Punto de equilibrio

Los mercados han montado la ofensiva final

Creo que todo el mundo coincidirá en que es difícil encontrar un tipo más lamentable en el mundo que Silvio Berlusconi, ahora mismo. Un sujeto que ha hecho bueno incluso a José Luis Rodríguez Zapatero frente a los mercados; que tiene mérito el asunto, y que, como han hecho los grandes tiranos de la historia, si tiene que caer él, que lo haga antes su pueblo entero. Él solito y nadie más ha llevado las cosas al estado en el que están en su país. 

Es algo personal. Los inversores quieren su cabeza antes de escuchar cualquier otra propuesta de reformas. Dinamitarán Italia si hace falta con tal de que salte por los aires el propio primer ministro. Como dice la cancion, "se busca, vivo o  muerto, pero muerto es mejor". 

Hay que recordar, sin embargo, que hace poco más de 20 años Berlusconi gozaba del aplauso unánime mundial, por cuestiones futbolísticas sobre todo. Cuando aquél Milan de Arrigo Sacchi arrasó en Europa, a todo el mundo se le llenó la boca de elogios hacia ese modelo deportivo-empresarial del equipo. 

El Milan era un coloso capitaneado por el gran prohombre de las empresas en Europa. Un millonario hecho a si mismo con una visión preclara de cómo tenía que gestionarse un club de fútbol: como un gran grupo empresarial. Qué viejo y qué obsoleto quedaba en comparación el Real Madrid que presidía un Ramón Mendoza insignificante. Por supuesto, el dueño del equipo de fútbol era el único que podía regir los destinos de una anárquica Italia y replicar su modelo de éxito en el país. 

Ahora, Berlusconi ha conseguido que los mercados le señalen de una manera sangrante. El pasado lunes, la Bolsa de Milan salió de las pérdidas y se puso a subir un 3% cuando sonaron los primeros rumores de dimisión del primer ministro. Casi se escuchaban las botellas de Lambrusco descorchadas en la Bolsa de Milan por tal motivo. 

La fuga de sus propios diputados y las denuncias públicas por doquier hacían inminente su caída. Hasta Alessandro Costacurta, defensa central de aquél Milan, dijo la semana pasada en Florencia que il cavaliere debería irse.

Por las malas

Don Silvio dijo ‘sí, pero no’, al condicionar su dimisión a la aprobación de medidas de reforma. Se creía que ganaba tiempo de esta manera. Y los mercados se lanzaron ya a la yugular sin contemplaciones; por las malas, caiga quien caiga. Si alguien no sabe entender los mensajes en una situación límite, ya es su propio problema. Si Berlusconi no se marcha, entonces Italia deberá ser intervenida y su Gobierno relevado. En eso están los mercados: lanzando la ofensiva final. La orden de tomar Roma está dada y sólo frenará el aluvión una rendición incondicional del líder, que todavía sigue enredando, enrocado sobre el sillón. 

El bono italiano cerró ayer al 7,28%, después de elevar su rentabilidad en ¡¡67 puntos!!, con 556 puntos básicos de prima de riesgo y 146 puntos más de TIR que la deuda española, que a su vez se vio arrastrada por el vendaval y acabó en un muy preocupante 5,82%. Francia también y tiene su 10 años al 3,20% y 120 puntos de spread con Alemania. 

Las cotas en las que está la deuda transalpina están muy por encima de las de Irlanda cuando fue rescatada, aunque también hay que recordar que Italia no tiene sus bancos quebrados. Pero el año que viene, nuestros colegas mediterráneos tienen unos vencimientos de deuda pública de 300.000 millones de euros, el doble que España. 

Berlusconi debería haberse ido antes del verano, en lugar de hacer el idiota (tal como le llamó Roubini hace dos semanas en ABC) y presumir constantemente, incluyéndose motu propio en el podio de los países solventes de Europa, sonriendo en las fotos y sin preocuparse de la que le venía encima. 

Su estulticia, vanidad (y otras cosas) pasan una dura factura a los italianos y de paso a todos los demás, porque lo que necesitan las economías es más leña al fuego de los mercados bajistas. Berlusconi les ha echado queroseno. Sin duda, incluso en los momentos actuales debe pensar que sólo hace lo que todos los italianos querrían hacer en su lugar, que es de lo que ha presumido siempre. "La mitad del país está a mis órdenes y la otra mitad quiere estarlo".  

Pasa el tiempo y, que curioso, recuerdo con cariño a Ramón Mendoza, que era irónico, cachondo, un pelo golfo y mil veces menos dañino. Le prefiero mil veces a il cavaliere.


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