Punto de equilibrio

Reflexiones sobre 'El lobo de Wall Street'

El sábado acudí al estreno de ‘El lobo de Wall Street’, en un relevante centro comercial periférico. Por cierto, abarrotado como hacía años que no veía un mall de ocio y tiendas. Estamos saliendo de la crisis. :)

La película no defraudará a nadie, aunque conviene aclarar que es una comedia de lo más bruta. Reconozco que he disfrutado como un chino tanto Margin Call como Inside Job o Wall Street II. Sin embargo, según veía esta, me preguntaba si Martin Scorsese se había inspirado en Wall Street… o en las grandes redes comerciales domésticas, capaces de vender a discreción lo que haga falta. La película es un desfase continuo y para mí, la mejor escena son los trainings de venta que hace Leonardo di Caprio (Jordan Belfort) a la colección de nerds que recolectó en sus inicios.

Di Caprio tenía un perfecto argumentario para todas las excusas que le iban a poner los compradores de sus acciones a un centavo en los mercados after hour, que colocaba telefónicamente a carteros, basureros... Cuando, por fin, el cliente superaba sus inevitables temores iniciales y le decía “está bien, compro esas acciones; si suben como me ha dicho, me quitaré la hipoteca de encima de un plumazo”, nuestro protagonista le decía amablemente “por supuesto, no se arrepentirá”… mientras, sin que le viera, le hacía la peineta con las dos manos y le decía “f… you, f… you…!”, triunfal, y emocionado con haber consumado el tóxico deal.

La filosofía inculcada era “toma la comisión y que le den al cliente, que ya tiene bastante dinero”. Solo que, además de la risa, era inevitable pensar ¿cuántas veces hemos visto eso en España? Desde Gescartera a pagarés estrambóticos, pasando por preferentes, convertibles de todo tipo, salidas a Bolsa de auténticas castañas, hipotecas indebidas al 120% o antaño esos fondos garantizados de valor añadido cero, colocados como churros.

No hay que ir tan lejos, ni buscar casos tan extraños. En España ha habido mucha 'cultura del lobo'. Los ejecutivos de las cajas de ahorros tuvieron una vida casi tan excesiva como la de Jordan Belfort, quien ahora sigue dedicando los derechos de autor de sus libros y películas a indemnizar a sus víctimas. Nos han dicho “f… you”en innumerables ocasiones.  

Humillación

Y eso no tiene indemnización posible. ¿Cómo se resarce a alguien al que le han estafado sus ahorros? Aparte de devolviéndole el dinero, ¿es posible superar el sentimiento de humillación y el impacto familiar de la estafa?

La película está muy bien, pero debería servir para que se tomen una serie de medidas en los mercados financieros. Ahí dejo un par de ideas, o tres: separación de banca comercial y de negocios. Estricto control a las carteras y riesgos de los planes de pensiones. Estructura de comisiones de los fondos con compartimento clara y lo más concreta posible. Potenciación de los asesores independientes regulados y las gestoras independientes.

Pese a lo que piensen tantos lobos sueltos, opino que nuestra pasta es sagrada. El que cobre por gestionarla debe ser casi como Dios, tanto por la calidad de su gestión como por la bondad de sus prácticas.

Vayan a ver la película, merece la pena. 


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