Punto de equilibrio

El lobbie bancario quiere liquidar la banca de inversión; a ver si esta vez va la buena

Algunos banqueros me están diciendo últimamente que, por fin, en las altísimas instancias de EE UU y Europa se están poniendo manos a la obra para poner coto a los auténticos problemas originarios de la crisis. El caldo de cultivo de la actual catástrofe comenzó a generarse de inmediato tras la derogación en 1999 de la Glass Steagall Act, que establecía desde los años 30 la separación de las áreas de negocio bancario. Su final trajo de facto el abandono del patrón oro para las políticas monetarias. ¿Para qué se necesitaba? Con la titulización se controlaba todo el riesgo, al ser repartido de manera infinita y se podía emitir toda la deuda que hiciera falta. Esto degeneró en una tormenta perfecta, que desató burbuja tras burbuja y que todavía hoy tiene a los miembros más relevantes de la OCDE enredados en un círculo vicioso. Ni mucho menos es sólo España la que tiene problemas.

Ahí comenzó el híper apalancamiento mundial, engrasado por unos atentados del 11-S cuyos efectos económicos han sido más devastadores que la propia caída de las torres. Quién sabe si los suicidios por la crisis financiera superan ya el número de víctimas de los atentados árabes. Siempre he sospechado que Al Qaeda tenía en sus filas no sólo a terroristas de última generación sino a algún que otro premio Nobel de Economía en potencia. ¿O no tenían previsto que los bancos centrales enloquecerían en una voragine de liquidez infinita si se lanzaban aviones sobre la gran manzana, a tiro de piedra de Wall Street?

Los bancos de inversión aprovecharon de maravilla el dinero regalado por parte de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo (BCE), para inundar de productos híbridos los mercados que servían, entre otras cosas, para 'financiar operaciones'. Estos instrumentos no tenían ningún tipo de garantía real o subyacente, como tampoco los tenían los mega créditos sindicados de esos años y generaron una enorme burbuja crediticia, de la que todavía no se ha salido ni por asomo. Pretender reducirla a base de austeridad es como intentar vaciar una piscina succionando el agua con una manguera, poco más o menos.

Lo que le ocurre al mundo es muy sencillo: hay más deuda de la que se puede pagar y se le está dando a toda esa enorme bola una patada adelante porque no se pueden afrontar sus vencimientos. Este mundo se está acostumbrando a vivir con los abismos fiscales que hagan falta y cualquiera diría que siguen los mismos ingredientes para que se repitan todos los males del pasado, con mayor virulencia aun (si cabe). Pero están comenzando a escucharse medidas sin ruido que van en la buena dirección y permiten concebir alguna esperanza.

Vuelta a lo antiguo

Soterradamente, los bancos centrales y autoridades económicas están dando marcha atrás, intentando aportar dosis de pragmatismo a la estructura del sistema. Un back to basics sutil pero continuo. Ya se sabe cómo han actuado las  todopoderosas entidades financieras en los últimos tiempos, para hacer y deshacer a su antojo y conseguir todo el poder y la protección posibles: colocando antiguos empleados suyos en la Fed, el BCE, el Tesoro, el Congreso americano, la Sec… generando un lobby que ha defendido sus intereses de una manera brutal, como aclara casi ingenuamente la Wikipedia en el link ajunto sobre la Glass Steagall. Pero hasta ellos son conscientes de que se les ha ido la cosa de madre.

 Se puede ir comprobando en algunos movimientos bancarios. Francia y Suiza son dos casos clarísimos. UBS ha avisado que va a reducir drásticamente su división de banca de negocios. Credit Suisse, lo mismo. Muchos despidos y, en definitiva, un tajo quirúrgico a ambas firmas. Los suizos se están quitando el disfraz de americanos. En Francia, esta misma semana se ha podido ver cómo Societe Generale, el banco más sofisticado del país vecino, ha anunciado la externalización de empleos y reducción de perímetro en sus divisiones de banca de negocios y corporate.

En ambos países, ya se ha lanzado claramente el mensaje: se protegerá a la banca minorista, porque es la base de la economía, pero no a la de inversión. La sofisticada deberá responder por ella misma. Si una entidad sufre fuertes pérdidas por sus especulaciones con derivados, deberá afrontar las consecuencias, pero no apelar al estado. Hay voluntad para aplicar cortafuegos desde los productos híbridos a los balances reales, algo que suena ininteligible, pero nos ha ido la vida en ello.

La noche de Lehman

Quieren evitar que se repita una noche como la que sufrió EE UU la semana de la quiebra de Lehman: “si no nos rescatáis, mañana no habrá dinero en los cajeros”. Las locuras de estos bancos acabaron traduciéndose en que el colapso financiero total estuvo a menos de 12 horas. La idea está clara: no puede ser que las operaciones especulativas ordenadas por una pequeña élite dañen a los bancos por completo y generen crisis sistémicas.

En EE UU también se está trabajando en este terreno y no sería descartable ver cómo en poco tiempo Goldman Sachs o Morgan Stanley devuelven su ficha bancaria, para dedicarse de nuevo a la banca de inversión en exclusiva. Eso se empieza a comentar. 

En 2013 y 2014 deberá asistirse a un proceso de liquidación de divisiones de investment bank de los grandes colosos bancarios tradicionales. Esas áreas han estado a punto de hundirles y ahora, encima, les consumen capital. Se las van a quitar de encima. Si eso no ocurriera, sería una señal horrorosa.

A ambos lados del Atlántico los grandes lobbies han tomado conciencia. En EE UU, la banca quebró y tuvo que ser rescatada vergonzantemente. A este lado, la Unión Monetaria ha estado realmente en jaque y todavía no puede decir que ha pasado el peligro. Está muy bien forrarse, pero esto es otra cosa. 

Así, en Francia cada vez hay más exigencias de reporting sobre sueldos a los ejecutivos bancarios y eso va a ser una tendencia. No se va a permitir en el futuro que la gestión esté orientada exclusivamente al bonus. Los managers no sólo deberán hacer público su variable, deberán justificarlo. La banca va a reducir su tamaño, a cambio de ofrecer más solvencia. Lo veremos.

Está en camino una recuperación del espíritu de la Glass Steagall y más nos vale que sea así. Y, de paso, nos saldríamos si los bancos centrales recuperaran la vuelta al patrón oro y dejaran de imprimir dinero a lo loco, que no es otra cosa que deuda.

Quita global

Por último, será difícil que se pague todo lo pendiente sólo con ajustes y sin crecimiento. Y no hay crecimiento por la elevada deuda. Este es el círculo vicioso comentado antes. Cada vez son más los que hablan de una ‘quita global’, aunque a algunos países les interese mucho segmentarla y apuntar a Grecia, España, e incluso Italia. Pero aquí está entrampado todo el mundo.

Si en el futuro inmediato no comienzan a cristalizar estos movimientos apuntados, será que el mundo no ha aprendido la lección y deberemos enfrentarnos a una sociedad incapaz de pagar sus deudas y en la que sólo una pequeña minoría se hace ultra millonaria mientras la clase media cada vez será menor y soportará más cargas. Como ahora, pero todavía mucho peor. 


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