Res Pública

Encuestas y pulso social

Las vísperas de la campaña electoral nos han deparado dos cosas aparentemente dispares pero indicativas del nuevo entorno que va fraguando en España tanto en lo económico como en lo político y social. Me refiero a las previsiones oficiales del gobierno para el próximo trienio y a las encuestas con motivo de las elecciones europeas. Lo que se observa es que los daños de la crisis han sido tan profundos y tan demoledores que cualquier previsión económica debe ser rellenada con una gran dosis de voluntarismo casi mágico que sería extensible a las predicciones políticas de las encuestas, porque los soportes económicos son escasos para prever cambios significativos y el pulso social se sitúa entre el descreimiento y la sumisión fatalista ante lo que pueda acontecer. No debe deducirse de todo ello que las cosas necesariamente irán a peor, aunque sí se puede aventurar que España se quedará en el grupo de países cuya aspiración es la mera supervivencia, encorsetada por el pago de las deudas y la desigualdad. Como los españoles lo saben, cada vez son menos permeables a los mensajes de la propaganda y menos deseosos de participar en la cosa pública sobre la que tienen sobrados motivos para considerar lejana a sus intereses. Es el renacer de la España sin pulso de la que tanto cuesta salir, sobre todo si no hay proyectos y liderazgos que lo propongan.

Previsiones y paciencia con la fe del carbonero

Sobre las previsiones trienales del Gobierno, refrendadas por los “magos” de Bruselas, el lector ya tiene abundante literatura y juicios. Con independencia de que estén o no acertadas revelan el perfil bajo de nuestro porvenir económico y la resignación a que lo va a ser por largo tiempo, un tiempito como se dice en Méjico. Y ello es así porque más de un 20% de la población activa seguirá inmersa en el paro que se pretende reducir por vía principalmente vegetativa: los que se marchan de España, los que se borran de las listas y los que, si pueden, se refugian en la economía sumergida. No hay sobre la mesa ningún proyecto nacional de alcance para reponer el tejido empresarial e industrial desaparecidos que es el único camino para crear empleo. La falta de recursos públicos y la abstención de la inversión privada de carácter productivo hacen que todas las miradas se orienten al consumo y a la exportación, pero ambos están lastrados, el uno por la debilidad de la demanda interna, y el otro por las limitaciones derivadas de la sobrevaluación del euro y las dificultades para sumar valor añadido a nuestras producciones tradicionales.

De las encuestas se deduce que la gente no solo no se ha repuesto del castigo recibido, sino que tiene poca confianza. Sigue atenazada por el miedo al futuro, porque desea mejorar y, al mirar el pasado cercano y el duro presente, se desasosiega. La suma de previsiones y promesas incumplidas llenan las hemerotecas y los archivos audiovisuales de los medios de comunicación. Sólo se mantiene la confianza en lo cercano que, en la mayoría de los casos, son las familias. Algún día habrá que hacer el homenaje que se merecen a las familias españolas, verdadera red de seguridad frente a las muchas inoperancias de nuestras costosas y sobredimensionadas administraciones públicas. Y no hablo de la corrupción, de perenne actualidad, para no castigar al lector más de lo que ya lo está, pero que nadie dude de que sin recuperar la salud pública cualquier promesa de mejora estará amenazada de fracaso. Imagino que los próximos días iremos recibiendo nuevas encuestas con las que se intentará adivinar si el débil pulso social que se advierte en las publicadas hasta ahora revierte un poco. Es dudoso, por mucho que diga el filósofo que es signo de honestidad llevar la pobreza con alegría.

Contra resignación exigencia en libertad

No es alegría, sino resignación lo que se trasluce en la fotografía social de ésta primavera. Los españoles no hemos tenido ocasión de convivir con un Estado democrático como ha sucedido en otros países europeos y por eso sobrellevamos mejor que los franceses o los propios italianos la crisis actual de los Estados de la UE. En estos países la gente se revuelve y protesta airadamente, el 25 de mayo se verá, aquí, sin embargo, se dará cualquier hipótesis de cambio por amortizada y los dueños de las instituciones públicas seguirán disfrutando del apoyo, aunque sea escuálido, de una sociedad descreída y pacífica, imbuida de la idea de que sólo cabe optar entre lo menos malo de lo que se ofrece en la plaza pública.

Los estímulos para dibujar un cuadro distinto al actual sólo vendrán de la formación de alternativas capaces de proponer un cambio radical y ordenado, el proceso constituyente, para dotar a España de un Estado genuinamente democrático, preocupado por la libertad y la igualdad. Entre el mal menor y los saltos en el vacío, hay derecho a utilizar la senda constituyente para entre todos buscar un porvenir diferente del que se nos ofrece. Si los que mandan utilizan la magia para elaborar sus previsiones, por qué los demás no podemos usar un poco de voluntarismo para recuperar la esperanza.


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