Punto de equilibrio

El 'gatillazo' de Loterías costó cabezas en España

Ahora que estamos en fiestas se puede ver cómo los anuncios del Gordo de Navidad nos inundan y hace poco, además, se supo que elevaba su premio hasta 400.000 euros. Se podría decir que nuestra Lotería goza de buena salud, aunque su fallida colocación en Bolsa fue un jarro de agua helada para el colectivo financiero y otros. Muchos tenían grandes esperanzas en unas liquidaciones de la Sepi cuyo pastel principal era ese.

Fueron legión las empresas de servicios que esperaban pescar en un proceso de desinversiones que incluía grandes salidas Bolsa, ventas de paquetes accionariales, operaciones a comunicar, marketing, comisiones, contratos... y que podía remover un poco un mercado español que pintaba horrible. Era el segundo trimestre del año y el Gobierno parecía echar un cable a mucha gente.

Pero se vino abajo el tinglado, por la prudencia de un Aurelio Martínez que tutelaba la operación de Loterías y, aunque sabía que podría haber salido adelante, se negó en redondo a malvender una de las joyas de la corona del Estado. Una joya que el Santander podría haber colocado como churros en España; que ya sabemos que la red del mayor banco de España es imparable, pero habrían sido unos churros muy baratos. Al parecer, el tramo internacional iba de pena y ahí Rothschild poco pudo hacer. Y en la Sepi dijeron que antes muertos que sencillos.

La gran esperanza blanca de las colocaciones se vino abajo en España y con ella llegó el desierto. Ni ha habido más operaciones ni se otean en el horizonte. Todo ese papel (Loterías, aeropuertos, Red Eléctrica, Ebro, IAG…) queda pospuesto al menos hasta 2013. Los bancos de negocio se miran entre ellos y las guadañas empiezan a dejarse caer por los señoriales despachos y las mesas de contratación. Algunos han caído ya y otros están a punto de hacerlo.

No falta quien ha sido muy crítico con la decisión de Martínez, de la misma manera que en su día hubo voces estentóreas contra él por no acudir al rescate de Fadesa, cuando estaba al frente del ICO. Pero también hay quien aplaude la orden de abortar. Loterías es una máquina de efectivo imparable que no podía malvenderse, a pesar de que la crisis asfixiara a unZapatero con urgencias por hacer caja y embridar en lo posible el déficit.

La decisión no es nada extraña. Si en una familia hay apuros económicos, seguro que se intentará vender la casa de campo o los collares de la abuela. Lo malo es que los compradores conozcan ese estado de necesidad e intenten comprar en plan ganga. Ahí hace falta siempre gente con la sangre fría necesaria para gestionar eso y no dejarse llevar por los agobios.

Loterías iba a enjugar las cuentas de resultados de algunas casas al menos para este 2011. Su gatillazo de última hora ha precipitado algunas decisiones y precipitará otras. Sin prisa, pero sin pausa, porque su caída ha inaugurado un periodo de inactividad al que no se ve final. 

Zapatero volvió a mostrar un desconocimiento absoluto de los mercados cuando intentó endilgarles un montón de cosas, pensando que tragarían sin más. Lo malo es que mucha gente se aferró a ese montón que, al hundirse, les arrastró. Atentos a los cierres de mesas de contratación bursátil, despidos de altos ejecutivos o ajustes en otras empresas de serivicios.


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