Res Pública

Entre La Granja y el cambio

Sobrevolando la ruina económica y social y sentado en la escombrera de la corrupción, el jefe del Gobierno ha erigido en La Granja el trofeo de su victoria, proclamándose garante único del orden constituido que, según él, ha sido una fuente inagotable de libertad y de felicidad para los españoles, considerando catastrofistas o desagradecidos a los que no lo reconozcan así. Palabras que recuerdan a las de su predecesor, Rodríguez Zapatero, cuando hablaba de los patriotas de hojalata. Tal para cual o puro deja vu. Ahora esa victoria pretende fundarse en algunos factores exógenos, tipos de interés bajos y rebajas del petróleo que, sin duda, supondrán un poco de oxígeno transitorio para la Contabilidad Nacional, pero poco más, si consideramos las raíces profundas de los males estructurales acumulados, cuya resolución requiere acciones encaminadas a cambiar en serio el orden político y económico que ha desencadenado la crisis nacional que venimos padeciendo.

Es dudoso que los empobrecidos segmentos centristas y liberales que han hecho posible las sucesivas mayorías de los partidos dinásticos estén por la labor de continuar en la misma dinámica

En la política oficial el tuerto es rey

El presidente del Consejo de Ministros tiene razón cuando, al observar el panorama de la política oficial y el del propio Parlamento, recuerda, sin expresarlo, el viejo dicho de que en el país de los ciegos el tuerto es rey, porque no otra cosa se puede pensar de la mayoría de los actores. Pero debajo de esa superestructura decadente y confusa, de la que él y su partido forman parte mayoritaria, la realidad española discurre entre el hartazgo y la hostilidad de los ciudadanos hacia los que suponen responsables de sus cuitas. Si a ello se suma la desconfianza, que paraliza las iniciativas y tiene hibernada la economía, ninguna proclama procedente de los que están al mando puede germinar para dar abundantes frutos electorales, salvo que se piense que la sociedad es tan feble y temerosa que, con sobreactuaciones propagandísticas o engañosos alivios fiscales, puede abrazar el vivan las cadenas. Puede que una parte sí, pero es dudoso que los empobrecidos segmentos centristas y liberales que han hecho posible las sucesivas mayorías de los partidos dinásticos estén por la labor de continuar en la misma dinámica

A pocos meses de las elecciones, el agujero negro electoral creado por el fracaso del PSOE en el centro izquierda, agrandado por la arrogancia y los incumplimientos del PP en el centro derecha, muchos españoles esperan que se enriquezca el pluralismo político con propuestas de cambios honrados para variar el rumbo del país. Un país que carece del Estado fuerte y democrático que le libere de los abusos y corrupciones acumulados, a causa de la fragmentación y el clientelismo del poder público, que tan buenos réditos ha reportado al conglomerado dirigente. Creo que éste es un diagnóstico ampliamente compartido, por lo que, aparte de reiterarlo, lo que importa es conocer cuáles serán los cimientos y las vigas maestras del edificio que se pretenda construir por parte de quienes se atrevan con dicha tarea, porque pienso que eso será lo exigible para decidir en consecuencia. Como he dicho en otras ocasiones, para continuar en lo mismo hay ofertas suficientes, empezando por la que acaba de hacer en La Granja el jefe del Gobierno.

Por ahora, se han incorporado a la política del cambio dos movimientos: uno de ellos Podemos, que aparece en fase de consolidación avanzada, y el otro, Ciudadanos

Ciudadanos y Podemos en la onda del cambio

Por ahora, se han incorporado a la política del cambio dos movimientos: uno de ellos Podemos, que aparece en fase de consolidación avanzada, y el otro, Ciudadanos, que tiene su origen en Cataluña y que, al parecer, pretende extenderse por el resto de España. El primero hace una denuncia descarnada de la situación y el segundo también, aunque con mayores dosis de posibilismo. De ambos cabe esperar que expliciten sus proyectos, porque en ellos se juegan su crédito y el depósito inicial de ilusiones de las partes más dinámicas de la sociedad, expectantes ante lo nuevo y cuyo efecto arrastre puede ser decisivo en las citas electorales. De ahí que ni Podemos ni Ciudadanos, una vez realizado el discurso de la denuncia y de la necesidad de moralizar la vida española, puedan eludir dos asuntos que, desde mi punto de vista, condicionan agudamente el porvenir de la reconstrucción nacional. Me refiero al traído y llevado modelo territorial del Estado y a las políticas restrictivas ejecutadas desde el estallido de la crisis financiera en 2007. 

Podemos en Cataluña

A éste propósito, suscita interés el anuncio del viaje del Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias, a Cataluña, que hoy representa uno de los mayores problemas políticos de España. Lo que piensa Ciudadanos ya lo sabemos y ahora es importante conocer el parecer de Podemos expresado ante los catalanes que acudirán a las reuniones programadas. Supongo que saben lo que se juegan no sólo en Cataluña sino en el resto de España, porque aquella es una tierra donde el nacionalismo ha aprovechado los problemas económicos y la desigualdad que acarrean para sumar adeptos a la causa de la independencia, ante la ausencia clamorosa de propuestas por parte de las opciones no nacionalistas, exceptuado el caso, todavía modesto, de Ciudadanos. 

Por eso, la novedad sería que en esa región se oyeran con claridad apelaciones a la reconstrucción nacional española con el repudio a las políticas restrictivas que allí ejecutan los nacionalistas, junto con la oferta de un proceso constituyente, para debatir y decidir sobre todo, en el que se proponga sustituir al Estado disgregado e ineficiente por otro fuerte y unitario. Ese discurso supondría un aldabonazo para todos y ayudaría a sacar a la izquierda de los pactos nefandos con el nacionalismo, reponiéndola en el papel vertebrador y solidario que nunca debió abandonar. Evidentemente, desconozco los mensajes políticos que se transmitirán en los días próximos y sé de las dificultades para cruzar el paso de las Termópilas de la política catalana. Pero, si logran cruzarlo con bien, en clave de reconstrucción española y de genuino patriotismo constitucional, darán un paso de gigante en Cataluña y en el resto de España. Esperar, oír y no perder la esperanza.


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