Punto de equilibrio

La estrella que guía la hoja de ruta europea: NPI

El gran colapso de esta crisis no es el financiero ni el deuda soberana, es el de los políticos. La incompetencia ha superado ya a la corrupción hace tiempo y mientras caen los estados (Irlanda, Grecia…), los bonos, los bancos y sube la miseria, resulta que nuestros políticos sólo saben anunciar a bombo y platillo mil medidas grandilocuentes, que siembran una gran controversia y que finalmente no se aplican, porque ni saben cómo, ni se imaginan los efectos que tendrán.

Hace ya tiempo que barrunto que nuestros líderes (SarkozyMerkel,Trichet; por supuesto Zapatero) no tienen ni puñetera idea de qué hacer con esta crisis. Si hablamos de Grecia, han mareado la perdiz mil veces, con la posibilidad de dejar caer al país, con una hipotética salida del euro; con un montón de posibilidades que siempre veían freno no vaya a ser que lesionen a los pobrecitos bancos franceses y alemanes.

Al final, se ha hecho lo de siempre: ir inyectando dinero poco a poco, a ver si pasan los males y si no, al menos se gana tiempo.

Sobre el hundimiento de la deuda y la recapitalización de la banca (tanto monta), en primer lugar se imponían unas tesis merkelianas de ajuste dramático a las entidades financieras, con unas exigencias de capital que dejaban prácticamente fuera a la totalidad del sistema, porque además se les anulaba las provisiones y los mecanismos empleados antes, precisamente para reforzar ratios de capital.

Eso no pudo ser, claro, porque la banca en bloque se ha movilizado, presionando además a sus políticos de turno. Así que otra marcha atrás.

Bueno, cabía la posibilidad de incrementar el fondo de rescate (ese FSEF que casi nadie sabe pronunciar del todo bien) hasta cifras tremendas. De nuevo se especulaba con que la Merkel iba a dar un golpe de efecto y capitalizarlo hasta casi dos billones españoles de euros. Es decir, contra deuda, más deuda, ¿o qué se piensa la gente que es ese mega fondo de rescate?

Un gesto de ir sobrada, pero que tampoco puede ser porque entonces Alemania perdería la triple A. ¿Podría verse el bund alemán afectado por los ataques especulativos? ¿Por qué no? De momento, en lo que va de año se ha apreciado un montón, pero a Francia, sin ir más lejos, ya la miran con ojos de sospecha en los mercados. Tiene su prima de riesgo disparada en las últimas semanas, por encima de los 100 puntos básicos, cuando hace pocas semanas apenas estaba en 30.

Entonces, si los bonos soberanos tampoco son una panacea, ¿lo pueden ser los Eurobonos?

Tampoco. La deuda emitida por el FSEF, que es lo más parecido que hay, hace tiempo que tiene diferencial respecto a la germana, lo cual es del todo lógico, ya que si quienes respaldan esos activos son países muy penalizados, este sucedáneo de bono paneuropeo sufrirá la cuota de penalización de cada país. No tiene nada que hacer contra el alemán. Pero si Alemania tiene que tirar del carro, adiós triple A.

Por tanto, parece que el FSEF tampoco vale y ahora se inventan un vehículo híbrido, como informa hoy Vozpópuli, para intentar repartir un poco entre todos el disparate actual.

Berlanga se debe estar removiendo en su tumba, ya que se está perdiendo un argumento envidiable. Hemos visto cómo se reunió el Eurogrupo el fin de semana pasado sin que se arreglara nada, emplazando las soluciones definitivas al encuentro de hoy… que fue suspendido de manera cochambrosa. ¡Nuestros líderes mundiales no tienen nada que decirnos! ¡Nada! Esa es la realidad.

Se encuentran en un escenario círculo vicioso del que no saben salir. La deuda sufre si cae la banca, ya que el mercado da por hecho que serán los Gobiernos quienes deberán asumir las pérdidas y los bancos también sufren si la que cae es la deuda, por todo lo que tienen en cartera. Mientras tanto, la cosa va a peor. Hay decrecimiento con riesgo de recesión, paro, inflación de materias primas…

Oportunidad de oro... perdida

Qué oportunidad se perdió en 2008, cuando cayeron Lehman, Morgan, Merrill, Bear Stearns, las agencias hipotecarias y a este lado del Atlántico RBS, Dexia, ING, etcétera. Fue el momento de haber metido el bisturí en el sistema financiero. Estaban todos de rodillas. Las entidades y los lobbiesque las sustentan. Se les debía haber intervenido, fusionado, haber hecho desaparecer a muchas de ellas, parcelar áreas de negocio, regular para una mayor transparencia (metiendo mano a los derivados y demás productos virtuales) y, por supuesto, haber hecho una poda dramática en los equipos directivos, poniendo coto a las gestiones corruptas y los bonus indecentes que a día de hoy siguen a sus anchas. En España, en esas cajas fusionadas, que son un monumento a la impresentabilidad.

Se debió empezar ahí un proceso generalizado de desapalancamiento, y en ese momento los Goldman Sachs de turno no habrían rechistado.

No se hizo. Al revés, se rescató a muchos que no debían haber sido devueltos a la vida y ahí están de nuevo, vivitos, coleando y repitiendo gamberradas del pasado. Seguramente, como decía ayer Rajoy en el Congreso del Instituto de la Empresa Familiar, porque lo urgente hizo que se ignorara lo necesario.

Ahora, es de esperar que en próximas reuniones de jerifaltes europeos se anuncien de nuevo medidas grandilocuentes, básicamente para llenar titulares y calmar así a los mercados. Pero lo cierto es que ni en Alemania ni en otros países saben por dónde tirar.

Hay algunos técnicos que tienen ciertas ideas. Ahora es José Viñals, del FMI, quien está de moda. Dice con mucha razón que los males que causaron la caída de Lehman no se han curado y que hay que desapalancar el sistema, lo que apunta a la banca alemana y francesa antes que ninguna. Pero nuestros políticos son presa del sistema. Son incapaces de llevar a cabo las propuestas de los técnicos. Les falta arrojo y están llenos de componendas. O lo que es lo mismo: incompetencia y corrupción.


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