Res Pública

Empacho de Mandela y de Ucrania

Cuando nuestra realidad nacional se cubre con el manto de la impostura y de la propaganda, la mayoría de los medios de comunicación, sobre todo las televisiones, tienen que recurrir a las noticias exóticas o lejanas para mantener algo de tensión informativa y crear así un efecto emocional parecido al que buscan los predicadores o curanderos de algunas culturas. Es lo que ha sucedido, o mejor dicho hemos sufrido, con motivo del fallecimiento de Nelson Mandela, un líder africano de la época postcolonial, ya retirado. A ello se ha sumado la crisis de Ucrania, país de la antigua Unión Soviética, debido a su emparedamiento entre las pretensiones de la Unión Europea, que quiere seguir ampliándose por el Este, y las preocupaciones hegemónicas de Rusia, que desea conservar su papel preeminente en aquellos territorios.

La desmesura y ligereza en el tratamiento de ambos asuntos está siendo tanta que, probablemente, ocasione efectos contrarios a los perseguidos, perjudicando la información y el análisis que deben ser las divisas de cualquier medio informativo que se precie de serlo. Lo sucedido estos días sí sería materia para enjuiciar el comportamiento de muchos mass media españoles al hilo de su cercanía con el poder y, sobre todo, de las necesidades de éste, que ya sabemos que se sitúan en la órbita de lo puramente electoral.

Lágrimas de cocodrilo con Mandela

Nadie duda de los méritos que adornaban al fallecido Mandela, que tuvo una vida agitada por el colonialismo y el apartheid de su país, Sudáfrica, sufriendo cárcel y torturas, hasta lograr la emancipación de su raza. Antes que él, hubo otros líderes africanos que capitanearon la descolonización de sus países y que también sufrieron por ello. Todos, incluido Mandela, fueron tachados como terroristas por muchos de los que ahora derraman lágrimas de cocodrilo con motivo de la muerte de éste último. De hecho, hasta hace pocos años figuraba en la lista negra de determinados países.

Desgraciadamente, los resultados de los diferentes procesos descolonizadores no se corresponden, en la mayoría de los casos, con los objetivos iniciales de sus líderes y África sigue siendo expoliada como si la descolonización no hubiera existido. La propia República Sudafricana, que debía haberse convertido en el gran motor económico de su región, no ha logrado sacudirse las lacras contra las que luchó el político fallecido. En cualquier caso, pienso que para una gran mayoría de españoles éste no deja de ser un asunto lejano y desconocido que no justifica, ni de lejos, el bombardeo informativo de estos días. Se ve que la sobreactuación ha pasado a formar parte del comportamiento mediático nacional, sin tener en cuenta otro interés que no sea el de evitar el tratamiento serio de los asuntos que preocupan a los españoles. Desde luego, no creo que esté entre ellos la magnificación de un fallecimiento como el que comentamos.

Olvido de la geopolítica con Ucrania

Lo de Ucrania, que sí es un asunto de enjundia, se está presentando como si fuera una pelea entre buenos y malos. Los primeros son los que quieren acercarse a la Unión Europea y los segundos, los que prefieren estrechar lazos con Rusia. Estos últimos tienen la mayoría parlamentaria y parece que no consideran asumibles algunas de las exigencias planteadas por la UE, dadas las dificultades económicas del país. Se ve que se les quiere vender el guion de los recortes y no están por la labor. ¡Cómo serán esas exigencias que prefieren refugiarse en la cooperación con su antigua metrópoli, Rusia, antes que entrar en la espiral de otros países europeos! Nos las podemos imaginar, visto lo que está pasando aquí.

Pues bien, en vez de analizar la cuestión en su conjunto, se pone el énfasis en jalear las movilizaciones contra el Gobierno de Kiev, que se ven con buenos ojos por muchos de los que aquí claman cuando se plantea algo infinitamente más modesto, las mareas sociales con aire festivo contra las políticas gubernamentales que se vienen ejecutando al dictado de Bruselas. En Ucrania está muy bien que se intente derribar al Gobierno desde las calles y plazas, porque, según parece, aquello no es una democracia. Lo nuestro es de otra pasta y hay que aumentar las multas y reforzar la policía.

Repito, película de buenos y malos sin entrar en que lo que se juega en Ucrania forma parte de la geopolítica europea: por una parte, la UE, capitaneada por Alemania, que sigue considerando las tierras del Este como su Lebensraum natural, y, por otra, Rusia, que vuelve por sus fueros y que no renuncia a su expansionismo. Ahora, después de su éxito en la crisis de Siria, se sienten más fuertes para dirimir con la UE o la propia Alemania quién manda en el Este. Desde luego, el asunto parece ir para largo en perjuicio de los de siempre, la población, en éste caso los ucranianos.

Lo que parece claro es que los intereses y preocupaciones de los españoles tienen poco que ver con el teatro montado estos días. Por eso, habría que pedir que, de vez en cuando, se eche una mirada a nuestra realidad, más que nada para formarse un juicio atinado de la misma y enjuiciar las propuestas que aparezcan, si aparecen, para resolver los problemas nacionales. Es mucho pedir en la Corte de los Milagros, por lo que realmente nos conformaríamos con algo menos de circo.


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