Punto de equilibrio

Un nacimiento en tiempo récord

Vozpópuli ve al fin la luz después de apenas nueve meses vertiginosos. Da casi miedo echar la vista atrás pero, afortunadamente, aquí estamos. Con las ilusiones acrecentadas, en especial por nuestra magnífica plantilla (una veintena larga de profesionales dispuestos a hacer periodismo); una preciosa, práctica (y austera) redacción; el portal listo (aunque irá recibiendo nuevos contenidos y aplicaciones) y un apoyo inicial de anunciantes que ha superado nuestras expectativas. 

Todo empezó a principios de este año, al menos desde la óptica de un servidor, que se había liberado de su anterior ocupación muy a finales de 2010 y trabajaba junto a nuestro financiero, Domingo Sánchez, y algún que otro amigo, echando números para montar algo. Teníamos ganas de desarrollar un producto periodístico sano, ligero de cargas, hecho por periodistas de verdad. Mis anteriores experiencias con editores no pertenecientes a este sector; oportunistas que aterrizaban seducidos por el glamour de los medios y su capacidad de influencia y llegada a los centros de decisión, siempre con la vista puesta en otro tipo de negocios, habían sido nefastas. Nosotros no queríamos ser los nuevos polancos, sino crear un vehículo para el digno desempeño de la profesión. Nada más. Y nada menos.

Mientras dábamos vueltas a la gestación de ese nuevo proyecto, echando números, viendo a algún que otro inversor y contemplando cómo se alimentaba el monstruo de la crisis, nos enteramos de la salida de Jesúsde su anterior medio. “¿Podríamos llamarle, no?”, comentábamos. “Igual tiene ganas de rockanroll”, especulábamos Domingo y yo, aunque empezar de cero no es una aventura demasiado recomendable.

No nos dio tiempo. A los pocos días (principios de marzo) recibí la llamada de Jesús, con quien había trabajado anteriormente, que tenía más ganas que nosotros aún por iniciar una andadura periodística independiente. En apenas dos reuniones, celebradas en el Hotel Hesperia madrileño y alguna terraza en Aravaca, tuvimos claro el rumbo a seguir.

Así, mientras Jesús empezaba los contactos con algunos amigos con posibles a quienes pedir apoyo financiero, mantuvimos un par de encuentros con uno de los pocos gurús de internet que tiene este país (muy agradecidos, compañero), quien, entre otras cosas, nos recomendó unas cuantas compañías a las que contactar para el desarrollo web.

Nos vino muy bien, ya que desconocíamos el sector y, visto lo visto después, es posible que lo sigamos desconociendo. Me explico: entre los potenciales proveedores nos encontramos desde empresas que prometían el oro y el moro por apenas 20.000 euros, lo cual nos parecía una baja temeraria, a otros que reclamaban 2 millones y sólo para una fase inicial, algo que, más que de alza temeraria, cabría calificar de kamikaze.

Tras varias reuniones más en el Hesperia, llegamos a un acuerdo definitivo con Mas Medios, la firma autora de nuestra web, en una cafetería del madrileño barrio de Argüelles.

Registro, oficinas...Mientras comenzábamos a ver los primeros bocetos de la página, Domingo se sumergía de lleno en un desesperante proceso registral del que después hablaremos. El mes de mayo galopaba hacia junio y era el momento de comenzar a mirar oficinas, lo cual fue otro proceso interesante, no exento del correspondiente desgaste. Domingo, Jesús y yo peinamos un amplio abanico de zonas en las que no quedó un inmueble por visitar. Teníamos claro que queríamos algo cerca del centro y de fácil acceso para la plantilla, lo cual nos dejaba la elección restringida a la zona norte casi de manera natural.

Visitar oficinas de todas las inmobiliarias posibles y de tantos entornos nos permitió comprobar que hay muchos operadores que prefieren seguir vacíos antes que bajar sus precios. Paradoja de las paradojas, los que quieren ocupar tienen una capacidad de rebaja impensable. Buena muestra de lo que pasa en este país.

La tarea, tan parecida a la compra de un piso, llega a ser tan extenuante que con algunos comerciales inmobiliarios llegamos a tener una relación casi fraternal, situación lógica, por otro lado, dado el tiempo que pasamos juntos. Finalmente, nos quedamos en Sauceda, 10, en Las Tablas, al lado de la futura sede del BBVA y con la de Telefónica en lontananza. Buen sitio que, además, estrenamos. Amplio, luminoso y funcional.

Un poco antes, habíamos alquilado un despacho en un business center situado en la avenida Doctor Arce 14, en el que estuvimos casi tres meses y que aprovecho para recomendar a quien necesite ese tipo de servicios, por el agradable trato que nos dispensaron, el apacible entorno y una sorprendente cafetería-restaurante en la que se come de maravilla. Hemos ido alguna vez después de habernos trasladado a Las Tablas y pensamos seguir haciéndolo de vez en cuando: ¡nos han asegurado que el cocido es estupendo y no lo hemos probado todavía…!

Como he apuntado antes, capítulo aparte merece el episodio registral. Dicen que en España es posible constituir –y registrar- una empresa en 48 horas o menos. Déjenme que me carcajee. Nuestro financiero se pasó meses entre notarías, registros, Hacienda, Seguridad Social, CC AA… un cuento de nunca acabar cuya dimensión solo él conoce.

La redacciónSe acercaba inexorable el complicado (y temido por nosotros) proceso de formar una redacción desde cero. Durante meses hemos trabajado en silencio atendiendo ese capítulo, rodeados por los ecos del tantán que anunciaba que “Cacho va a sacar algo”.

Podemos decir que no ha quedado un profesional interesante o que nos fuera recomendado que no haya sido entrevistado. Hemos sostenido más de un centenar de encuentros con periodistas a los que podía interesar nuestro proyecto o que nos hubiera gustado incorporar al mismo. Desde figuras consagradas hasta animosos junior que tratan de iniciarse en la profesión.

Algo que nos ha permitido palpar la delicada situación del oficio. Una gran parte estaba inmersa en Eres o situaciones similares; otra, en empresas con las finanzas a punto de quiebra; casi todos intentando negociar algo… Muchos nos emplazaban a un futuro cercano, cuando hubieran resuelto su situación personal. Otros nos utilizaron para mejorar las condiciones en su medio de origen. Contábamos con ello. Los hubo, en fin, que, con experiencia y prestigio, nos manifestaron su temor a dar el salto a un medio pequeño y en momentos tan difíciles como los actuales, lejos del paraguas –bueno incluso a la hora de buscar información- que supone siempre formar parte de un gran grupo.

Todo el mundo tuvo interés en obtener la máxima información posible, eso seguro. Poco a poco fue entrando la gente. Hablo de memoria, pero creo que el primero en aterrizar fue Federico Castaño, luego Raúl Pozo,Cristina de la HozKarina SáinzJuan LabordaVanessa SanchidriánPiluca… Nuestros redactores junior fueron seleccionados a través de ofertas de trabajo on line. Todos han superado el requisito imprescindible de manejar con fluidez un idioma extranjero, y más de uno tiene dos. Los últimos en aterrizar han sido los de banca, un segmento en el que ha sido difícil pescar, pero ya están aquí Javier Ruiz y Miguel Alba.

Acomodar la redacción ha sido otra odisea. Las oficinas de Sauceda 10 son magníficas, totalmente acristaladas… pero diáfanas al 100% y con suelo técnico. Elegir moqueta, muebles, empresa informática que suministrara los equipos, operadora que diera voz y datos, sin olvidar el hosting de la web, fue un maremágnum doméstico, con visitas a polígonos del extrarradio incluidas para seleccionar sillas, mesas y un largo etcétera. Todo, incluida la selección de los profesionales llamados a integrar nuestra plantilla, se llevó a cabo a lo largo de junio, julio y agosto. Sí, agosto. Ni Jesús, ni Domingo ni un servidor han tenido vacaciones agosteras. No nos hemos muerto, evidentemente, pero habrá que ver cómo llegamos a febrero. Porque lo que tenemos por delante no son precisamente meses de molicie, con el 20-N asomando en lontananza y anunciando un tiempo lleno de emociones fuertes.

Lo importante es que aquí estamos. Produce vértigo echar la vista atrás, pero la satisfacción de haber superado la carrera de obstáculos que ha supuesto crear Vozpopuli desde cero es muy grande. Nos enorgullece el hecho de haber recuperado a gente de prestigio que había quedado en el dique seco por culpa de la situación financiera de sus medios. También el haber rescatado a otros de proyectos con problemas. Por supuesto, hemos proporcionado una oportunidad de oro a chavales que empiezan, sin olvidar a aquellos consagrados que se han unido a Vozpopuli con la ilusión del novato, incluso rebajando su caché.

El sumatorio de lo dicho dibuja un horizonte de satisfacción y orgullo, sentimientos de los que participa nuestro director, Jesús Cacho, todo un veterano a quien, por lo visto, todavía le queda mucho rock en el cuerpo.

A partir de ahora, toca dejar de hablar de nosotros. Y llega el momento de hablar de todo lo demás. Encantado de saludarles.


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