Res Pública

Amenazados por la propaganda

Los dos partidos dinásticos, el PP y el PSOE, versión hispánica del PRI mejicano, velan armas ante la cercanía de las consultas electorales y lo hacen cada uno a su manera, con el denominador común de la propaganda como ingrediente principal. Los primeros, que gobiernan ahora, afirman, de manera poco prudente, que vamos mejor y que cuando llegue el 2015 esto va a ser poco menos que Hollywood. Los segundos se conforman con afirmar que han superado la depresión de su derrota electoral de 2011 y que disponen ahora de unas medicinas paliativas para que los millones de españoles que sufren se sientan más animados a confiar en ellos. Ni los unos ni los otros plantean cambiar el modelo español y mucho menos proponen alternativas a las políticas europeas que están en el corazón de muchos de los males que nos afligen. Repitiendo una frase utilizada recientemente por Jesús Cacho, “con éstos bueyes hay que arar”, me parece que en España se seguirá administrando la pobreza, utilizando paliativos para que ésta no provoque convulsiones inmanejables.

La solidaridad entre PP y PSOE para mantener el statu quo

En los primeros meses del año pasado, una vez que el PSOE celebró su congreso de Cádiz en el que logró mantener a Rubalcaba en la Secretaría General, me referí a la entrevista de éste con el señor Rajoy, recién llegado a la presidencia del Consejo de Ministros, para constatar el grado de solidaridad entre ambos y el compromiso por mantener el statu quo, y decía:

“Pero los problemas económicos y el mal gobierno han puesto en solfa la mayoría de los principios y creencias con los que hemos convivido durante décadas. Y entre esos está el de que teníamos un régimen político que era la envidia de muchos, algo parecido a cuando se presumía, en medio de la tormenta financiera, de tener un sistema crediticio granítico. Los falsos ídolos han ido cayendo y se va haciendo verosímil que los fundamentos del sistema político están aquejados de aluminosis. La primera víctima, o por lo menos la más relevante, ha sido el PSOE. La alarma ha saltado por la deriva que podía tomar; y es por eso que, una vez aclarado que la organización ha quedado “en buenas manos”, el gobierno del PP se apresta a su auxilio para reforzar el búnker amenazado. Lógicamente habrá discrepancias, pero dentro de un orden. Ni por asomo, ninguno de los dos socios planteará la revisión del statu quo. Seguirán gobernando a golpe de Decreto-Ley, siguiendo los mandatos de Alemania. Pero no tienen garantías de conseguirlo: la persistencia de los males dará aires a otros partidos y organizaciones, que socavarán los muros. Ya ha aparecido alguno, todavía modesto y desdeñado por el establishment. Llegarán otros, porque la exclusión social ira in crescendo”.

En aquel momento pensaba en otras opciones políticas de nuevo cuño y no sospechaba que la amenaza a los muros del bunker iba a llegar desde Cataluña donde la crisis ha actuado como catalizador del descontento y ha sido utilizada inteligentemente por los nacionalistas para pedir la secesión. En otros países europeos han surgido o se han fortalecido fuerzas políticas rupturistas, Le Pen en Francia, Movimiento 5 Estrellas en Italia, etc. Aquí se dice que no tenemos nada de eso y todo son alabanzas a la estabilidad y el conservadurismo del electorado español, ignorando que la hipotética ruptura territorial de España es el fenómeno político capital que se va a producir en la Unión Europea en el futuro cercano; fenómeno cuyos componentes populistas son innegables y debidos en gran medida a la ejecución de las políticas de recortes demasiado agresivas para la población. Sobre esa ruptura territorial de España, no sólo no se manifiestan las potencias centrales de la UE, sino que tampoco lo hacen, o lo hacen de forma vergonzante, los responsables de los dos partidos dinásticos: los del PP, negando la verosimilitud de la secesión, y los del PSOE, recurriendo al concepto del federalismo cuyo contenido desconocemos.

Inquietudes en las bases de los dos partidos

En realidad, las reuniones de ambos partidos han tenido mucho de autocomplacencia y poco de alternativas al estado de cosas actual. Ello no impide reconocer que debajo de las proclamas y de la propaganda existe un magma de inquietud entre la militancia, especialmente en la del PSOE, que pretende buscar salidas al corsé impuesto por sus dirigentes, porque saben que no hacerlo supone a medio plazo la ruina de su proyecto político y, en determinados casos, de su modo de vida. Militantes socialistas y populares empiezan a sentir el aliento y la hostilidad de los electores que, por causa de las políticas practicadas y las mil y una corrupciones, van abandonando la centralidad política que ha sido el soporte de los dos partidos dinásticos. Y es lógico que sea así como consecuencia del empobrecimiento o proletarización de las clases medias españolas.

La estrategia del ganar tiempo y fiarlo casi todo a la propaganda no parece que sea lo más adecuado en ésta realidad convulsa, porque la paciencia de los maltratados y la falta real de esperanzas en el porvenir requiere proyectos verosímiles de cambios y no inmovilismos complacientes, caso del PP, o medicinas paliativas y respaldos institucionales vergonzantes, caso del PSOE. Es necesario que recapaciten y que, conscientes de su importancia en el juego político español, intenten encauzar el descontento para evitar ser desbordados, como de hecho ya está ocurriendo en el caso de Cataluña.


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