Punto de equilibrio

La resaca de la litrona de Draghi

Quisiera explicar de la manera más simple esta cuestión del LTRO con mis someros conocimientos, suponiendo que los tenga. Si me dejo algo o me equivoco, abajo está la opción de dejar comentarios, puntualizaciones, etcétera. Toda aportación será bienvenida. Pero merece la pena hablar un poco de lo que ha sido la gran operación europea de los últimos tiempos y que tanto efecto ha tenido en este país, ya que ha sido el único motivo por el que España no ha entrado en colapso y suspendido pagos el pasado año. 

A casi nadie le interesa un tema tan árido como este, pero dentro de 30 años se estudiará en los libros de historia, como el Plan Marshall o las devaluaciones de la peseta, mientras nadie se acordará de Bárcenas u Oriol Pujol

En el verano de 2011 más o menos las cosas se pusieron definitivamente feas. Hubo una especie de tormenta perfecta, jaleada por el furor de Alemania ante lo que era una pequeña gran tomadura de pelo de los países periféricos. Sin entrar en más detalles, la agonía de la España zapateril y la Italia berlusconiana, junto a la crisis griega provocaron un cierre total de los mercados primarios y un desplome de cotizaciones, con primas de riesgo elefantiásticas y engordando por momentos.

Merkel, harta

Por encima de todo, Merkel tenía la sensación de que nos estábamos cachondeando de ella y los socios del norte con el tema del déficit y comenzó a enarbolar un duro un discurso que dejaba abierta la posibilidad de expulsión del euro no sólo de los tramposos griegos, sino de los vagos españoles y, a la vez, de los fanfarrones italianos. Eso sí, también ignoraba disciplicentemente el hecho de que su país era el único refugio de Europa y se financiaba a tipos negativos. Lo nunca visto. 

La cerrazón de los mercados de capitales obligó al Tesoro a emitir deuda por encima del 7%, una situación insostenible, de auténtica alarma. Los bancos no se prestaban dinero entre ellos y tenían el acceso a la financiación totalmente cerrado. El fantasma de las siguientes subastas de deuda iban a fracasar pareció dramáticamente terrenal. 

Tuvo que aparecer Mario Draghi anunciando la LTRO (Long Term Refinancing Operation) que sin duda ha sido la mayor inyección de liquidez jamás vista en el viejo continente.

Cualquier papel vale

Mediante este LTRO (conocido vulgarmente como ‘litrona’ en el argot financiero, por aquello del líquido) los bancos podían pedir todo el dinero que quisieran al 1%, devolverlo a 36 meses como mucho, entregando de colateral o garantía prácticamente cualquier cosa. Un bono bus no, pero casi.

El resultado: un aluvión a la desesperada. Alrededor de 1,1 billones (de los españoles, o sea, trillions) de euros concedidos en sólo dos colocaciones. Las entidades domésticas fueron las más pedigüeñas, solicitando unos 280.000 millones (millón arriba o abajo, las cifras difieren un poco), seguidas a poca distancia por las italianas.

El dinero se tomó en primer lugar para reforzar ratios de solvencia, que se iban incrementando casi cada mes entre exigencias europeas y reformas bancarias españolas (dos en un año). También, para disponer de liquidez para la operativa ordinaria (eso, en mucha menor medida) y, a su vez, ese nuevo dinero se utilizó en grandísima medida para invertirlo en deuda pública, mediante el conocido carry trade, con el que se colocaba la liquidez obtenida al 1% y se invertía en deuda que rendía un 3%, 4%, 5%...

El diferencial era íntegro para los bancos, que obtenían así una plusvalía muy interesante y paliaban el desplome de los márgenes, la caída de la rentabilidad de las carteras industriales, etcétera. Los que más hicieron eso en toda Europa fueron los bancos medianos españoles: Banesto, Bankia, Popular, Sabadell, Bankinter… incluso La Caixa.

La mayor inyección de dinero en la historia del Euro fue a parar, por tanto, en primer lugar a la facilidad de depósito del BCE, donde guardaron a buen recaudo el dinero las entidades financieras (con un pequeño tipo de interés que Draghi se ha visto obligado a eliminar porque resultaba absurdo que su organismo emitiera dinero para que a su vez, los tomadores se lo metieran en su propia cuenta) y en segundo lugar a evitar el colapso de la deuda pública de los estados, que han podido emitir más a tipos bajos, ya que los bancos les compraban la deuda para efectuar ese carry.

El único dinero que entró en este país a su sistema financiero procedió del BCE en casi todo 2012 y parte de 2011. Ese billón de euros ha evitado mayores catástrofes en las cuentas de resultados de los bancos y también ha contribuido a incrementar la deuda pública, que en caso español supera ya el 80% sobre PIB. En Italia, pasa de largo del 100%.

¿Pagar?

Ya sabemos lo que es la deuda pública: el dinero que debe el país, es decir, los ciudadanos, y que se abonará con dinero de los impuestos, o tendrá que haber más recortes. La canción nos suena. Es lo que tiene la falacia de fabricar dinero: que si no viene acompañada de generación de renta real no es más que deuda monetizada.

Ahora, llegan los primeros plazos de devolución y casi todas las entidades han dicho que van a amortizar todo lo que puedan y más. La última en decirlo fue BBVA, ayer mismo, nada menos que en el foro de Davos. Los mercados se han abierto gracias a las palabras de Draghi de julio ("haré lo necesario para salvar al euro" y tal y tal...) y a la flexibilización de criterios de Basilea III sobre la liquidez, aprobada de rondón en los primeros días del año, sin que casi nadie se diera cuenta. Resulta que, de repente, a los bancos les sobra, literalmente, el dinero y prefieren quitárselo un poco de encima, para dar imagen de no dependencia del BCE. En el caso español, esa dependencia es (o ha sido) del 96%, según Barclays. Sigo preguntándome para qué sirve el Banco de España, pero esa es otra historia. 

El presidente del BCE desatascó la situación crítica hace seis meses sólo con unas palabras. Ya se compra incluso papel de Comunidades Autónomas. No ha comprado ni un solo bono todavía, pese a tanto anuncio de intervención, lo que demuestra que conoce algo la psicología de los mercados. De algo tenía que servirle ser un hombre de Goldman Sachs, aunque tardó bastante en quitarse de encima la presión de Merkel.

¿Beneficiados?

¿Para qué ha servido, entonces, toda esta litrona, salvo para aumentar la deuda de los países? A la sociedad no le ha llegado ni un euro y el famoso crédito a la empresa y al consumo brilla por su ausencia. 

Ese dinero ha ido del BCE a los bancos, de los bancos al Tesoro, de nuevo a los bancos en forma de bonos y comienza ahora su camino de regreso al BCE, después de haber dejado algunos miles de millones de euros de ganancias para las entidades financieras. Todo, con cargo a la ciudadanía, es decir, a la deuda de los estados. Jugada redonda para unos pocos. La excusa de fondo es que, una vez arreglado el problema sistémico de la banca, la economía se arreglará. Veremos. 

Pero antes hablaba de “abonar” la deuda, es decir, devolver el dinero al acreedor en lugar de pedirle más, que es lo que se está haciendo hasta ahora. No soy capaz de hacer predicciones, pero todos los gestores y analistas con los que hablo me aseguran que es impagable. No sólo la española: la europea y, por supuesto, la de EE UU, que está haciendo un papelón con el fiscal cliff penoso.

Sólo hay dos soluciones, al parecer: la primera consiste en seguir devaluando las economías internamente a base de ajustes (impuestos y/o recortes, aunque también hay que valorar la mejora de competitividad del sector privado en España) y afrontar una quita, mutualización, corte de pelo, burden share o como se le quiera llamar. El concepto “rescate” queda descartado por obsoleto, cutre y demodé. Rajoy y Guindos han elevado una petición a la Real Academia para que lo borre del diccionario. 

La opción más probable es la de seguir dándole a la maquinita de los billetes y las expectativas. Eso concede tiempo, es innegable, pero ¿para qué?

Las resacas se curan, pero ojo cuando provocan cirrosis a la larga. Como a alguien se le ocurra pedir el dinero y no renovar, la lía. 


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