Res Pública

Dice la troika que no hay crédito: ¡noticias frescas!

Los señores de negro, denominación atinada por lo que tiene de funerario, están de visita en la provincia de Hispania para saber cómo nos va a los indígenas y a su gobierno títere. De su primera toma de contacto surge la afirmación preocupada sobre la falta de crédito en España. No se rían, parece que es verdad que lo han dicho y eso es lo que da gravedad al asunto y nos anima a preguntarnos en qué mundo viven los funcionarios de la troika de cuya probidad no tengo dudas. En cambio, sí las tengo de los que les mandan y de sus políticas que convierten en fantasioso el trabajo de campo de estos visitantes. La verdad es que no quedan palabras educadas para el comentario, quedan sólo epítetos gruesos y agresivos que me resisto a utilizar para no echar más leña al fuego. Por eso, no está de más recordar que vivimos en un país, o en una provincia de la Unión Monetaria, que está purgando pecados propios y ajenos, cuyos habitantes, más los justos que los pecadores, van siendo esquilmados y sus empresas van cerrando a mayor gloria del pago de las deudas con la promesa, cada vez más tibia, de un mundo mejor en años venideros. Lo sorprendente o dramático es que los vigilantes no parecen conocer esos pequeños detalles. Mal empezamos la visita.

El origen de los males y las recetas equivocadas

Hace unos días, mi amigo Alberto Recarte, en un artículo titulado Indignación, decía: No está de más recordar la responsabilidad de José María Aznar en la formación de la burbuja crediticia y la pérdida de competitividad de la economía española, cuando impulsó la entrada de España en el euro sin tener en cuenta la carencia de instituciones políticas y económicas que deberían haber soportado la introducción de la moneda única, que ahora soportan los estados miembros, sobre todo los periféricos, con un coste social abrumador…”. Y es que, en gran parte, de ahí provienen muchos de los males actuales que quienes gobiernan se obstinan en no reconocer: los errores del euro han llenado el continente de miseria y de desesperanza y eso, en mi opinión, resta autoridad a los que, sin abjurar de tales errores, insisten en mantener un andamiaje inservible a todas luces para sacar a los países del Sur, y puede que a no tardar a los del Norte, de una depresión económica cuyas consecuencias son impredecibles. Siempre ha sido así, porque cuando las tormentas se están generando se pierden la visibilidad del horizonte y el sentido de la orientación. Ya sucedió el siglo pasado y parece que queremos experimentar de nuevo, empezando por las zonas más débiles, los estados mediterráneos. Para cuando llegue el momento de exigir responsabilidades quizá debería programarse un estudio psicológico de los responsables europeos para descartar en ellos cualquier atisbo de locura, que es el atenuante piadoso que se suele utilizar con los que han llevado a sus pueblos al desastre, llámense Napoleón o Hitler.

En este contexto de desvarío, las recetas y las conclusiones de los hombres de negro me parecen una prueba más de falta de realismo: en los años transcurridos desde agosto de 2007 el tejido productivo y el sistema crediticio españoles han caído en barrena, una de cuyas consecuencias es la aceleración de la insolvencia y la ausencia de iniciativas de inversión o de creación de nuevas empresas. Nuestro déficit tradicional de empresarios genuinos, cubierto transitoria y falsamente por el desarrollo de la economía especulativa, no puede ser cubierto con la rapidez con la que se arreglan determinados desfases contables; se requieren educación y un caldo de cultivo que no terminan de aparecer en un país maltratado y sometido crudamente al 'sálvese quien pueda'. Esto lo comprobamos diariamente con cualquier motivo; sin ir más lejos, días atrás se han reunido los sátrapas territoriales del PP para discutir sobre 'qué hay de lo mío'; lo de la visión nacional queda para los ilusos. Mientras, las últimas cifras publicadas de las cuentas públicas, el famoso déficit, ponen de manifiesto el calibre del hundimiento.

Esperar lo que hagan otros

En la barahúnda imperante faltan el sosiego y la estabilidad que nos permitirían conocer cabalmente el callejón en el que estamos y sobre todo falta el guión de un proyecto nacional para salir de él. Lo único claro es que los hombres de la troika no tienen nada que ver con eso, su misión es más prosaica: que España pague sus deudas. Y esa es la explicación de sus preocupaciones sobre la falta de crédito, porque sin éste las dificultades de cobro son fáciles de prever. Sí se les puede reprochar que no levanten un poco la vista de sus hojas de Excel y observen el conjunto del panorama español. Se echarían a temblar, como hacemos nosotros.

No vamos a negar las razones de los acreedores, pero sus exigencias deben atemperarse a la realidad en su propio beneficio. Los cañonazos de los ajustes son de tal intensidad que no hay manera de reconstruir el tejido dañado. En pleno bombardeo no se puede pensar en otra cosa que no sea salvarse de las bombas. De momento, los especuladores aprovechan el marasmo para seguir haciendo de las suyas, como han demostrado la semana pasada en la Bolsa de Madrid. Y así andamos aquí, empezando por el Gobierno, que se ha recluido en la ciudadela con los dogmas de otros hasta septiembre, mes en que los augures señalan que Alemania procederá a repartir más Europa y paletadas abundantes de uniones bancarias y fiscales. Los ríos de leche y miel de la Biblia. Es verdad que soñar no cuesta dinero, pero en vez de implorar o esperar tanto de los germanos, convendría que nos revisáramos para averiguar cómo podemos enfrentarnos no a los funcionarios de la troika, sino a los que les han suministrado un guión plagado de trampas y de errores.


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