Res Pública

Bankia, ¿por qué tanta prisa?

La crisis bancaria española es como un enorme Guadiana que aparece y reaparece al hilo de las traídas y llevadas “privatizaciones” de las entidades en poder del Estado. La más reciente ha sido la de Novagalicia Banco en unas condiciones financieras muy onerosas para las arcas públicas, por mucho que se diga que no había más remedio y que es meritorio haberlo conseguido así. El tiempo dará razones a unos o a otros. Todavía quedan otras entidades importantes en poder del Estado, siendo Bankia la mayor que no está afectada de resolución porque el Gobierno español así lo quiso, lo que viene al caso para preguntarse cuáles son las razones para emprender su privatización que, a todas luces, parece prematura. Como nada hay decidido, vale la pena confiar en la opinión de los gestores que son los que mejor conocen la empresa.

Recordatorios para no errar

Es verdad que vivimos cierta calma chica en los mercados financieros, con subidas bursátiles significadas, y tibias expectativas de haber tocado suelo en el despeñadero económico de España, pero de ahí a pensar que se dan las condiciones para desprenderse de un trasatlántico financiero como Bankia va mucho trecho. Las prisas nunca suelen ser aconsejables, menos en una materia como la del crédito y la confianza que siguen gravemente dañados y que llevará tiempo recuperar. Y nuestro país no se puede permitir el más mínimo desliz, por mucho que los políticos de turno, embebidos por sus intereses electorales, quieran limpiar rápidamente la era de la crisis bancaria española.

Como es conocido, Bankia salió a la Bolsa de Madrid en el verano de 2011, total ayer, con un acompañamiento mediático sin precedentes y con todas las bendiciones oficiales habidas y por haber. Era una operación de Estado, se decía. Desde la gran ampliación de capital de Banesto, en el verano de 1993, no se recordaba nada parecido. Pues bien, Bankia se despeñó en mayo de 2012, fue nacionalizada y España tuvo que solicitar el rescate bancario en junio del mismo año. En el caso de Banesto la gloria y el fiasco estuvieron separados por solo cinco meses. Evidentemente son dos historias distintas, pero las traigo a colación, primero para refrescar la memoria y segundo para ayudar a huir de esas ninfas egerias que nos llenan los oídos con mensajes propicios para realizar con la venta de Bankia otra operación sonora en los meses venideros.

Las fusiones de empresas requieren maduración y estabilidad

Según parece, el asunto está en estudio porque no es grano de anís y el gobierno necesitará atarse los machos ya que apenas nos quedan burladeros. Al fin y al cabo, se trata del segundo grupo financiero minorista español, cuyos activos representan alrededor del 15% del sistema bancario. Es, además, producto de la fusión de varias cajas de ahorros, al que, una vez revocada la fachada, le queda mucho por hacer, tanto en su interior como hacia el exterior, para que se pueda hablar con propiedad de una empresa estabilizada y rentable. Las fusiones de empresas sanas suelen ser complicadas: homogeneización de servicios operativos, nueva cultura de empresa, gobierno corporativo, imagen de marca etc. La complejidad y el tiempo de los procesos de ensamblaje aumentan significativamente si todas o parte de las entidades fusionadas tienen problemas, como ha sido el caso de Bankia.

Aunque sus gestores actuales son buenos profesionales, empezando por su presidente, no son taumaturgos y en menos de dos años desde que se hicieron cargo de la empresa es imposible creer que todo esté limpio como una patena y que se puede salir al mercado con promesas de retornos a los presuntos inversores. Pero si así fuera, el primer beneficiado debería ser el Estado, rechazando la prisa por desprenderse de un activo que va acumulando valor, gracias a la gestión de su equipo directivo y a sus trabajadores.

Las exigencias de la EBA y el contexto económico

Para aproximarse a la envergadura del tema Bankia hay que poner en el tablero todas las exigencias e incertidumbres que condicionan el negocio bancario en España y fuera de ella. En ese maremagnum conviene no olvidar el frente judicial, con los procesos de preferentes y de venta de acciones, y las pautas que acaba de publicar la EBApara determinar los principales riesgos y vulnerabilidades del sector bancario de la UE que, como es sabido, tiene que pasar nuevas pruebas de estrés antes de que el próximo noviembre el BCE asuma la supervisión del mismo.

Sugiero a los que consulten el documento que repasen la página cuatro del mismo con el fin de valorar cuál es la situación de la banca española y de Bankia en particular. Creo que, aparte de ser un ejercicio de realismo, debería estimular la prudencia junto con el reconocimiento a los esfuerzos realizados y los que quedan por realizar, teniendo en cuenta que todo ello se desenvuelve en un marco económico depresivo que, lamentablemente, durará. El incremento de la morosidad y la caída del crédito lo atestiguan.

En fin, hay que dar un voto de confianza a los que tienen entre manos restaurar el crédito y la confianza, sin ceder a presiones o urgencias que son malas consejeras en materia bancaria y crediticia. Sobre los gestores, que vienen demostrando su bien hacer, creo que estarán a la altura. A los demás actores, habrá que concederles el beneficio de la duda.


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