Res Pública

¿Gobierno de unidad o Gobierno de gestión?

Los tumbos de la Unión Monetaria, que pueden desembocar en el descarrilamiento del euro, nos obligan a echar una mirada a la situación de España y de nuestro gobierno, no solo por el papel estelar que desempeñamos en los problemas de la eurozona, sino para comprobar con qué capacidad contamos para enfrentarnos al temporal que anuncian portavoces oficiales autorizados, como es el caso de la señora Lagarde, responsable del Fondo Monetario Internacional. Y la verdad es que nuestra textura política, económica y constitucional aparece aquejada de esclerosis múltiple. La crisis en el Tribunal Supremo es la paletada que faltaba para el enterramiento institucional. Y empiezan a oírse voces y opiniones a favor de pactos de Estado, gobiernos de concentración o unidad y cosas por el estilo. Pero, a mi juicio, cualquier propuesta que pase por mantener el statu quo en defensa del régimen político, que es el que está desmoronándose, sería un error. En cambio, sí sería aconsejable alimentar y fortalecer la hipótesis de un gobierno de gestión, que pueda garantizar un fin ordenado de la Transición con la iniciación de un período constituyente, cuyos objetivos principales sean el fortalecimiento del Estado y la restauración de los equilibrios económicos del país.

Desmoronamiento institucional

La desazón se ha adueñado del cuerpo político y de parte de la sociedad, al comprobar que a escasos meses de unas elecciones que otorgaron mayoría absoluta al Gobierno, éste se encuentra sobrepasado por la realidad, sufriendo el atosigamiento de los organismos internacionales y de  las agencias de calificación, sin olvidar actuaciones tan desleales y antipatrióticas como la reciente del comisario europeo, Sr. Almunia, a propósito del rescate del sector bancario español. Todos se creen con derecho a maltratar al gobierno y al conjunto del país con declaraciones y recetas, la mayoría de las cuales llevan en su seno el certificado del fracaso. Lo malo es que no encuentran respuesta en el gobierno que, cada día que pasa, se asemeja a un boxeador noqueado a punto de arrojar la toalla. ¿Qué es si no poner su esperanza en las instituciones europeas sumidas en una clamorosa inoperancia? No parece que sea eso lo que esperan los españoles que, según las encuestas recientes, abandonan a los dos grandes partidos del régimen.

Las llamadas a la concentración y a la unidad de los protagonistas y responsables de la crisis institucional, hijos y beneficiarios de unas estructuras políticas carcomidas por la inoperancia y la corrupción, son intentos de alargar con respiración asistida un estado de cosas que impide el saneamiento del país. En nuestra historia constitucional, la aparición de los gobiernos de concentración suele ser la antesala de los finales que se pretenden evitar con ellos. Un vistazo a la segunda década del siglo XX puede ilustrar a quienes duden de lo anterior. Ahora no es diferente; lo que puede hacerlo diferente es que todavía no se vislumbran las alternativas al fracaso. Y eso sí que es inquietante.

Incluso los más crédulos pueden comprobar que el sistema político que ha funcionado, o mejor dicho, ha flotado con comodidad durante los años de la expansión económica y de la burbuja financiera, se está desmoronando a velocidad vertiginosa, como consecuencia del hundimiento económico y de la falta de control sobre su evolución. Sus graves carencias democráticas y su escaso anclaje social le impiden ofrecer tanto respuestas creíbles en el interior como reacciones enérgicas ante lo que parecen propuestas poco realistas desde el exterior. La prueba de todo ello es que el propio gobierno se ha visto obligado a pedir ayuda para nuestro maltrecho sistema bancario, como prólogo quizás, de una operación de rescate del país, que muchos sospechan y que otros creemos que supondría el fin de la Unión Monetaria. Sea lo que sea, el fracaso nacional y comunitario, lo tenemos ante nuestros ojos asombrados.

Gobierno de gestión no partidario

Ciñéndome a la cuestión nacional, creo que hay que huir de la endogamia y de las componendas, para pensar en la constitución de un gobierno no partidario, formado por no más de una docena de personas con capacidad y con hondas convicciones democráticas, que gocen de apreciación y respeto para lograr el máximo consenso social alrededor de su proyecto: restaurar la confianza en un modelo económico reformado y preparar los cambios constitucionales y electorales para convocar elecciones constituyentes en un plazo máximo de dos años, ateniéndose a los preceptos dela Constitución actual. Lógicamente, tal gobierno debería ser apoyado por el Congreso de los Diputados 

Puede parecer una ensoñación que el régimen partitocrático facilite su sustitución, pero si España continua en el remolino del hundimiento sin adoptar decisiones como las propuestas o parecidas, nos vendrán impuestas por vías extrademocráticas, por expresarlo de forma suave. Los ejemplos los tenemos en algunos socios del Sur de Europa.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba