Res Pública

Andalucía: el PSOE nacional debe asumir el control

La evolución de la investidura en Andalucía sugiere diversas reflexiones, pero hoy me quiero centrar en dos aspectos que me parecen relevantes: uno de ellos es el de la dejación aparente de los órganos centrales del PSOE en un asunto capital para el crédito del partido tanto en aquella región como en el resto de España y el otro aspecto se refiere a la actuación, mejor dicho la no actuación, del presidente del nuevo parlamento andaluz que aparece como un convidado de piedra o, lo que es peor, un mero subalterno del gobierno en funciones de la Junta, ignorando el papel que le corresponde a la hora de tratar con los grupos parlamentarios la formación de un nuevo gobierno. 

Susana Díaz parece más la obsesionada por preservar un cacicato personalísimo que por conseguir para Andalucía el gobierno sólido que necesita

Dudas sobre la vertebración estatal del PSOE

Desde mi punto de vista, lo ocurrido hasta la fecha suscita dudas importantes acerca de la vertebración estatal del PSOE, cuyos dirigentes nacionales, en especial su Secretario General, van a rebufo de las cabriolas de la capitana del partido en Andalucía, que parece no haber caído en la cuenta de cuál es su situación parlamentaria y que cree que cualquier solución pasa por la aceptación de su persona, dejando al partido y al grupo parlamentario en una posición absolutamente subalterna. Aparte de ignorar el funcionamiento del sistema parlamentario se está ahondando el descrédito del propio partido, cuyo proyecto nacional debería estar por encima de las apetencias de la dirigente regional del mismo. Ella usó de su derecho a convocar elecciones anticipadas y el resultado no avala el guion que ha puesto en práctica para lograr su investidura, que parece más la obsesión por preservar un cacicato personalísimo que conseguir para Andalucía el gobierno sólido que necesita.

Para el partido socialista, que está inmerso en un proceso de recuperación del crédito perdido, lo de Andalucía no es una cuestión menor o aparte. Por la importancia de la región y por los resultados electorales obtenidos el 22 de marzo, estaba obligado a poner en práctica los olvidados usos y costumbres del sistema parlamentario junto con la enunciación de un discurso alejado de ese pseudo nacionalismo impropio de una formación política de carácter federal e internacionalista, aunque ello supusiera un correctivo de las actuaciones de la presidenta en funciones de la Junta. A mi juicio, vistos los magros resultados obtenidos y la forma peculiar de conducir la investidura, la Ejecutiva Federal tendría razones sobradas para tomar el control y evitar que se consolide la idea de que cada cual va por libre y que no termina de aparecer el proyecto político homogéneo para toda España. En vísperas de unas elecciones generales, parece profundamente erróneo permitir que la cuestión andaluza se salde a trompicones por mor de un liderazgo mal entendido y peor ejercido. 

La devaluación del Parlamento

En cuanto al presidente del parlamento, que es el obligado a tratar la formación de gobierno con los grupos parlamentarios y, en su caso, promover un candidato a la investidura, su papel no puede ser más deslucido: se está limitando a hacer seguidismo del gobierno en funciones y no se ha tomado la molestia de sugerir otro candidato, después de las dos votaciones fallidas sobre la materia. Da la impresión de que se prefieren agotar los plazos a ver si alguien se cansa o pica el anzuelo para hacer una faena de aliño y renovar, aunque sea en precario, a la presidenta actual. Desde luego, no es lo que la ocasión demandaba, tratándose de una región llena de problemas que necesita más seriedad y menos improvisación de la que ha aflorado en este mes y medio. 

Entre todos están contribuyendo a mantener un modelo que, aparte de haber generado problemas graves, se muestra incapaz de enfrentar su resolución

Los restantes grupos parlamentarios son responsables no de los problemas internos y de liderazgo del PSOE, sino de contribuir con su indefinición al desvalimiento de la institución parlamentaria. Las razones pueden ir desde la bisoñez en la tarea a la falta de proyectos concretos y de afán por participar en el gobierno de Andalucía. Entre todos, aunque insisto que la mayor responsabilidad es la del PSOE, están contribuyendo a mantener un modelo que, aparte de haber generado problemas graves, se muestra incapaz de enfrentar su resolución. Por tanto, a nadie puede extrañar que el retraimiento y las dudas se vayan adueñando del espíritu de los electores, una vez constatado el encefalograma plano que subyace bajo los devaneos del último mes y medio.

En realidad, si los órganos centrales del PSOE no lo remedian, el caso andaluz no va a ser ejemplo de lo nuevo, más bien será una caricatura deforme y aldeana de la decadencia de la política en perjuicio de la eficacia del poder público. Sobraban alforjas para éste viaje a la nada con sifón.


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