Punto de equilibrio

¿Qué hacer con S&P? Que parezca un accidente

No pude evitar reírme el pasado jueves cuando escuché que en Italia había entrado la policía judicial prácticamente derribando la puerta en las oficinas de Standard & Poor´s en Milán, menos de una semana después de un recorte de rating furibundo. ¿Así arreglamos las cosas en economías democráticas y avanzadas? La historia es como de sainete: nuestro país compañero de fatigas en esta tormenta de deuda soberana no se quitará la aureola de mafia y camorra así pasen varias eras si continúa actuando de esta manera. Al menos, ya han echado a Berlusconi

La irrupción policial en sus oficinas acusándoles de manipulación de mercado y demás no deja de inducir a la sonrisa cínica, como mínimo. A lo mejor es verdad y todo.

Al parecer, en S&P ya están un poco acostumbrados, porque, como me comentaban fuentes cercanas, “cuando no son los antisistema es la policía y si no, se nos manifiestan en la puerta vete a saber quiénes…”. No es la primera vez que ocurre en Italia, me decía un conocido de la citada agencia de calificación, pero desde luego, si las acusaciones son ciertas, el timingno puede ser más lamentable.

Es como si este mismo lunes, la Fiscalía se pusiera a investigar la indemnización a Luzón tras conocerse su salida del Santander. Pues parecería que, en lugar de haber estado cerrando diligencias durante mucho tiempo, actuaba al haber visto la noticia en la prensa. No se puede ofrecer esa imagen. El coste de oportunidad de los actos casi siempre es tan importante o más que los actos en si mismos.

Lo cierto es que Standard & Poor´s ha logrado enfurecer a toda la comunidad política internacional. Desde los Gobiernos a las instituciones. Mientras tanto, tenemos a Miriam Fernández de Heredia, una de las aparentes cabezas visibles en España de esta entidad tan compleja orgánicamente, embarcada en un road show mediático que eclipsa a cualquier peso pesado de la antigua Noria (casi). Aun recuerdo aquellos tiempos en que se le podía llamar como discreta analista, para hablar del rating del Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo.

O no llegan o se pasan

La sensación que tengo desde hace tiempo es que en S&P son conscientes de que con Lehman Brothers, las subprime, etcétera, se quedaron muy cortos y dieron el visto bueno a casi todo. Fallaron como una escopeta de feria. Ahora, por el contrario, están pecando por exceso. El hachazo de hace una semana así lo parece corroborar. Y ahí están sus colegas de Fitch replicándoles, corregidos y aumentados. Sus otros compañeros de fatigas de Moody´s, en esta ocasión, se han hecho los dignos, aunque habrá que ver por cuánto tiempo; que tampoco pueden quedar como los blanditos de la película.

Es un poco penoso ver a Bruselas, al Banco Central Europeo (BCE) y a los Gobiernos arremetiendo ahora, precisamente ahora; enero de 2012, contra las agencias calificadoras. Pero es lo que tiene que haya males latentes y no se arreglen: que vuelven a hacer daño, cada vez con más fuerza.

¿Por qué no han arreglado cuestiones como las agencias de calificación, la capacidad de la banca de inversión, los activos tóxicos, la responsabilidad de las auditoras…? Son cosas cuya importancia se puso crudamente de relevancia hace ya muchos años y sobre las que no ha hecho nada. Verdaderas reformas estructurales sobre las que no ha habido coraje para avanzar.

Intervenir las oficinas de S&P cuatro días después de una rebaja de rating suena a pataleta y nada más. Y si es Italia, mejor no hablemos. En lugar de intentar que su caída parezca un accidente, debería haber una propuesta firme sobre estas instituciones. No puede ser que publiquen sus informes cuando les venga en gana, que se filtren sus opiniones al mercado y provoquen cambalaches, tal como ocurrió hace algo más de una semana, que vayan en comandita las tres del oligopolio, que estén en holdings cotizados, que no haya nada claro sobre su responsabilidad, que cobren de los propios emisores…

De esta crisis saldremos cuando se empiecen a hacer las cosas con un poco de seriedad por todas partes, no sólo pasándole la factura al ciudadano, como hasta ahora.


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