Punto de equilibrio

A la independencia, con Bañuelos

Lo peor de la manifestación de ayer en Barcelona es que, como suele ocurrir con los grandes salvadores de la patria, el que azuza las multitudes se cachondea de ellas. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ya avisó que sería una movida en clave soberanista, aunque intentando templar gaitas por aquello del rescate. “O pacto fiscal o independencia”, proclamaba a los cuatro vientos. Me das lo que pido o rompo la baraja. Si me lo das, me calmo... hasta la próxima. 

Por lo bajini, a enervar a la gente, para que parezca que está larvándose una revolución que sólo él con su talla de estadista y el pacto fiscal pueden evitar. Cataluña está fatal porque no tiene un cupo como los vascos, y no lo dicen ellos, que hasta el Financial Times lo asegura. Eso viste mucho e ilumina a la opinión internacional, esa que se ha tirado lustros leyendo que ETA era un grupo independentista. Unos chicos traviesos poco más o menos. 

Es perfectamente aceptable que una persona quiera tanto a su región de nacimiento que desee verla como país autónomo, con presencia de pleno derecho en la comunidad internacional y toda la pompa y el reconocimiento debidos. Lo que falla, casi siempre, son los modos pero, repito, es perfectamente legítimo.

Pero resulta increíble que hayan salido tantas miles de personas a la calle incitados por un presidente que protagoniza una pantomima impresentable al lado de Port Aventura, con un señor que simboliza todo lo malo de la pasada crisis, junto a un Isidro Fainé, presidente de La Caixa, que menudo papelón le tocó hacer a estas alturas. Fainé, que sin duda será el último gran cajero, tiene en sus manos la mitad de la obra social de las cajas; controla la CECA y las principales corporaciones españolas (Telefónica, Repsol, Gas Natural...), y tiene una visión concreta de cómo debe ser el sistema financiero, teniendo que dar la cara al lado del máximo exponente de ese modelo maligno y costroso que reinó en España, que, por resumirlo, confundía inversión con deuda e ingresos con préstamos. 

Pérdidas generalizadas

Bañuelos causó pérdidas enormes e irrecuperables a muchisima gente, entre ellos a Amancio Ortega o Alicia Koplowitz, y dejó enganchadas a muchas cajas de ahorros, con aquel remedo de Terra que fue Astroc. Al Sabadell también le salió rana, aunque Oliu se cuidó mucho de hacerle consejero. Por desgracia, vuelve por sus fueros, cuando pensábamos que le habíamos perdido de vista. Se lo ha pasado pipa sobrevolando terrenos en helicóptero, como en sus momentos de más esplendor, cuando los ladrilleros copaban los mejores aviones privados... "¡mejor que el de Botín!", se carcajeaban algunos. 

El empresario es uno de los emblemas de las operaciones a base de paletadas de deuda que imperaron en años recientes y que todavía no hemos digerido. De nuevo, proyectos megalómanos y carentes de toda lógica, en los que nadie sabe de dónde sale el dinero, con un tufo político vergonzoso.

Una pantomima generada para ocultar el despecho una vez que Cataluña no salió elegida para protagonizar Bienvenido Mr. Adelson. No hemos sufrido bastantes parques temáticos desastrosos, ni donquijotes ni monegros para que los políticos escarmienten. No, en lugar a alegrarse de no quedarse con ese papelón, a montar numeritos con uno de los responsables de que tengamos el PIB como lo tenemos. La historia es cíclica, así que esperemos que en breve Amper, a la que también ha aterrizado Bañuelos para nadie sabe muy bien qué, le lance una OPA a Telefónica. 

Todo eso en un entorno de recesión, paro, reforma bancaria a medias, desmoralización de la sociedad y rechazo mundial a todo lo que sea inmobiliario en España. Intentar compensar el chasco de Eurovegas con Bañuelos es una falta de respeto a la ciudadanía.

Otra vez los mismos

Pero claro, Mas insiste en que el problema de Cataluña es que no tiene el pacto fiscal. Recuperar a Bañuelos es, por lo visto, un síntoma de catalanidad.

Que un gobernante en 2012 intente salir del paso repitiendo los gravísimos errores del pasado le retrata. Lo que le importa es salir en la foto y lo demás le trae al pairo. Anunciar mega obras con Bañuelos, diciendo que la financiación es lo de menos es cachondearse del personal, lisa y llanamente. El futuro de España pasa por que no volvamos a saber nada de los Portillos, Bañuelos, Sanahujas, Carabantes, Fernandomartines, por lo hablar de los Florentinos, Albertos, Ruiz Mateos etcétera. Independientes o no, tanto Cataluña como España lo que necesitan es regeneración, que todavía no se sabe qué pasó con aquello del 3 per cent o el Liceu. 

Se puede aceptar que alguien quiera ser lo más independentista del mundo porque ama su tierra por encima de todo, incluso aunque nunca se hable cuestiones como el papel de las empresas catalanas que tienen más mercado en el resto de España, el papel del territorio escindido en una Eurozona con moneda única que no quiere más miembros y sí cesión de soberania de los estados, o incluso de en qué liga debería jugar el Barça. Pero lo que es inaceptable es que ninguna sociedad se deje manejar por políticos que le vacilan con gente como Bañuelos… o Adelson. 


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