Punto de equilibrio

El drama de España es que los cortos se han lanzado desde aquí

En los ya lejanos años de vino y rosas de la pasada década, este país ha sufrido de un serio problema, que todavía es estructural: no ha habido ni empresarios ni inversores. Resultaba cómico cuando irrumpía Enrique Bañuelos en la lista de millonarios Forbes, porque se había comprado un 5% del Banco Sabadell y le imputaban la participación a precios de mercado. Una millonada, pero lo cierto era que Bañuelos debía ese 5% del Sabadell. No había puesto ni un duro (casi). Lo tenía todo a crédito y la garantía eran las propias acciones.

Ese ha sido el modo de actuar de este país, que se traducía en que los grandes enemigos de las principales corporaciones estaban en casa: eran los accionistas presuntamente estables que estaban híper apalancados. Un lastre para la cotización que ha demostrado ser insuperable. Se mire donde se mire hay casos: en todas las constructoras, los bancos, las eléctricas... Esos accionistas endeudados son los verdaderos artífices de las posiciones cortas ya que, cada vez que caía algo la cotización han provocado embargos de acciones que los bancos, a su vez, han puesto a la venta de inmediato, hundiendo de nuevo los precios. Y eso los bajistas lo sabían a la perfección. 

Hace poco, Luis del Rivero concedía una entrevista en el Expansión para cachondearse un poco de sus ex socios de Sacyr. Le cesaron hace ya casi un año, pero él hundió a continuación la cotización vendiendo todas sus acciones. Una vez fuera, se dio el gustazo de mandarles una pedorreta mediática, sobre todo al actual presidente y antiguo colega, Manuel Manrique. “No invertiría en una empresa en la que sus dueños están endeudados”, dijo, riéndose del hecho de que él ya había hecho caja y Manrique, muy apalancado, debía enfrentarse a la banca acreedora y a los margin call que sin duda le habrán saltado como costurones desgarrados. Cada acción que vendía le debió provocar una maléviola satisfacción personal, sabiendo el daño que hacía a su viejo camarada. 

No decía, sin embargo, que lo trajo él y que él mismo animaba a que los socios incrementaran la participación en la empresa. Lo mismo ha hecho Florentino Pérez, quien, harto de que le llamaran 'empleado de los March', ha ido elevando su presencia en ACS, siempre a crédito. Así, llegó a tener casi tanto como los albertos, otros reyes del margin call. Semejante mezcla entre propiedad y gestión se ha saldado con una ruina por operaciones personalistas (Iberdrola) y una cotización hundida ante el salto de covenants de los dueños. Ser minoritario en estas empresas debe ser peor que comprar preferentes a granel.  

Poner dinero, nunca

En estos años no ha habido inversores que depositaran sus ahorros de manera real en empresas, de manera estable. Tampoco gestores que tuvieran claro que estaban al servicio de los accionistas. Al contrario, han operado como si la compañía fuera suya.

Todo han sido operaciones a crédito para tomar el control de la entidad, y a partir de ahí, plantear el pelotazo que fuera necesario. Han sufrido estas operativas desde Unión Fenosa, Repsol, Iberdola, pasando por BBVA... Por citar algunos casos. En lugar de entrar capital, ha entrado deuda en las empresas. 

No sólo ha ocurrido esto en las grandes entidades, también en las pequeñas. Lo que podría denominarse ‘modelo Díaz Ferrán’ consiste en comprar una compañía a crédito y que la propia empresa sea la garantía. A partir de ahí, se controla y se dispone de la caja a su antojo y se gestiona pensando en la operación corporativa precisa (pelotazo, vamos), sin tener en cuenta la evolución del negocio, la I+D, el capital humano...

Cuando el crédito se contrajo, ya sabemos todos lo que ha pasado: nóminas sin pagar, suspensiones de pago, sonadas caídas de empresas... España no ha sabido tener empresarios ni tampoco accionistas. Ese ha sido uno de los dramas de este país. Ha causado una destrucción de riqueza seguramente incalculable y ha generado una destrucción de empleo tremenda. 

Brokers y risas

Por cierto, los cortos especulativos también se han lanzado desde España. Resultaba un poco penoso estar antes del verano en una sala de operaciones, con un amigo gestor de una firma suiza y ver cómo, por el manos libres, otro broker español le pedía que se animara también a la orgía bajista. “¡¡Nos estamos poniendo hasta arriba, entra tú también...!!”, le decía entre risotadas. “Este lleva la tesorería de una empresa estadounidense y se está poniendo hasta arriba tumbando al Ibex. Tiene poco más de 30 años”, me decía mi amigo.

Esto es una economía libre y no es de recibo legislar para que la Bolsa sólo pueda subir. Pero ver a un españolito que celebra a gritos que la Bolsa ha caído un 4% es algo de una cortedad de miras total. Este año se forrará, pero si continúa ese ataque organizado, en uno o dos años puede que no haya Ibex al que atacar. Y eso será malo para todos. 


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