Res Pública

Días de resaca y reflexión

Concluye el primer trimestre del año con la sensación de que algo parecido a la resaca marina se ha apoderado del gobierno, que se había creído su propio cuento de la lechera: la confianza y el crédito reaparecerían con su llegada al poder y el último baluarte del poder socialista, Andalucía, sería barrido por los votos. No ha sido así y debería analizarse por qué; es lo que se suele hacer cuando se yerra para corregir el rumbo o para enmendar los propósitos y acomodarlos a la realidad. En mi opinión, se había partido de la idea de que la estructura de la empresa, en éste caso España, estaba bien, o solo necesitaba un ligero calafateado, pero mal administrada. Esto último es verdad, lo primero es completamente inexacto: la resolución de los problemas no requiere sólo mejores administradores, también hace falta un proyecto para cambiar la estructura, porque sin ese cambio cualquier esfuerzo resultará baldío.

Medidas políticas y económicas

Desde mi punto de vista, los problemas a los que nos enfrentamos son de dos clases: la crisis de nuestro modelo productivo, asentado en la construcción y el endeudamiento, que está en el origen de la quiebra económica y de la parálisis crediticia, y la crisis constitucional, que ha derivado en el debilitamiento del poder público, fundamentalmente del poder central, impidiendo la posibilidad de actuar con la energía y coordinación que demandan la realidad y el sentido común. Ante eso, el nuevo gobierno ha optado por centrar su acción en el campo de la economía y las finanzas, ignorando las cuestiones relativas a la crisis constitucional, sin caer en la cuenta de que, sin buscar la salida de ésta, carecerá de poder y de capacidad para ejecutar las llamadas  reformas estructurales. Y más, si alguna de ellas como la reestructuración crediticia se pretende hacer sin dinero público, limitándola a ajustes contables y concentraciones varias. La propia Comisión Europea parece que sugiere dejar de marear la perdiz en los meandros de los ajustes contables y societarios y poner sobre la mesa la necesidad de recursos para tapar los agujeros de nuestro sistema.

Otra gran expectativa ha sido la fiscal y presupuestaria: se hizo una primera subida de impuestos, que no parece haber aliviado el desplome de los ingresos según los datos conocidos. Y es lógico que haya sido así, aunque no se previera, porque continúa la parálisis económica del país. Sin actividad no hay ingresos por mucho que se intente esquilmar los caladeros fiscales tradicionales. Cuando escribo éste comentario, el Consejo de Ministros acaba de aprobar el proyecto de presupuestos para 2012 y la información facilitada es todavía fragmentaria e incompleta. No obstante, conviene apuntar el carácter indicativo del conjunto y la carga de voluntarismo que contiene, teniendo en cuenta que son varios ejercicios en los que los presupuestos no se han cumplido. Ahora se dice que sí, textualmente que “sí o sí”. Es dudoso, por el grado de postración económica y el empecinamiento en mantener unos objetivos absolutamente inalcanzables, si no se aborda el problema de la deuda y su necesaria reestructuración, para hacer eficaces los sacrificios reiterados de la sociedad. Los expertos de Hacienda sostienen que mientras no se consiga el superávit primario, es decir, que los ingresos cubran los gastos, excluidos los gastos financieros, no se saldrá del círculo vicioso. Y estos últimos siguen creciendo. Ese nudo gordiano debería romperse poniendo las cartas sobre la mesa de la Unión Monetaria: mejor una vez colorados que ciento amarillos. Si no, que se pregunte a Grecia.

Romper el corsé

Todo indica que nos encontramos dentro de un corsé doble: doméstico o nacional, porque el gobierno no se plantea abordar el cambio del modelo del Estado y pretende sobrevivir con él a sabiendas de su escasa capacidad para influir en su gestión y coste; y externo, porque se dan por buenas y practicables las políticas restrictivas ordenadas por el laboratorio de Bruselas, cuyos experimentos aparte de ser un fiasco tras otro, están poniendo las calderas políticas y sociales del sur de Europa a una presión insoportable, con las consecuencias que no se quieren ni mencionar. Ahora hay cierta sordina derivada de la morfina suministrada por el Banco Central Europeo y el proceso de elecciones presidenciales en Francia.

Un ligero paréntesis que debería aprovecharse aquí para no insistir en unas políticas que, en la mayoría de los casos, llevan el germen del fracaso en su seno. Sobre esto, no nos podemos llamar a engaño, nuestra realidad es la que es y para cambiarla se requieren proyectos políticos y económicos si no queremos en unos meses estar lamentando que la máquina no arranca, sin saber de quien es la culpa.


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