Res Pública

Cataluña: preocupaciones y enseñanzas para España

Una vez superado el clímax del 25 de noviembre, me parece que, en línea con otros comentarios anteriores- Escenarios de independencia: Cataluña y País Vasco (I)Escenarios de independencia: sin remisión (y II) – conviene enunciar los aspectos más significativos de lo que ha ocurrido en Cataluña: el presidente de la Generalidad y su partido han retrocedido estrepitosamente. Nace un parlamento, más fragmentado que el anterior, con una mayoría aplastante en favor de la independencia, trufada de otra mayoría significativa contraria a las políticas de ajuste que había practicado el gobierno anterior de Artur Mas en línea con el gobierno de la nación. Por su parte, los defensores de la Constitución quedan circunscritos al Partido Popular, con menos del 14 por 100 del electorado y, con matices, a Ciudadanos, cuyo discurso regenerador y contrario a la corrupción, se separa claramente del establisment de Cataluña y de España. A partir de esas evidencias, resulta claro, que la cuestión catalana se puede convertir, una vez más, en la punta de lanza no sólo de los cambios constitucionales, que parecen inevitables, sino también de la posible revisión de las políticas económicas y sociales, rechazadas claramente por el electorado. Cataluña será un importante laboratorio político y económico, de cuyos experimentos habrá que extraer enseñanzas para el resto de España.

La apuesta de los catalanes por el cambio

La maduración de la cuestión catalana se ha gestado a lo largo de décadas; y ha sido el colapso económico y financiero de Cataluña, inseparable en esto del de España, el catalizador para convertirla en el principal problema político de nuestro país. Por eso, la gobernación de España y su desenvolvimiento en el tiempo inmediato va a estar muy condicionada por lo que suceda en Cataluña y a la inversa: en el circo dramático, de fin de régimen, de la política nacional, nuestro jefe de gobierno tendrá que atender, como mínimo, a dos pistas. Sus problemas para domeñar el caos político y financiero del país van in crescendo. Si antes habíamos reclamado proyectos para ordenar y buscar salidas a la crisis española, que es política y económica, ahora, la necesidad de los mismos me parece ineludible. Ni la obsesión por preservar el statu quo ni las actuaciones a salto de mata, el eterno presente, son aceptables, menos, cuando una parte significativa de los españoles, en éste caso los catalanes, han manifestado su opinión en las urnas. No debería haber equívocos sobre el particular.

En los días postelectorales el foco de atención se ha centrado en el retroceso de CiU y en las cuitas del presidente de la Generalidad para formar nuevo gobierno. Es normal que sea así, dado el protagonismo de éste en la campaña electoral y su petición casi plebiscitaria al electorado. Lo que ya no es tan normal, aunque esté dentro de la lógica poco democrática de la política española, es que el responsable del fracaso aspire a presidir el gobierno. Su situación es la de un político capitidisminuido con escasa capacidad de liderazgo para dirigir Cataluña, aquejada de problemas muy graves. Desde mi punto de vista, es ilusorio o vano pensar que se puede gobernar, o atender el día a día como están diciendo, en términos parecidos a los de la época anterior a las elecciones. Precisamente eso, ha sido rechazado de forma inequívoca por los electores. Ignorarlos garantiza inestabilidad y más ruptura social.

La independencia y el enroque en las políticas europeas

El asunto nacional, el de la independencia, que, por primera vez, ha sido consultado expresamente a los catalanes, ha recibido un gran apoyo, más que mayoritario. Si a ello se suma la tibieza o simpatía de los socialistas y de la llamada izquierda verde, hay masa crítica suficiente para mantener y acrecentar los sentimientos independentistas. Su crecimiento va a estar directamente ligado a la evolución de la situación económica y social no sólo de Cataluña, sino también del conjunto de España. Y, en ésta materia, para desgracia de todos, pintan bastos: tanto el gobierno español como CiU permanecen enrocados en las políticas que están incrementando las desigualdades y yugulando el crecimiento económico. No aparece el menor atisbo de genio político y de energía para salir del corsé de las demoledoras directrices europeas que causan estragos y anticipan convulsiones en los países de la UE. La propia Eurostat señala que España es ya uno de esos países en los que la desigualdad avanza a pasos agigantados. Probablemente, si no fuera por la red de las familias y de los pensionistas, el incendio sería mayor. Estamos en la frontera y al límite de la resistencia. El atropello a los pensionistas enturbia aún más el horizonte de recuperación y de estabilidad.

Como decía, en Cataluña se van a poner a prueba los dos asuntos que, a mi juicio, impiden que España salga del círculo vicioso de su crisis: la restauración de un Estado democrático vigoroso, capaz de acabar con los vicios y corrupciones que lo han puesto en almoneda, y la revisión de las políticas económicas y sociales, una vez constatados la esterilidad y los daños de las que se vienen ejecutando. Nadie espera resultados inmediatos, todo lleva su tiempo, lo que si se espera son propuestas y promesas de otras organizaciones y líderes, que anticipen un país mejor del que tenemos, distinto del que nos prometen quienes han fagocitado al poder público y al patrimonio nacional en beneficio de unos pocos. Veremos qué iniciativas llegan de Cataluña y cuáles nacen en España, recordando las palabras del profesor Luis Jiménez de Asúa, socialista ilustre autor de la concepción del Estado Integral de la constitución republicana de 1931 “el orgullo del pasado, el esfuerzo del presente y la esperanza del porvenir es lo que constituye una nación”.


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