Res Pública

Cataluña: el caos dentro del caos

El caso Pujol que, según opinó éste periódico, es el suma y sigue de la descomposición de la Transición ha venido a complicar, aún más si cabe, el caos en el que se desenvuelve la política española, porque si el desafío separatista de Cataluña ya es de por sí materia suficiente para la preocupación, la orfandad política y moral en la que han quedado los líderes nacionalistas burgueses, después de la confesión de su Gran Timonel, añade incertidumbres de alto riesgo al devenir inmediato de la política catalana. Las expectativas creadas por el independentismo al abrigo de la crisis general no será fácil sustituirlas a corto plazo y me temo que quedarán a merced de otras fuerzas dispuestas a sacar tajada de la probable desintegración del centro-derecha catalán, capitaneado hasta ahora por CiU. Es posible que la bola de nieve del independentismo vaya perdiendo vigor, pero no lo perderá en favor de lo establecido, que sigue sin ofrecer esperanza, por lo que sospecho que el actual orden nacionalista catalán dejará de serlo para dar paso a otras fórmulas de protesta y de ruptura que echarán más leña al fuego del predecible incendio español.

Los problemas continúan a pesar del letargo veraniego

Aunque el verano de España, con sus serpientes típicas entre las que no puede faltar Gibraltar, ofrece una imagen tranquila y panglosiana, a nadie se le oculta que los problemas viejos continúan engordando en la misma progresión en que se confirman las endebleces de la acción de gobierno y las incomparecencias de alternativas europeas a unas políticas que nos mantienen en el estancamiento y la depresión. Nada nuevo bajo el sol de estos años de mantenerla y no enmendarla, que nos aprisionan con los sinsabores del presente y la falta de fe en el porvenir. La opinión pública empezó por desconfiar de parte de los dirigentes políticos para terminar desconfiando de casi todos, según las encuestas sociológicas que nos transmiten pesadumbre y temor, sin apenas asideros a los que agarrarse para hacer frente a las dificultades.

Por eso, si alguien pensaba que Cataluña iba a ser distinta del resto de España ya puede revisar sus pensamientos. Allí, el desmoronamiento de CiU, que ha sido hasta ahora la representación mayoritaria de la Transición en aquella región, va a provocar efectos análogos a los del arruinamiento de sus homólogos de Madrid, el PP y el PSOE, preocupados ahora con reformas electorales sospechosas para poner puertas al campo. La incógnita en Cataluña es la de qué fuerzas políticas van a recoger los restos del naufragio de CiU, teniendo en cuenta que todo aquello que huela a política española goza de escaso aprecio por parte de los electores catalanes. Esa es una realidad que conviene no olvidar, sobre todo por parte de quienes se apresten a recoger la herencia.

Los nuevos meandros de la cuestión catalana

Supongo que los acontecimientos del otoño van a ser determinantes para que, deprisa y corriendo, los catalanes busquen sus Podemos de centro o de izquierda e intenten sacudirse hasta donde puedan el discurso independentista, porque, desde mi punto de vista, no parece tan claro que ERC se convierta en la fuerza arrolladora capaz de vertebrar por sí sola la gobernabilidad de Cataluña en los tiempos venideros. Puede obtener un buen resultado, pero insuficiente para mantener sus tesis independentistas, si surgen otras opciones centradas en los problemas de las personas y favorables a acabar con el actual estado de cosas tanto de Cataluña como de España. Ahora bien, para que eso llegue a suceder, nuestros compatriotas catalanes tendrán que pasar la dura prueba de saborear la hiel de las políticas y discursos equivocados, de la corrupción institucional y del marasmo, ya anunciado, del establishment catalán. Vamos, que en Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona va a ocurrir, aunque con retraso, lo que viene ocurriendo en el resto de las capitales y pueblos de España. Al fin y al cabo, todos somos hijos del mismo sol y partícipes de realidades análogas.

Naturalmente, no soy tan ingenuo para creer que ese proceso va a estar exento de tensiones, tanto dentro como fuera de Cataluña, y eso es lo preocupante, a la vista del enorme deterioro institucional de España y de la decrepitud de la economía nacional. Los últimos datos de la evolución de ésta, incluso edulcorados, no auguran cambios positivos. Por ello, en un escenario así, las aguas revueltas del descontento catalán, sin banderas ni discursos a los que agarrarse, no facilitarán la salida ordenada y democrática de la crisis española Y en este caso sí conviene recordar una vez más que la superación de ésta sólo surgirá del esfuerzo de toda la colmena española con un discurso nacional unívoco y democrático que, para nuestra desgracia, ninguno de los partidos dominantes en Madrid y Cataluña tiene autoridad y crédito para capitanear. Esa es la preocupación de los españoles y su falta de fe en lo existente, que se acredita repetidamente en las consultas sociológicas. En suma, que la cuestión catalana seguirá condicionando el futuro político de España.


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