Res Pública

El Gobierno está pensando

Después de la estampida provocada por las decisiones del Consejo de Ministros del 30 de diciembre, el Gobierno ha hecho una parada para ponerse a calibrar la envergadura de los problemas y tratar de buscar una salida a los mismos. Mejor así, aunque algunos creemos que eso debería haberse hecho en la larga espera del desembarco. La cuestión es si va a tener el sosiego necesario para recuperar el tiempo perdido, teniendo que tapar las innumerables vías de agua que se abren cada día en las diferentes satrapías que conforman el mapa español. Eso, sin contar con la máquina política y burocrática europea que, en su marcha a trompicones como decía recientemente el profesor Paul Kennedy, entorpece más que resuelve. No obstante, cabe esperar que de las reflexiones surjan iniciativas constructivas para encarar la crisis española que, repito una vez más, es política y económica.

Todos sabemos, y el que no lo sepa es porque no le interesa saberlo, que en la estructura constitucional española, el gobierno central carece de facultades para ejecutar la mayoría de las políticas de interés general: son las Comunidades Autónomas las responsables de su ejecución y ordenación y el Gobierno es un mero encargado de suministrar los recursos para ello. Así hemos vivido los tiempos del disparate económico que todo lo tapaba, incluidos la corrupción y el mal gobierno: nadie exigía nada y había conformidad generalizada con el reparto del famoso soufflé. Pero ese esquema ya es agua pasada y es posible que el gobierno se vea obligado a cambiarlo, aunque no estuviera en sus planes. De hecho, todavía proclama su fe en la distribución actual del poder público; los hechos, sin embargo, irán en otra dirección. Como se dice vulgarmente “a la fuerza ahorcan”.

El ministro de economía ya ha expresado alguna idea en ese sentido cuando dice que, aprovechando la crisis de liquidez, hay que pasar los presupuestos de las comunidades por el fielato del gobierno central. La propuesta del ministro, aunque encierre grandes dosis de posibilismo y hasta de voluntarismo, está cargada de sentido y, en su caso, puede abrir el camino hacia la racionalización del Estado. Ahora queda saber cómo será acogida su propuesta por el jefe del Gobierno que es quien tiene la última palabra. Los afectados por la medida se rasgarán las vestiduras por la pérdida de autonomía y apelarán a los sentimientos nacionales, mientras piden ayuda al Tesoro o a la banca para cubrir sus necesidades inmediatas. Lo que nos quedará por ver o por sufrir.

En otro orden de cosas, el ministro de economía, y me refiero a él porque es el único que ha expresado propósitos concretos, se ha referido al traído y llevado asunto del saneamiento de la banca española: ha apuntado una cifra aparentemente modesta, 50000 millones de euros, y ha dicho que el sistema crediticio español puede con ella sin apelar a los contribuyentes. Lógicamente se establecerá un calendario de años para que las diferentes entidades vayan asumiendo tal saneamiento sin secar el negocio crediticio. Es una muestra de realismo, apoyada en la certeza de que no existe en nuestro sistema ni un solo caballero blanco dispuesto a arriesgar sin contar con ayudas públicas reales y significativas. A los hechos me remito.

Ya habíamos expresado algo parecido en anteriores comentarios y nos congratula que el señor ministro, de un papirotazo, acabe con las fantasías y especulaciones sobre el banco malo y otras de corte parecido, porque él sabe, mejor que nadie, que no hay dinero privado ni público y que lo importante es que las entidades, sean grandes o pequeñas, generen recursos y dispongan de tiempo para digerir sus pérdidas. Se supone que sólo aquellas que no cumplan esa condición, con independencia de su tamaño, tendrían otro tratamiento.

Por lo demás, mientras el gobierno piensa y los familiares mercados se disponen a preparar sus cuentas de resultados del primer semestre del año a costa del descalabro de la Unión Monetaria Europea, seguiremos expectantes acerca de las decisiones futuras del Gabinete y, en tono menor, del contenido de la carta al gobernador del Banco de España que para unos es un pellizco de monja del nuevo gobierno y para otros es el inicio de las hostilidades con un señor, que no goza de la confianza de aquel. Qué cosas.


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