Res Pública

Lo de Grecia exige opinar y pedir responsabilidades

No sólo los griegos que, con referéndum o sin él, ajustarán cuentas con su gobierno y de paso con las instituciones europeas. También los ciudadanos de la Unión Monetaria deberíamos opinar y exigir responsabilidades a quienes imbuidos de una arrogancia incompatible con los usos democráticos y parapetados tras la jerga financiera están poniendo a nuestras naciones en un trance de consecuencias imprevisibles. Los convulsos años vividos a cuenta de la ejecución de políticas erróneas, cuyo objetivo ha sido desmantelar el sistema de derechos y de valores sobre los que se asentaba el proyecto europeo, parecen concluir con el referéndum griego que, se celebre o no, ha abierto un capítulo más incierto aún de la historia europea. El sentido común hace años que desapareció en Bruselas y en Francfort, plagadas ambas capitales de burócratas distinguidos que levitan sobre la realidad, pero creo que no ha desaparecido del todo en Berlín y en París, por lo que es de esperar que se consiga encajonar al toro griego escapado del corral y que, una vez conseguido ese objetivo, se entonen los mea culpa y los culpables desaparezcan de la escena para dar paso a otros modos y políticas que permitan salvar el proyecto comunitario.

Guerra en el sentido bélico no ha habido, pero las bombas financieras han sembrado el Continente, y a Grecia en particular, de problemas de todo orden

Hay que ir más allá del juego financiero

Lo primero que conviene señalar es que ésta no es una película del oeste donde hay buenos y malos, sino un episodio de política europea en el que un país pequeño que ha vivido toda clase de experimentos de gobierno ha decidido ponerse en manos de un gobierno distinto y probar fortuna, intentando cambiar el marco económico y financiero que les tiene sumidos en la calamidad. Pero tal empresa entraña riesgos cuando tus socios y prestamistas no quieren ir más allá del juego financiero y evitan entrar en un proyecto de reconstrucción del Estado heleno, que incluya el plan de inversiones para desarrollar la economía. Algo que no es disparatado y que es lo que suele hacerse después de sufrir catástrofes o guerras. Guerra en el sentido bélico no ha habido, pero las bombas financieras han sembrado el Continente, y a Grecia en particular, de problemas de todo orden.

Para el gobierno griego carecía de interés continuar con la farsa de aumentar la deuda, incrementando los apuntes de la misma en la barra de hielo para que esos activos sigan luciendo impolutos en los balances de sus tenedores. Pero los de Atenas, un poco ilusos, querían romper con esa práctica y dar entrada a la formulación de objetivos diferentes, que creían más útiles y constructivos para sus compatriotas y puede que para otros socios de la Unión. En los meses transcurridos en negociaciones sin fin se ha demostrado que las uvas estaban verdes y el gobierno griego ha llevado el asunto a un terreno tabú en los usos comunitarios: que voten los griegos. Y ahí ardió Troya y hasta es posible que voten que sí en contra de lo propuesto por su gobierno, aunque los administradores del sí no tendrán más remedio que entrar a considerar los objetivos que no se han tenido en cuenta durante las negociaciones rotas el fin de semana pasado. En mi opinión, tanto el sí como el no abrirán la puerta a la revisión de aquello que se está demorando en demasía en perjuicio de la salud y supervivencia del euro.

Aunque lo haya hecho de forma abrupta, el gobierno de Atenas ha abierto el debate no tanto sobre su rescate como sobre la arquitectura del euro

Abierto el debate sobre la arquitectura del euro

Se esté o no de acuerdo con apelar a los votantes en materias complicadas, siempre será mejor que prescindir de ellos para adoptar decisiones cuya ejecución pueda poner en riesgo la estabilidad social y los valores de la democracia, porque eso es precisamente lo que viene ocurriendo en Europa, aunque se quiera hacer oídos sordos a las aguas turbulentas que circulan en la mayoría de los países. En los más ricos, los del Norte, porque no quieren seguir aportando fondos al proyecto común y en los menos ricos o pobres de solemnidad, porque no ven el fruto después de estos años de calamidades. La fe de unos y de otros se agota y los únicos que no parecen darse cuenta son los protagonistas sonámbulos que se sorprenden de las cosas que ocurren y que siguen predicando un evangelio que pierde adeptos a raudales

Los debates siempre son bienvenidos y no hay que rehuirlos. Dicho desde España, suena a broma, ya que aquí se pidió el rescate y se aceptó el Memorándum of Understanding de junio de 2012 por video conferencia sin pasar por las Cortes. Pero no todo el mundo es igual y, aunque lo haya hecho de forma abrupta, el gobierno de Atenas ha abierto el debate no tanto sobre su rescate como sobre la arquitectura del euro, cuyos defectos son notorios, y sobre las políticas ejecutadas desde 2008, con resultados que están a la vista. Por eso, independientemente de lo que resulte de ésta enésima crisis griega, se puede hablar de un antes y un después que debería abrir las puertas a la reflexión para extraer las enseñanzas de los acontecimientos y evitar los males que podrían derivarse de seguir instalados en un Olimpo alejado de las necesidades de los ciudadanos.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba