Punto de equilibrio

Lo malo es que Bardem tiene bastante razón

No siento la menor simpatía por Javier Bardem, ni por sus películas; ni siquiera me hacen gracia nuestros actores que triunfan en Hollywood ya que me parece que se les pone el pavo de un subido insoportable. De hecho, me encantaría colgar un vídeo de Los Sencillos en el que nuestro ilustre aparece de extra cuando no era nadie, bailoteando y haciendo el tonto (¡ridículo!) pero no lo encuentro por YouTube. Qué pena. Supongo que al oscarizado actor no le haría la menor gracia que se viera eso ahora y en cambio a mi, que a veces soy malévolo, me habría divertido mucho colgarlo.

El actor ha aparecido de promoción y de paso, ha aprovechado la oportunidad para meter su demagogia política, de manera similar a lo que hizo aquel Clan de la Zeja al hacer campaña para que tuviéramos otros cuatro años al presidente más demencial de la historia de la democracia española. A los componentes del grupúsculo habría que pedirles responsabilidades por ese calamitoso impulso, aunque es cierto que este actor en cuestión no se significó con el clan. Es más, ‘mamá Bardem’ se desmarcó, aclarando que ella estaba más a la izquierda que los que se postulaban a favor de ZP.

Bardem aprovechó la reciente presentación de la última peli de James Bond para soltar una serie de declaraciones que eran un ataque indiscriminado al PP, culpándole de todos los males posibles y además, acusándoles de disfrutar con ello. Esto último ya es vergonzoso, pero lo que denunciaba en esencia es literalmente cierto: Los villanos son los que rescatan a los bancos.

Manipulaciones baratas al margen, lo malo de todo esto es que tiene razón en el fondo; esto es un tinglado entre unos cuantos ejecutivos, muchos políticos y los bancos centrales. Entre todos se ayudan para que nada cambie. España es un caso más; otra víctima de esta entente, no es una excepción, ni tampoco el PP ha inventado esto. 

España como caso

Tengo sobre mi mesa cifras del Banco de España (BdE) sobre balanza por cuenta corriente, que confirman que de los aproximadamente 125.000 millones de euros que entraron en la economía doméstica en 2011, más de 100.00 fueron directamente “operaciones bancarias del BdE”, es decir, dinero tomado en el Banco Central Europeo (BCE) por las entidades financieras de aquí. Conceptos como las inversiones foráneas directas aparecen de manera testimonial, hasta completar la cifra total.

Todavía no hay datos de cierre de 2012, pero evidentemente la cifra será más impactante, ya que España ha sido el país de la UE que más liquidez ha tomado en la entidad que preside Mario Draghi. Los bancos se dedican a pedir al 1% o menos, colocar el dinero en deuda pública y anotarse íntegro el diferencial, para aportar algo a unas cuentas de resultados estranguladas por las provisiones y porque el negocio ordinario no deja margen a nadie.

Conviene aclarar al común de los mortales que eso se traduce en más deuda a repartir entre los ciudadanos de la UE: el dinero fabricado en las imprentas del BCE va a la compra Letras y Bonos en lugar de a estimular el crédito y esto lo único que hace es alimentar la espiral de deuda que recae sobre los hombros de la sociedad.

Un banco para cada uno

Esta semana me comentaba un banquero privado que “lo que debería hacer la gente es comprarse cada uno una ficha bancaria y a continuación irse al BCE a descontar dinero y meterlo en deuda. Al menos, que se beneficie de eso el personal, no los bancos”. No le falta razón, tampoco. 

No es preciso insistir mucho en que ese dinero con el que Draghi inundó el circuito financiero se ha quedado ahí. No llega para dar líneas de liquidez a las empresas, que dependen de los pagos de sus clientes como del aire que respiramos. No fluye el crédito a la economía, como dicen los políticos. Las compañías 'reales' se asfixian, pero a los bancos ha habido que rescatarlos. En España y en todo el mundo. 

Salvar a la banca con deuda supone pasarle una factura a la ciudadanía, quien, a su vez, deberá ajustarse porque “ha vivido por encima de sus posibilidades”. Ya decía la canción que “la sociedad es la culpable”.

El problema que tiene el mundo no es la deuda, como se intenta hacer ver desde algunos flancos. El endeudamiento es una consecuencia, pero el tumor maligno lo forman muchos dirigentes y políticos que han manejado las palancas de poder para su propio beneficio y permanencia. El efecto de todo eso es ese exceso de deuda que el mundo no puede pagar, vistas sus tasas de crecimiento proyectadas.

Muchos ejemplos

Hay ejemplos por todas partes. Presidentes de empresas (constructoras y lo que no son constructoras) híper apalancadas, que se lanzaron a una fiebre de adquisiciones, fusiones, promociones (no sólo de casas, también de productos financieros como hipotecas a 40 años, por ejemplo) a mayor gloria de ellos mismos. Han cobrado lo que nunca soñaron, se han hecho híper millonarios y ahora que se descubre que su gestión fue un auténtico delirio que no podrá ser digerido, se dedican a despedir a sus plantillas, malvender activos y cortar el dividendo. Porque, ojo, insisto, se trata de ejecutivos, no de dueños de las empresas. Aunque tengan participaciones declaradas, están pignoradas en casi todos los casos.

Los medios de comunicación son otra buena muestra de ello. Unidad Editorial, Prisa… están lideradas por tipos a los que a título personal les ha ido como en su vida soñaron, mientras han causado millones de euros de pérdidas a sus corporaciones. Pero se han movido bien y están muy bien asentados. No se irán, auque tengan que echar a todos.

Alucino al ver cómo todo el Ibex (excepto Inditex y BME) ha anulado el dividendo (sustituido por un pago híbrido llamado script dividend, pago flexible y cosas así) pero en ninguna Junta Accionistas se ha solicitado la dimisión de ningún presidente, a pesar de que se les ha cerrado el grifo a los dueños de verdad. Digo yo que el que invierte en una empresa es porque espera ganar mucho con el reparto de beneficios y, además, que el título suba. Me equivoco, por lo visto. A las Juntas de Accionistas se va a aplaudir y poco más.

Una pequeña élite ha causado este cambalache en el planeta, totalmente de la mano de los políticos. Han sido estos últimos quienes para seguir en el mochuelo han creado empresas públicas, elevado prestaciones, inaugurado embajadas, construidos aeropuertos o multiusos de última generación sin importar quién ni cómo iba a pagar. Una burbuja insostebible, cuyo ha sido insuflado los bancos centrales, que, como decía hace poco Juan Laborda, “son parte del problema, no la solución”. Opinión con la que coincide también la corriente más ultraliberal. Estos organismos han obrado así totalmente presionados por los políticos y ahora ya nos hemos acostumbrado a mirarles suplicantes para que nos perdonen la vida, ya sea con compra de bonos, subastas de liquidez o simplemente, unas palabras amigas que tengan efecto en los mercados, cuando los que han impuesto la cultura de desprecio al subyacente son ellos. Tiene lógica que los liberales pidan la vuelta al patrón oro... o a lo que sea que tenga valor real y que deje de significar más deuda para afrontar el pago de la deuda. 

No le falta razón a Bardem: los verdaderos villanos son los que insisten en que se rescate a los bancos; los que operan día tras día para que se perpetúe el establishment que nos ha traído hasta aquí. Esos beneficiados son los que trasladan deuda a cambio de su beneficio pesonal; no importa la cantidad. Todo, en connivencia con la política, cuyos profesionales son todavía más expertos en mover resortes de poder para mantenerse, a costa de la sociedad.

Tengo ya pura curiosidad por ver cómo saldremos de esta. Supongo que será inevitable una quita de deuda, pero global, no sólo de España e Italia. Si es así, de nuevo palmará la sociedad, porque no se hará una restructuración selectiva, aplicando descuentos a los que especularon y perdonando a los que simplemente colocaron sus ahorros, (aconsejados por los asesores financieros). Será global o peor, podrán salirse a tiempo los especuladores.

Mientras tanto, que nada cambie y a colocar todas las ampliaciones de capital de los bancos que tendrán lugar a través de las sucursales bancarias. Total, lo de las preferentes ya casi está olvidado. Que no pare la fiesta. 


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