excusa de la crisis. Y es sorprendente y descorazonador que declaraciones como las citadas de Schaüble y de Juncker no reciban la respuesta airada que merecen. Es un signo de que la mala salud democrática se acepta como algo natural, olvidando que la alternativa a esa situación es la dictadura de los mercados o de los descamisados. Por ello, merecería la pena que en este año electoral haya una reflexión seria sobre cómo hemos llegado hasta aquí y qué se puede hacer para enmendar las conductas y las políticas que han sumido a las mayorías sociales en la pobreza y en la desesperanza.

¡Feliz Año a todos!


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