Punto de equilibrio

Sólo uno puede saciar las ansias de valencianidad

Se llama Juan Roig y preside MercadonaDicen que le ofrecieron quedarse con el Banco de Valencia y contestó que no, que él no se sale de su sector, aunque puso a uno de sus hombres de confianza en sustitución de Olivas como vicepresidente de Bankia, Francisco Pons, que para algo trabaja para él a través de la proveedora Importaco que preside. 

Juan Roig es la segunda fortuna de España, por detrás del monstruoAmancio Ortega, del que vamos a tener que presumir con orgullo patrio cuando salgamos al extranjero los españoles, como antaño se hacía del Real Madrid de Di Stéfano. Del valenciano se asegura que César Aliertale admira una enormidad y que con la crisis está ganando más dinero que nunca.

El Valencia vale unos 280 millones de euros ahora mismo en Bolsa, una cifra que sólo es un pellizquito para el empresario de la zona, el único que puede mantener el pabellón local alto. Los VIP de la bella ciudad levantina bufan porque se han quedado sin entidades financieras locales. Tanto la CAM como Bancaja y el Valencia están fuera de juego. La primera y la tercera, intervenidas; la segunda, integrada en Bankia y con su ex presidente defenestrado en plaza pública y con muchos papeletas para ser una persona con la que el Banco de España (y el nuevo Gobierno, no lo olvidemos) puede ejemplarizar fácilmente, sobre todo si se empeña en enrocarse como lo está haciendo hasta la fecha.

Bueno, no es del todo cierto: les queda la Caixa Ontinyent, que quién le iba a decir que iba a sobrevivir a sus mayores. Pero, sin duda, no es el baluarte financiero que querrían los grandes patricios valencianos.

El problema es que están todos más tiesos que la mojama, como dice el dicho. Los Lladró ni están ni se les espera, después de un proceso de desintegración familiar que comenzó mucho antes que la crisis. LosNoguera han perdido un riñón y parte del otro en Prisa y en el propio Banco de Valencia, donde tenían presencia en el consejo y la ejecutiva.BoludaBallester, Batalla… ninguno estaría ahora en condiciones de unirse a un pool financiero local que revitalizara los intereses valencianos. 

Sólo un Roig que no está dispuesto a salir de sus cosas emerge todavía más, como un coloso . "A mi no me metáis en esos líos de Madrid", decía Ortega cuando le ofrecían ingresar en consejos de administración y entrar en otras empresas.   

Mercadona es un caso curioso de compañía. Gestionada con el manual de las viejas prácticas (no gastar más de lo que se ingresa, no apalancarse, tener siempre el control…) ha protagonizado una expansión descomunal. Se ha hecho con el liderazgo en el sector de la distribución, captando de manera masiva a las clases medias españolas (y bajas, claro). En los últimos tiempos, cuando alguien quiere poner en valor su casa o su barrio, dice una coletilla ya célebre: “...y tenemos el Mercadona a dos pasos”.

No todo bonito

No todo es positivo. En el lado feo, los paladares exquisitos dicen que la calidad deja bastante que desear en comparación con otros grupos y su competencia argumenta que Mercadona genera tanta riqueza como destruye. A pesar de crear muchos empleos, no le tiembla el pulso en traer productos para su marca blanca de la competencia más feroz de los productos españoles.

La única veleidad inversora que se conoce a Roig es el fondo Atitlán, que capitalizó para su yerno y que opera bajo su atenta mirada. Dicen que también ha intentado poner gente de su cuerda en las filas popularesvalencianas, pero con moderado éxito.

El drama que se cierne ahora sobre Banco de Valencia es que hay serias probabilidades de que se repita el episodio de las cuotas de la CAM con las acciones del banco, como bien informa hoy este diario. Más de 50.000 familias que han tenido sus ahorros históricamente en una firma que tiene mucho negocio con pymes y unos 9.000 millones de euros en depósitos. Su negocio bancario funcionaría de manera razonable, si no fuera por la enorme indigestión inmobiliaria que sufre.

Valencia ha sido el paradigma del florecimiento económico español de estos años. Pero quedaron atrás quedaron los tiempos de la Copa América, de la Fórmula 1, de los Bañuelos, Marina D´Or, Llanera y compañía; de lapastuqui rápida que decía Camps.

Sólo tiene un referente, que podría comprarse el Valencia (el banco y también el equipo) sin pestañear. Los empresarios suspiran por unos tiempos que fueron mejores y no falta quien culpa a “Madrid” de todo. Pero la comunidad empresarial de allí tendrá que reinventarse.


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