Punto de equilibrio

La amnistía fiscal demuestra que las Sicav son un excelente vehículo financiero, si se usan bien

Sigo escuchando a partidos políticos despotricar sin el menor fundamento contra las Sicav y me apetece hablar de nuevo sobre el tema, ahora que el cerco fiscal se estrecha y no sólo en España. El Gobierno aprobó una amnistía para forzar la vuelta al redil de la Agencia Tributaria de los capitales escondidos, pero no habría tenido éxito sin el apoyo internacional. De EE UU, básicamente.

La administración Obama detectó hace unos tres años que se estaba yendo dinero de su país y sin cortarse, le pidió a UBS que le pasara el listado de evasores. El susto debió ser de los buenos para los suizos, que muy dignos, se escudaron en su neutralidad y secreto bancario, pero debieron rozar el infarto cuando los americanos, ni cortos ni perezosos, les amenazaron con expulsarles del país si no colaboraban.

Eso acabó fraguando en la Fatca (Foreign Account Tax Compliance Act) que, como explica la agencia recaudadora estadounidense (IRS, Internal Revenue Service) es una iniciativa para mejorar el cumplimiento fiscal en cuestiones relativas a cuentas off shore. España está adherida a este protocolo. Todo esto ya es sabido.

No hacía falta

Mirando con perspectiva, el Ejecutivo no habría necesitado habilitar una amnistía, ya que si al compromiso internacional (¡por fin!) se le une la nueva ley antifraude con durísimas sanciones a partir del año que viene, el defraudador lo tenía crudo ya sin medidas extraordinarias. Con la amnistía, por lo menos, Hacienda ha ingresado un 10% sobre el dinero declarado, ya que la regularización ordinaria salía a un tipo bajísimo merced a las fuertes pérdidas causadas por los mercados en años recientes. Aquí ya dijimos que se estaba cociendo este proceso de perdón al evasor, engrasado por la necesidad de recaudar. Hasta que se confirmó, ya había un goteo de declaraciones amistosas, aunque los chicos de Montoro seguían asegurando que no habría amnistía; "¡por Dios, cómo va a hacer eso un Gobierno de derechas!".  

Ahora, el dinero 'amnistiado' ya está aquí, y aunque algunos contumaces evasores se lo hayan vuelto a llevar a las Bahamas desde Suiza, corren el riesgo que un país solicite a un banco información sobre un cliente en dicho paraíso fiscal y si no colabora, el palo irá para la entidad bancaria. Esto lo saben los bancos hace tiempo, por eso están animando de manera muy intensa a los clientes a regularizar la situación. Las entidades financieras no quieren más bromitas como las de UBS o HSBC. 

Dicen que la afloración de capital después del proceso masivo de regularización puede sorprender por lo elevada, pero es que no hay más remedio. Es pura lógica. El que no se haya puesto a buenas con el fisco, está condenado a no dormir tranquilo a partir de ahora. Los bancos privados lo saben y se han felicitado por esta medida de buena voluntad que es la amnistía, aunque a al resto de españoles que pagamos impuestos y nos sancionan por cualquier nimiedad se nos haya quedado un poco cara de gilipollas. Pero bueno, si es por el bien del país y se acaba la evasión… Qué remedio, hay que consolarse. 

Llegados a este punto, uno mira a las Sicav, y vuelve a pensar que:

a) Están registradas en España.

b) Son el instrumento más transparente del mundo: no sólo Hacienda sino todo el mundo puede ver quiénes son los dueños.

y

c) Llevan lustros pagando impuestos, ya que están sujetos a la misma fiscalidad que un fondo de inversión común. Y generando puestos de trabajo, también en el país. 

Hay que insistir de nuevo en que es falso que paguen sólo un 1%. Expliquémoslo con un ejemplo práctico: Si la falsa Sicav Super Gold pertenece a Amancia Botines & family, a la sociedad se le aplicará el 1% de impuesto de sociedades y a los inversores que estén dentro el tipo que les corresponda. Como es un instrumento de inversión colectiva, estará sujeto al régimen de incremento de patrimonio, es decir, el inversor pagará sus impuestos cada vez que rembolse. Los mismos que en cualquier fondo corriente y moliente.

La anterior posibilidad de reducir capital y diferir (que no evitar) el pago tributario se eliminó en 2010 por Elena Salgado.

Pero, además, no hay un producto en el mundo como la Sicav en el que, entrando en los registros de la CNMV se pueda ver cuánto dinero tienen en cartera, quiénes son los titulares, qué rentabilidad han ofrecido, dónde están invertidos… Además, cotizan en un mercado organizado, donde se puede ver su valor liquidativo a diario. No Hacienda: cualquier mortal. ¡Son el vehículo financiero más transparente del mundo!

Es cierto que se han cometido algunos excesos. Resulta de chiste que España tenga más Sicavs que fondos de inversión (unas 3.100 frente a 2.600, más o menos), aunque poco a poco se van dando de baja las sociedades por varios motivos:

- En primer lugar, porque son objeto de iras políticas y son muchos los que piden un impuesto especial para ellas.

- En segundo, por la elevada exposición mediática. La prensa publica cada movimiento que realizan las principales, detallado al céntimo. Lo mismo que las cuentas de Suiza, vamos, donde los Botín han tenido 1.000 millones de euros durante años y la Agencia Tributaria papando vientos. 

- En tercero, porque muchas están apalancadas. Se habla mucho de la estafa de las preferentes, pero a numerosos presuntos VIP les han colocado las Sicav a crédito y no las pueden mantener. Otro timo en toda regla, aunque este no sale en los periódicos porque, encima, los afectados serían pasto del cachondeo y escarnio público. 

- Y, por último, porque ya han sido víctimas de una inspección de Hacienda, que sólo les pudo meter mano porque no cumplían (en su discutible opinión) con el criterio mínimo de 100 inversores, aunque legalmente figuraba esa cifra en los registros. España es el único mercado en el que se decide que por encima de 100 personas se da el caso de inversión colectiva y por debajo no. Sinceramente, la naturaleza de este producto debería estar establecida en su posibilidad de inversión de más de una persona a la vez, ya sean millones o temporalmente ninguna. Una cuenta bancaria lo es porque puede tener dinero, no depende de que sea mucho o poco para que se le considere como tal.

Antipáticas

Lo que ocurre con las Sicav, lisa y llanamente, es que generan antipatía, por ser un instrumento para acaudalados. Si los ricos deben pagar más impuestos, ese es otro debate, del que habría muchísimo que hablar. Personalmente, no lo tengo del todo claro. No me gusta el elemento desincentivador de la fiscalidad progresiva. O sea, cuanto más gano, más pago porcentualmente. Para eso, quizá sea mejor no progresar en la vida y entonces, no habríamos tenido amancios ortegas ni similares . Cada día me gusta más la idea del tipo único de Miguel Sebastián. Me parece moderna y justa, siempre que no haya salarios de miseria.

Pero gracias a las Sicav, los del Pino, Amancio Ortega o Manuel Jove (por ejemplo), mantuvieron el dinero en España, totalmente a la vista, después de sacar sus empresas a Bolsa y captar miles de millones de euros. Creo que no son tipos de los que se deba despotricar; más bien al contrario. Lo repito: expuesto a que me arreen los detractores, yo digo que ¡benditas Sicav! Si todo el dinero hubiera estado colocado en ellas, no habría hecho falta la sonrojante amnistía fiscal que provoca que los españoles que pagamos debamos perdonar a los evasores. 


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