Res Pública

Hacen falta más Tsipras para quebrar los dogmas

Es una metáfora: la figura emergente del joven capitán de la izquierda griega da que pensar y obliga a reflexionar sobre la caducidad de las políticas y de los políticos que circulan por Europa, incluida España, en la que han sembrado la desconfianza, el miedo al futuro y la falta de esperanza. Las llamadas fotos de familia de las reuniones europeas tienen los tonos sepia de lo pasado; son gentes decrépitas desde el punto de vista ideológico, con discursos cansinos y monocordes que, probablemente, no se creen ni ellos mismos. Si se lo creen, todavía peor. Por eso, continuando con la referencia griega, parece clara la necesidad de una catarsis. Desde luego, no me cabe duda de que en España tendrá que llegar y ojalá no haya que esperar a estar como Grecia para que suceda.

El sufrimiento y las políticas caducas

El calvario griego se inició en otoño de 2009 cuando Papandreu, ¿quién se acuerda de él?, puso al descubierto los problemas de su país: las respuestas y las recetas que recibió ahondaron la depresión, pusieron en jaque al euro, y en ello seguimos. Los políticos griegos, los Samaras, los Venizelos, los Papandreu, de las viejas familias y oligarquías partidarias han ido dando tumbos, en paralelo con la degradación social y política de su país, incapaces de proponer alternativas. Y aparece un joven ingeniero de 37 años, que empieza a hablar con sentido común, poniendo en entredicho las políticas oficiales y sugiriendo otros caminos para evitar la destrucción de la nación. Alexis Tsipras se ha permitido manifestar públicamente su disconformidad con la manera con la que se están conduciendo las cosas en Grecia y en Europa. Con independencia de sus posiciones ideológicas, lo que me interesa resaltar es la actitud de éste líder que siembra la duda sobre los dogmas para abrir el debate sobre qué hacer, ni más ni menos.

Los españoles llevamos dos años sumidos en el desconcierto, inicialmente atribuible al sinsentido del gobierno anterior, aunque algunos creíamos y así lo expresábamos que nuestra crisis era más profunda, con unos componentes políticos importantes – Tras las elecciones la guerra falsa, El ocaso de la Transición: apertura o bunker-. No obstante, cabía el error y podía pensarse que el simple cambio de gobierno y una mejora de la administración de los recursos, sin cambiar el modelo político, sería suficiente: reaparecerían la confianza y el crédito, y tendríamos la complacencia de esos europeos que tan mal estaban tratando a los pobres griegos.

Nada de eso ha ocurrido, la perplejidad se ha adueñado del gobierno, que sí se había creído lo anterior, y la desmoralización va haciendo presa hasta en los espíritus más optimistas. El mazazo de la crisis de Bankia ha sido la gota que colma el vaso. A pesar de ello, la actitud oficial, cuando esto se escribe, es la de espera de las sucesivas instrucciones de Berlín o Bruselas para, con la “ayuda” de consultores extranjeros, manejar el lío en el que estamos. En suma, seguir en brazos de las políticas color sepia, cuyo fracaso es notorio, sin adoptar iniciativas autónomas y nacionales para diagnosticar nuestras carencias y necesidades, y actuar en consecuencia.

La ruptura de los muros de cartón piedra

Es verdad que cuesta dar el paso al frente para romper los muros fabricados por las doctrinas oficiales y la impostura de rigor con las que se acompañan. Son, en mi opinión, puro cartón piedra al servicio de intereses no siempre confesables: lo que está sucediendo en Grecia a la vista de todos nosotros, la humillación y el empobrecimiento de todo un pueblo, me recuerda a la Europa paralizada de hace quince años cuando la guerra de los Balcanes. Siempre se cree que es un problema de otros, de hecho aquí se repite constantemente que no somos Grecia, aunque algunos nos tratan como si lo fuéramos. Por eso es urgente reaccionar contra el fatalismo y la debilidad gubernamental. De la crisis tienen que surgir otros dirigentes y otras propuestas, que piensen en las personas y en sus derechos y que inunden de oxígeno vivificador el ambiente viciado de nuestra vieja política, que tiene ya menos fuerza que una gaseosa.

De aquí a las elecciones griegas del 17 de junio, si no se ven yuguladas por un Golpe de Estado que podría ser tolerado por la UE en nombre de la estabilidad, iremos oyendo las propuestas de los políticos emergentes y asistiendo al rasgado de vestiduras de los que, como el rey desnudo, no tienen nada que ofrecer ante los problemas creados, en su mayoría, por ellos mismos. Todo su presunto armazón doctrinal se resquebraja cuando los Tsipras de turno les ponen frente a sus carencias y a sus prosaicos intereses. Hay que prestar atención, y los españoles con mayor motivo.


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